Alejandro Terán comandará mañana en el Centro Cultural Kirchner (CCK) la versión presencial de "La Trampa", donde una formación instrumental electroacústica interactúa con jóvenes voces de la escena urbana y pop, que tiene una puesta documental en YouTube y que para su mentor "por suerte mutó desde la idea original porque se fue alejando de ser una muestra de la escena juvenil".

"La propuesta tenía un color paternalista que había que resolver y se resolvió solo por la propia impronta artística de cada participante a quienes en conjunto yo llamo 'Los niños del maizal' (primer relato de Stephen King llevado al cine en el que un poder oculto hace que los jóvenes asesinen brutalmente a todos los adultos para asegurar el éxito de la cosecha de maíz)", explica Terán, entre risas, a Télam.

La idea del autor, director y arreglador que fuera pionero en tender puentes entre el rock y el lenguaje sinfónico, partió desde la sonoridad del Cuarteto Divergente que comparte con los violinistas Javier Casalla y Julio Domínguez, la cellista Karmen Rencar y el baterista Fernando Samalea y donde Terán toca la viola.

Para "La Trampa", dejó la viola en manos de Elizabeth Ridolfi y sumó a Nicolás Rainone (contrabajo), Pedro Onetto (piano), Martín Morales Sánchez (placas), Christian Terán (saxo), José Melgarejo (corno), Santiago Castellani (tuba), Manuel Schaller (theremin) y Sebastián Schachtel (electrónica).

Ya con esa numerosa e inspirada base sonora, convocó a referencias de la escena joven del pop y la música urbana: Zoe Gotusso, Paco Amoroso, BB ASUL, Taichu, Ca7riel, Chita y Benito Cerati.

Con presentación y conducción de Charo López, visuales y arte de Johana Wilhelm (co-autora de "El hombre que perdió su sombra" junto a Elenora Comelli) y la dirección de Mariano Dawidson, la aventura a la que Terán define como "el espectacular resultado de una conjunción astral que se ha dado con mucha alegría y mucha gente trabajando", tiene su segmento audiovisual subido a YouTube desde hace 10 días.

"Lo que puede verse allí –advierte el artista- son las fisuras en el espacio tiempo, como errores de la Matrix que transcurre en un plató de TV retro de los años 60 pero también tiene algo del futuro y es como una especie de animé melancólico en vivo".

La hechura, realizada en el contexto de las restricciones sanitarias impuestas por la pandemia, es la referencia sobre la que se apoyará la versión presencial que mañana a las 20 se desplegará en el Auditorio Nacional del CCK.

Ya sin localidades para asistir al espacio del centro porteño, la audiencia interesada además podrá apreciar "La Trampa" en vivo por los canales de YouTube y de Facebook del CCK y por la plataforma Cont.ar, en una nueva faceta de la propuesta que, según aclara Terán, "no se puede reproducir exactamente en el vivo, así que ese error en la Matrix va a tener otra característica".

Télam: ¿Qué balance hacés de este cruce que en principio podría pensarse como inesperado?

Alejandro Terán: Que para estos jóvenes tocar con una orquesta es muy distinto a lo que hacen, deja otro tipo de aire a la voz, pero a esta generación la veo muy valiente, no se come una. Así que el concepto se fue desdibujando y excede a las fronteras de una determinada escena porque ellos vuelan con energía propia, son los artistas de esta generación.

T: ¿De algún modo esta experiencia se vincula con las que hiciste en su momento con artistas de rock?

AT: Sin duda, me hace recordar la ebullición de creatividad de los 80's con las diferencias propias de cada época. Pero ahora tiene aún más valor porque es muy dura la persecución cercana de sus propias redes y es difícil ser creativo así, con una respuesta tan inmediata. El artista siempre fue el que inventó un lenguaje y el público disfrutó en decodificarlo. Para mí artista y publicista son antónimos ya que uno inventa y el otro se apropia de esa invención y lo duro de ahora es que el propio entorno amplificado por las redes sociales les impone a los artistas ser publicistas de su propia obra.

T: Y sin embargo se atreven a apuestas como "La Trampa"…

AT: Esta generación sobre-estimulada entiende la referencia al instante, es erudita pero no pretenciosa, con swing y burbujeante. Yo siento que con "La Trampa" se han puesto en riesgo, pero es muy difícil encontrarles un prejuicio y eso es delicioso. Estos chicos son post-todo, están un poco más allá del fin del mundo.

T: ¿En asumir ese riesgo también se parecen a los rockeros con los que hiciste producciones de este carácter?

AT: Era una combinación mucho más rara antes. El rockero argentino es buenazo, un poco conservador, familiero, con el que jamás firmé un contrato. Los rockeros son gente más bien previsible pero la psicodelia más bien la encontré en la música clásica donde hay cada personaje que vive en una realidad paralela. (Télam)