El Banco Central Europeo (BCE) decidió hoy reducir su programa de estímulo monetario, establecido por la crisis de la pandemia de coronavirus, ante la recuperación económica que registra el continente.

En su reunión mensual en Francfort, el Consejo de Gobierno de la entidad decidió disminuir el ritmo de su programa de compra de bonos y activos tóxicos durante el último trimestre de este año, a partir de la lectura de que la recuperación económica ya puede sostenerse con menos apoyo monetario.

Las compras de bonos se harán a un “ritmo moderadamente menor” que el actual nivel de adquisiciones por US$ 95.000 millones de los últimos dos trimestres, en base a una “evaluación conjunta de las condiciones de financiación y de las perspectivas de inflación”, indicó un comunicado de prensa del BCE.

La presidenta del BCE y ex titular del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, señaló en una conferencia de prensa que el rebote “avanzado” de la economía europea puede ser sostenido con menor ayuda económica.

La decisión se da luego de que la Reserva Federal estadounidense (FED), de forma similar, anunciara a fines de agosto en su simposio de Jackson Hole que posiblemente comience a dejar atrás su política de compra de bonos (que totaliza US$ 120.000 millones mensuales) para fines de este año.

Sin embargo, Lagarde advirtió que la expansión de la variante Delta de la Covid podría llegar a retrasar la apertura total de la economía y, si es necesario, se extenderán las medidas de estimulo.

En esto ultimo se diferenció la entidad europea: la FED y otros bancos centrales como el Banco de Inglaterra, subrayaron su intención de gradualmente eliminar la asistencia por la pandemia.

En ese marco, los funcionarios reiteraron su compromiso de mantener el programa de compra de bonos hasta marzo de 2022 (fecha tentativa para su finalización) o más si es necesario, lo que indica que aún no están preparados para discutir cómo y cuándo poner fin al estímulo de emergencia.

Según la agencia Bloomberg, el mensaje balanceado de Lagarde a los inversores trató de evitar una respuesta negativa de los mercados, y al mismo tiempo conceder la demanda de algunos miembros de la institución frente a la tendencia inflacionaria de los últimos meses.

Con las interrupciones de la cadena de suministro y el resurgimiento de los contagios por el virus que amenazan con socavar la recuperación, algunos de los funcionarios han insistido en las últimas semanas en que la economía de la Eurozona se encuentra en un estado diferente al de Estados Unidos y sigue dependiendo del apoyo del BCE.

Sin embargo, algunos gobernadores advirtieron públicamente en las ultimas semanas que mantener una postura ultra acomodaticia durante mucho tiempo conlleva riesgos: la inflación de la Eurozona marcó un 3% interanual en agosto, una cifra no vista en una década.

Para Lagarde y el BCE, no obstante, el alza actual de la inflación es “ampliamente temporal”.

Al igual que la FED, la entidad europea no modificará por lo pronto las tasas de interés manteniéndolas al nivel más bajo de la historia: 0% para las operaciones de refinanciamiento, 0,25% para la facilidad de préstamo, y -0,5% para la facilitad de depósito.

Al mismo tiempo, el BCE decidió revisar al alza sus estimaciones de crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) para la Eurozona: se prevé que, en el 2021, la economía europea crezca un 5% en lugar de 4,6%.

(Télam)