El crecimiento de las exportaciones de China se desaceleró fuertemente durante agosto, otro signo del estacionamiento en la economía doméstica y las perspectivas globales negativas.

Las exportaciones chinas –medidas en dólares- crecieron 7,1% interanual en agosto, muy por debajo del 18% que se registró en julio, según datos suministrados por la Administración General de Aduanas de China y difundidos por las agencias de noticias AFP y Bloomberg.

Entre los diversos países, las exportaciones a Estados Unidos cayeron 3,8% -la primera merma desde mayo de 2020- mientras que aumentaron 11,1% las de la Unión Europea y 26,5% las de Rusia, ocupando el vacío en ese país de los envíos occidentales.

Los autos lideraron el crecimiento con una suba de 56%, mientras que cayeron los envíos de smartphones y semiconductores.

En tanto, las importaciones se mantuvieron estancadas con un incremento de sólo 0,3% tras el 2,3% de julio, un dato que podría afectar a países proveedores de commodities como Australia y Brasil o de manufacturas como Alemania y Corea del Sur.

Sin embargo, en el caso de la energía, una reducción de las importaciones podría ayudar a mantener estables los precios internacionales; el petróleo, por ejemplo, se ha mantenido en un rango de US$ 90 por las perspectivas negativas de países consumidores como la propia China.

La desaceleración del comercio exterior chino fue superior a la prevista por los analistas, quienes esperaban un crecimiento de las exportaciones e importaciones de 13% y 1,1%, respectivamente; y es un signo de turbulencias tanto domésticas como globales.

Por un lado, la actividad en China se encuentra impactada por la “política cero-covid” que ha afectado la actividad de las fábricas y el consumo local, y, al mismo tiempo, la industria –especialmente la localizada en el sudoeste del país- también sufre por los periódicos cortes y racionamientos de energía ante una sequia que ha drenado las plantas hidroeléctricas.

En ese marco, la actividad industrial en el país sufrió la segunda contracción mensual consecutiva en agosto, a causa de los señalados cortes de energía, según informó la semana pasada el Buró Nacional de Estadísticas.

Todo esto, sumado a los problemas en las cadenas de suministro y a la crisis en el mercado inmobiliario, ha provocado una desaceleración en la economía en general.

Por otro lado, también existe una menor demanda global por los productos chinos ante la amenaza de una recesión tanto en Estados Unidos como en Europa.

Si bien el Gobierno chino ha anunciado diversas medidas para intentar estimular la economía durante el último mes –como por ejemplo, recortes en las tasas de interés y la de hipotecas, y paquetes de fondos para obras de infraestructura-, los analistas las consideran insuficientes y se mantienen pesimistas de cara a los próximos meses.

“Los hogares de Estados Unidos y Europa occidental se ven impactados por la suba de los precios de la energía y el endurecimiento de la política monetaria, por lo que la demanda de las manufacturas chinas se está enfriando”, opinó Rajiv Biswas, economista de Standard & Poor´s.

Asimismo, el país enfrenta “una débil demanda domestica por el impacto de las medidas restrictivas de la pandemia y la ralentización en la construcción residencial”.

Por su parte, Zhan Zhiwei, economista de PinpoinAsset Management, prevé que las exportaciones continuarán “en un solo digito para lo que resta del año”, mientras que Michael Hewson de CMC Markets señala que el dato de hoy muestra que la meta de crecimiento del 5,5% está “más lejos que nunca” y que “con suerte China llegará a mitad de esa cifra”.

Los cálculos de los analistas ahora estiman un crecimiento del 2,5% al 3,5% para 2022, frente a la meta oficial de 5,5% de principios de este año.

En ese marco, la banca de inversión Nomura redujo hoy su previsión de 2,8% a 2,7%, sumándose al Citi y a Goldman Sachs, entre otros bancos que redujeron de forma sucesiva sus pronósticos durante los últimos meses. (Télam)