La transición energética requiere una transformación completa del sistema energético, económico y social mundial, ya que la próxima década es crucial para lograr los objetivos climáticos, según un estudio del Foro Económico Mundial.

Según la última edición del informe "Promoción de una transición energética efectiva", publicado hoy en colaboración con Accenture, "a medida que los países van evolucionando hacia la energía limpia es fundamental arraigar dicha transición en las prácticas económicas, políticas y sociales para garantizar que el progreso sea irreversible".

Los resultados para 2021 muestran que 92 de los 115 países calificados según el índice de transición energética (ETI) aumentaron su puntuación en los últimos 10 años, lo que afirma la dirección positiva y el impulso constante de la transición energética mundial.

Los países nórdicos, incluidos Suecia, Noruega y Dinamarca, mantuvieron su liderazgo en el ETI impulsados por un fuerte avance en la sostenibilidad ambiental.

Si bien el índice aumentó su puntuación agregada en los últimos 10 años, sólo 13 de 115 países han logrado mejorar de manera continuada sus calificaciones del ETI en la última década, lo que evidencia un progreso desigual.

La Argentina ocupa el puesto 47 de 115 países en el ETI 2021, con mejoras incrementales en su puntuación desde 2012, y actualmente tiene una puntuación de rendimiento del sistema energético relativamente fuerte, incluyendo precios asequibles de la electricidad doméstica e industrial, que han caído desde 2012.

En el país, las tasas de acceso son elevadas; sin embargo, la calidad del suministro sigue siendo un reto persistente, y se necesitan esfuerzos para mejorar la fiabilidad; y se pueden tomar más medidas para reducir la intensidad de CO2 y la intensidad energética para desvincular el crecimiento de la energía.

Según Roberto Bocca, jefe de Energía y Materiales del Foro, "a medida que entramos en la década de acción para cumplir los objetivos de lucha contra el cambio climático, el enfoque también debe abarcar la velocidad y la resiliencia de la transición".

"Cuando la transición energética tenga una madurez suficiente, resultará más desafiante sostenerla en el tiempo dado el cambiante panorama de riesgos a los que se enfrenta", completó.

Pese a la pandemia, la inversión mundial anual en transición energética superó por primera vez los US$ 500.000 millones en 2020; el número de personas sin acceso a la electricidad se redujo a menos de 800 millones frente a los 1200 millones de 2010. (Télam)