Las solicitudes de subsidios por desempleo en los Estados Unidos se mantuvieron sin mayores cambios durante la semana pasada, según consignó hoy la Oficina de Estadísticas Laborales del Departamento de Trabajo.

En la semana que finalizó el 18 de junio, cerca de 229.000 personas solicitaron nuevas prestaciones por desempleo tras haber sido despedidas, lo que significó 2.000 menos que en la semana precedente, cuya cifra fue revisada levemente al alza.

De esta forma las solicitudes de subsidios se redujeron casi a la mitad respecto al mismo periodo del año pasado, cuando se situaban en 424.000 pedidos.

Sin embargo, el número fue más alto de lo previsto por los economistas de Wall Street que estimaban un total de 226.000 solicitudes, según la agencia Bloomberg.

Por su parte, la información oficial indica que el promedio de pedidos en las últimas cuatro semanas –el cual permite atenuar la volatilidad propia de un índice semanal- se ubicó en 223.500, el número más alto desde fines de enero, cuando el país se encontraba atravesado por el rebrote de coronavirus provocado por la –en ese entonces- nueva variante Ómicron.

Tras presentarse una cifra de 166.000 pedidos -un mínimo en 53 años- en la semana del 18 de marzo, las cifras comenzaron a crecer de forma sostenida.

En el último mes de abril el número de vacantes de empleo en Estados Unidos era de 11,4 millones, tras registrar un récord histórico de 11,9 millones en marzo, según el Departamento de Trabajo, lo cual implica que por cada persona desempleada hay 1,9 puestos disponibles.

Sin embargo, pese a que los números de despidos y empleo se mantienen en niveles solidos, crece el temor que la desaceleración económica, la inflación persistente y el endurecimiento de la política monetaria de la Reserva Federal (FED) reviertan la tendencia en el mercado laboral.

En las últimas semanas se han visto señales de debilitamiento con empresas como JPMorgan o Coinbase –esta última afectada por el desplome en el valor de las criptomonedas- anunciando despidos.

Del mismo modo, la FED, tras una suba de 25 puntos porcentuales en marzo, 50 en mayo y este mes de 75 (la mayor desde 1994) prevé seguir con los aumentos de las tasas con el objetivo de que la inflación baje del 8,6% anual que registra actualmente -récord en más de 40 años- a la meta de 2%.

Sin embargo, bancos como Goldman Sachs, Citi y el Deutsche Bank ven como inevitable que esto provoque una desaceleración en la economía e incluso una recesión, que inevitablemente tendrá su correlato en el empleo.

La propia entidad monetaria proyectó que la tasa de desempleo -actualmente en 3,6%, un mínimo en 50 años- subirá a 3,9% hacia fines de 2023, y 4,1% en el último trimestre de 2024.

El presidente de la FED, Jerome Powell, reconoció ayer que “es muy desafiante” lograr un “aterrizaje suave” en la economía, es decir, bajar la inflación subiendo las tasas, y, al mismo tiempo, mantener la actividad.

En un discurso en el Senado, Powell señaló que la inflación “obviamente sorprendió en el último año”, pero sostuvo que la “economía es muy fuerte y bien posicionada para manejar una política monetaria más dura”.

Del mismo modo, pese a admitir que una contracción es “ciertamente una posibilidad”, Powell reiteró que la FED “no está tratando de provocar y no piensa que sea necesario provocar una recesión” para lograr sus objetivos. (Télam)