Mirá la entrevista de GRUPOLAPROVINCIA.COM con Sandra Rey, titular de CGERA Ituzaingó. 

-¿Qué evaluación hace de los programas que lanzó el Gobierno nacional durante la pandemia para reactivar a las PyMEs?

Los evaluó como muy positivos. Lo que más ayudó fueron los ATP y los REPRO, porque era un momento en que las empresas estaban cerradas y no tenían ingresos. En este contexto, mantener al personal fue lo más difícil. Si bien no ayudó al cien por ciento del salario del trabajador, colaboró para que las empresas siguieran adelante. En mi caso, que tengo empresa hace 35 años, es la primera vez que el Gobierno me otorga algo.

También acompañaron las líneas de crédito, con tasas más bajas que la inflación y que están en todos los bancos. Hay muchos programas que todavía no han llegado al conocimiento del empresario PyME y de eso es de lo que se ocuparon las cámaras, de bajar los programas a quienes los necesitan.

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Ahora llega el tiempo de la capacitación. Muchos empresarios reclaman que están tomando nuevos empleados, pero no existe personal capacitado. Por eso, el Ministerio de Trabajo lanzó cursos para las cámaras con el fin de que se capaciten a los interesados. Para el 2022 se viene una batería de cursos; con CGERA vamos a tener casi 100 cursos federales.

-¿Cómo es la relación que mantiene CGERA con el Gobierno?

Nosotros tratamos de entablar diálogo ante las cosas buenas y las malas. No es ser obsecuentes sino ver qué se necesita y adelantarse a la necesidad que tiene el país de recuperar la producción. Ayer tuvimos una buena noticia: después de muchos años el déficit fiscal con Brasil se revirtió y hay un superávit fiscal. Son datos importantes en este contexto de pandemia y es una tendencia a futuro.

-¿Y cómo ha sido la relación con el Gobierno de Mauricio Macri?

En principio buena hasta que empezó a decir que había que reconvertirse, entonces daba créditos para tal fin y eso fue terrible, porque ninguno que estuvo 40 o 50 años en un rubro lo iba a cambiar porque el decía que había que reconvertirse.

También abrió la importación. En ese momento visitar las fábricas era una lágrima porque veías todas las máquinas de producción paradas; se despedía personal y se achicaban las estructuras.

En principio tuvimos muy buena relación, pero cuando vimos los programas y las industrias que querían cerrar porque no eran competitivas, nos pareció terrible.

-Actualmente, ¿cuáles son las principales preocupaciones del sector?

Volver a generar trabajo. Los programas sociales tienen que ser para el momento de ayuda, no deben ser eternos. Hay una pobreza estructural gracias a eso porque muchos se acostumbran a que es una cosa normal, no salen de ahí, y es una pelea de pobres contra pobres, porque un empleado que está formalizado cobra igual o la mitad de esos programas.

-Por último, es este contexto de reactivación que usted señalaba, ¿qué expectativas tiene para el año 2022?

Los empresarios están ilusionados porque ven una reactivación, volvieron a tomar personal y obviamente quieren ver un horizonte, que no les cambien las reglas del juego.

También reclaman el tema impositivo, ya que Argentina es uno de los países que más impuestos tiene. Debería ser más fácil emplear gente para que el empresario vuelva a confiar.

Apostamos mucho al trabajo de los jóvenes para que no se quieran ir del país, hay que revertir la mirada de que acá no se puede. Si uno tiene ganas de trabajar, en Argentina se puede