La alianza Saneamiento y Agua para Todos (SWA, por sus siglas en inglés), junto con Unicef, reunirá el 18 y el 19 de mayo en Yakarta, Indonesia, a ministros de la vivienda, la construcción y el saneamiento; el ambiente, la salud y la economía de distintos países del mundo para analizar cómo impulsar la inversión en agua, saneamiento e higiene.

La SWA es una alianza compuesta por los gobiernos y sus socios de la sociedad civil, el sector privado, los organismos de las Naciones Unidas, las instituciones de investigación y aprendizaje, los bancos de desarrollo y la comunidad de donantes, creada para alcanzar el sexto objetivo de desarrollo sostenible de Naciones Unidas: garantizar la disponibilidad y la gestión sostenible del agua y el saneamiento para todos.

"Si no invertimos en agua y saneamiento, corremos el riesgo de otra pandemia devastadora", afirma Catarina de Albuquerque, directora ejecutiva de SWA y exrelatora especial de las Naciones Unidas sobre el derecho al agua potable y al saneamiento.

Según la especialista, "las enfermedades zoonóticas -que se propagan de los animales a los humanos- constituyen casi el 75% de las enfermedades emergentes (...) La pregunta no es si habrá otra crisis sanitaria mundial, sino cuándo será".

"No esperemos a la próxima pandemia para actuar. Hay otras crisis sanitarias mundiales que se están produciendo ahora mismo, responsables de la muerte de millones de personas, que pueden resolverse dando prioridad a la prestación de servicios de agua potable, saneamiento e higiene", advirtió.

Para De Albuquerque, "si queremos adelantarnos a la próxima pandemia, debemos invertir urgentemente en agua, saneamiento e higiene; cualquier otra opción podría tener consecuencias devastadoras".

La misión de la alianza SWA es eliminar las desigualdades relacionadas con los derechos humanos al agua y al saneamiento: impulsando la voluntad política, asegurando la buena gobernanza y ayudando a optimizar la financiación.

La alianza se centra en los individuos, las comunidades, los países y las regiones donde resulta más difícil llegar y donde las poblaciones son más vulnerables, y pone a las mujeres y las niñas en el centro de sus esfuerzos, no sólo como receptoras pasivas, sino como agentes dinámicos en favor del cambio. (Télam)