(Por Pedro Fernández M., enviado especial) Adriana Lestido presentó en la Competencia Latinoamericana del Festival de Cine de Mar del Plata el filme "Errante. La conquista del hogar", película que surgió de un solitario y extenso viaje al Polo Norte en el que materializa su desembarco como realizadora cinematográfica después de largas décadas dominando el panorama de la fotografía y el fotoperiodismo argentino.

Motivado en su interés de incorporar el movimiento a la imagen y de registrar el fenómeno de las auroras boreales (luminiscencia especial del cielo nocturno), Lestido construye en su primer filme una personal y de a momentos impactante y conmovedora exploración de un paisaje alejado, extraño y desconocido.

"Creo que uno siempre es un aprendiz, la condición de estar vivo es seguir aprendiendo y estar al servicio de lo que se va presentando en la vida. Después de esta película no soy la misma, di un pasito", relata Lestido (1955) en charla con Télam luego de la premiere mundial del filme en Mar del Plata y resumiendo la experiencia de un viaje que comenzó en enero de 2019 en la ciudad noruega de Tromso, pasó por las islas Svalbar (el punto habitado más cercano al Polo), recorrió toda Islandia y concluyó en mayo de 2021 en Grundarfjorour donde permaneció tres meses "felizmente" atrapada por la pandemia, completando así ocho solitarios e inhóspitos meses de trabajo en el Polo Norte.

"El cine nunca me fue ajeno, soy fundamentalmente una espectadora de cine, y de hecho empecé estudiando cine en 1979 en la Escuela de Avellaneda, que fue donde descubrí la fotografía como parte de un estudio complementario para aplicar a la realización y que me tomó por completo", señala la autora de series fotográficas maravillosas como "Metrópolis", "Mujeres presas", "Madres e hijas", y también de la foto conocida por todos "Madre e hija de Plaza de Mayo", de 1982, plano visual que recorrió el mundo.

"De alguna manera -agrega-, lo más fuerte que hice fotográficamente fueron series y mis series están trabajadas cinematográficamente, trato de armar una historia y un relato visual, a mí nunca me interesó la foto individual sino el relato".

Télam: ¿Cómo surge el proyecto de "Errante..."?

Adriana Lestido: En 2012 estuve en la Antártida para una serie fotográfica y ahí pasaron dos cosas: por un lado sentí que era un trabajo de "pasaje", de tránsito, y por otro fui a la Antártida en búsqueda del blanco y terminé en la isla Decepción que es una isla volcánica negra en donde el blanco quedó pendiente, a lo que se sumó empezar a sentir la necesidad de incorporar el movimiento y el color a mi trabajo.

Con estas cuestiones en mente en 2019 me invitan a Berlín por una muestra y ahí tomé la decisión de grabar las auroras boreales con sus colores y sus movimientos y fui a Tromso, al norte de Noruega, que es donde mejor se dan. Estuve ahí un mes y me pasó algo impactante, porque más allá de la belleza y la magia de las auroras, lo más fuerte que me pasó fue algo del orden de lo físico por la cercanía con el polo magnético de la Tierra. Sentí que ahí tenía una conexión conmigo misma que nunca tuve en otro lado, me fascinó el lugar, ese invierno con apenas dos horas de luz. Ahí, en ese momento, surgió la idea concreta de un trabajo con movimiento que se desarrollara en el Polo Norte durante las cuatro estaciones.

T: ¿Cómo fue para vos este pasaje de la fotografía al cine?

AL: Yo lo sentí como algo muy natural, quería estar ahí y quería que lo que grabara fueran como especies de meditaciones visuales. Me plantaba a mirar y eso era lo que registraba. Toda la película está construida con planos fijos y eso tiene que ver con la actitud contemplativa, cuando uno está meditando mira lo que pasa dentro de su campo visual no va buscando y recorriendo con la mirada y mi idea con la película fue reproducir eso, entonces, al momento de la toma, fue muy natural hacerlo, después la edición fue mucho más difícil.

T: La fotografía es un instante, podríamos decir absoluto, el cine es imagen atravesada por tiempo.

AL: Yo sé que la fotografía refleja algo que pasó en el tiempo y que el cine se siente más como presente porque está transcurriendo, por más que también sucedió, pero yo siempre sentí la fotografía como presente y en ese sentido fue natural, además de esto que te comentaba del interés de incorporar el movimiento y el color a mi trabajo.

T: Hablás de color, pero en gran parte de la película el color está muy retaceado, aparece, podríamos decir, apenas.

AL: Es que ese es el color que me gusta, el color medio monocromático, además que una de las cosas que pasa y me fascina de estos lugares del Polo es que los paisajes son muy monocromáticos, porque entre la nieve y los cielos siempre nublados, nevados o brumosos, todo resulta muy monocromático. Entonces, hasta llegar al final donde el color se expande más, la imagen es más monocromática y hay un detalle de color. En general no me seduce el color saturado. Más allá de que hay fotógrafos, cineastas y pintores para los que la carga expresiva está justamente en el color, en mi caso, siento que el color me distrae un poco de lo medular, es como una traba para llegar al hueso y entonces lo que me gusta es ese color que muchas veces no sabés si es color o blanco y negro. Esta película trabaja con el color pero evitando la saturación, es el perfil del trabajo porque la idea fue siempre que prevaleciera la imagen sobre el color.

T: ¿Hiciste el trabajo munida de equipos sofisticados?

AL: Para nada, fue mi cámara Sony que graba video, el lente, un teleobjetivo y un par de lentes Leica que adaptaba que son más luminosos y que usé para grabar las auroras boreales y cuando las luces eran bajas. Después tenía un trípode y un micrófono, porque otra de las ideas fue trabajar el sonido que yo escuché, siempre quise que el que vea la película pueda estar viendo lo que yo veía y escuchando lo que yo escuchaba.

T: En la película no hay personas.

AL: Desde el principio la idea fue fundirme con la naturaleza, dejar atrás mi humanidad, me importaba que no hubiera personas, quería ir lo más adentro mío posible en soledad. De ahí partió también la decisión de no trabajar con gente y de viajar sin compañía.

Lo que me interesaba era mi transformación y que después el material transforme, que la gente que lo ve no salga de la misma forma como entró al cine. Siempre pienso en la evolución y en esto me ayudó mucho estar en el Polo, porque es fuerza magnética que te lleva muy adentro tuyo, es muy fuerte lo que pasa. Son como pasos, esta obra es un punto de partida.


(Télam)