A 30 años del lanzamiento del tema inspirado en ese lugar, La Portuaria planea brindar antes de fin de año un show en la vereda del bar de la calle Rodney, ubicado en el barrio porteño de Chacarita.

Así lo contó a Télam el líder del grupo, Diego Frenkel, quien aún no pudo precisar la fecha exacta, aunque aceptó analizar distintos aspectos de este clásico incluido en el disco "Escenas de la vida amorosa", de 1991, que lanzó a la popularidad a la banda,

El tema surgió cuando el propio Frenkel recaló en ese bar junto a un amigo, luego de una caminata por el barrio de Chacarita, en un día invernal desmentido por las altas marcas en el termómetro para la época.

Allí, los dos jóvenes se toparon con varios parroquianos, entre los que destacaba un verborrágico actor de variedades que sacó a relucir su pasado junto a luminarias de la escena local, como José "Pepitito" Marrone.

- Télam: ¿Sentís que hoy en día es difícil encontrar esos lugares en Buenos Aires en donde resisten esos elementos tradicionales de la cultura porteña ante el avance de la modernidad?

- Diego Frenkel: El mundo cambió radicalmente. La historia del bar es como dice la canción, un día cualquiera puede ser mucho más. Lo fundamental es la visión poética de la cotidiano. No hay nada fenomenal en la historia. La canción, lo que tiene, es un significado muy fuerte sobre la porteñidad y una manera de verla que es propia de la banda y de mi momento lírico en el `91. No sé si actualmente existe tal bohemia o margen poético. Yo creo que siempre existe y, si no existe, se crea como una necesidad humana.

- T: ¿Pero al vivirse hoy en día con otra urgencia no parece posible ese transcurrir del tiempo sin hacer nada como ocurría en esos bares?

- DF: Es un tiempo muy cruel socialmente este que vivimos porque las diferencias sociales se fueron acrecentando de manera exponencial, porque pesa todo el tiempo el mercado sobre el humano y porque las ciudades se van volviendo más asfixiantes. La comunicación virtual ocupa un espacio muy fuerte y vuelve a la comunicación humana más fría. Todo eso deja poco margen a lo poético. Estamos en una ficción que no permite conectar con algo más amable y humano. Estamos atravesando esto que es distinto y habrá que buscar otra poética. "El bar de la calle Rodney" habla del tiempo sin apuro, de un lugar como una isla en medio de una urbanidad, como un remanso. Igual, como Spinetta, yo siempre pienso que "mañana es mejor". Es muy fácil idealizar un pasado que, en realidad, estaba lleno de problemas graves, y quitarle valor al presente. A mí, lo que me da felicidad y me da una sensación de continuidad, de presencia es que el bar de la calle Rodney es, de alguna manera, un clásico para la cultura porteña. Obviamente salvando las distancias, yo soy admirador de Vinicius de Moraes, y "Garota de Ipanema" y "El bar de la calle Rodney" son como dos situaciones que crean cultura, dejan mojones en el tiempo y valorizan esos espacios y situaciones en lo urbano. Me da mucha alegría que eso suceda. (Télam)