Por Pablo Fiuza, presidente del Polo IT Buenos Aires.


Como hace unos meses atrás solicitábamos que se promulgue la "Ley de Economía del Conocimiento" demorada durante varios largos meses en el Congreso, hoy celebramos que una vez sancionada, se haya actuado con celeridad en su reglamentación.

Allá por el 2004 se dio el primer paso al reconocer el software como una industria y diferenciarla de los servicios. Luego vinieron dos leyes conocidas como "Ley de Software" que fueron sancionadas en el 2004 y 2014 respectivamente. Y ahora, si bien esta nueva ley viene a dar continuidad a esas anteriores, se incorporan numerosas industrias de la llamada "nueva economía": producción y posproducción audiovisual, biotecnología, bioeconomía, biología, bioquímica, microbiología, bioinformática, biología molecular y neurotecnología, entre otras.

Esto implica un desafío para la reglamentación en sí misma, ya que mientras en el software existe una base sobre la que apoyarse, no sucede lo mismo con el resto de las industrias. Se trata de hacer camino al andar. Pensemos que hablamos de una reglamentación -algo que suena duro y estático- aplicado a industrias que permanecen en constante evolución y crecimiento.

Aquí aparece entonces un concepto interesante que se planteó desde el Ministerio de Producción y son las mesas sectoriales. Mesas de acuerdos económicos y sociales de la economía del conocimiento.

Formadas por los diversos actores de las industrias, apuntan a mantener "viva" esta reglamentación. El objetivo es debatir políticas públicas y seguir de cerca la realidad. Pero además, como se hizo en uno de las últimos encuentros: revisar, proponer y sugerir cambios para mejorar esa reglamentación. Me alegra decir que muchos de ellos fueron considerados.

Algo similar ocurre en la Ciudad de Buenos Aires, quien adhirió a esta ley a finales del año pasado. Hoy estamos trabajando junto con sus autoridades -desde el Polo IT de la Ciudad de Buenos Aires- para llevar adelante su reglamentación a nivel local.

Esta actitud y este trabajo en conjunto es el que hace la diferencia.

Desde la industria del Software y Servicios Informáticos hemos planteado un crecimiento significativo en las exportaciones y empleabilidad para el 2030. Dos objetivos que tanto bien le harían a nuestra economía. La expectativa es que el sector, que goza de pleno empleo, ocupe a 500.000 personas al finalizar esta década.

En ambos casos no hay forma alguna de lograrlo si no contamos con el apoyo del Estado. Si bien hay realidades que necesitamos cambiar, como la que se genera a partir de la brecha cambiaria por ejemplo, debo recalcar que esta ley, su reglamentación y las mesas sectoriales son un buen augurio para lo que viene.

Es imperativo seguir en ese camino, fomentando el crecimiento de las pymes, sus exportaciones y trabajando en conjunto e intensivamente para que cada vez mas jóvenes puedan formarse e incorporarse a las empresas o crear sus propios emprendimientos. El desafío es generar el contexto para que esas oportunidades florezcan.

Me ilusiona pensar que es posible hacer algo tan ambicioso como cambiar la matriz productiva de Argentina, por una donde esta nueva economía tenga mas relevancia. Falta mucho, pero quiero imaginar que vamos hacia eso y puede ser el nuevo objetivo para el 2030. (Télam)