Las franquicias en la Argentina reconocen un antecedente conocido para los mayores de 50 años, cuando el empresario Alfredo Lowenstein abrió en 1974 Pumper Nic, la primera de comidas rápidas en el país.

Para expandir el negocio, en 1975 Lowenstein otorga las primeras franquicias o "pseudofranquicias", desde la visión del director de la AAMF (Asociación Argentina de Marcas y Franquicias); Carlos Canudas Rivell, debido al carácter rudimentario de una opción comercial para la que por entonces no se contaba con la legislación correspondiente.

Pero toda historia tiene su prehistoria y en este caso hay que remontarse hasta la Edad Media, cuando los francos habilitaron agrupaciones urbanas a lo largo del Camino de Santiago que pasaron a llamarse, precisamente, "franquicias".

No obstante, hubo que esperar hasta el siglo XX cuando el desarrollo de la industria automotriz y de la red vial por todo Estados Unidos representaron un incentivo a varias empresas de comidas, allá por la década de los '30, a instalar sus locales en zonas alejadas de su área de origen.

Ese modelo se expande en la posguerra rápidamente en Estados Unidos y Europa (en particular Francia), hasta que llega a la Argentina en forma rudimentaria de la mano de Pumper Nic, Cheburguer y La Lecherísima, hasta entrada la década de los '80.

En 1988, de la mano de Osvaldo Marzorati y otros pioneros, se funda la Asociación Argentina de Franquicias (AAF) que 21 años después se fusiona con la Cámara de Grandes Marcas para formar lo que hoy es la Asociación Argentina de Marcas y Franquicias (AAMF), con el objetivo de "estandarizar la actividad, promover la consolidación y profesionalización del sistema de franquicias, el desarrollo de buenas prácticas comerciales y abogar por las leyes que afectan los diferentes rubros de las empresas franquiciantes y marcas comerciales", según explica la entidad en su página web.

"El despegue tiene lugar en la década de los '90", explicó Canudas, titular del estudio homónimo, en el que brinda asesoramiento y servicios de consultoría en el tema.

Por entonces, se produce la llegada en masa de las franquicias internacionales como Pizza Hut, Wendy's y Dunkin' Donuts, al tiempo que una empresa argentina, ProntoWash, comienza a hacer punta con una franquicia que se aparta del rubro gastronómico, con el lavado ecológico de autos a domicilio.

La crisis del 2001 produjo el éxodo de varias franquicias extranjeras y, a su vez, el puntapié inicial para el desarrollo de las nacionales, que en la década de 2010 ya representaban el 90% de todas las que operaban en el país.

En esa década la AAMF fue fundadora de la Federación Iberoamericana de Franquicias (FIAF) y del World Franchise Council (WFC), en tanto el crecimiento de los puntos de venta "se contaba a razón de dos dígitos por año", recuerda Canudas, quien también destaca como uno de los hechos más relevantes el aporte de Marzorati en la promulgación de la ley de Franquicias.

Esta expansión acelerada dejó una enseñanza adicional a los protagonistas de la actividad, a la luz de conocidas marcas franquiciantes que pasaron de un éxito arrollador a la quiebra.

"Los crecimientos explosivos duran poco, por eso hablamos de no franquiciar modas", remarcó Canudas.

Por otra parte, en la AAMF destacaron la presencia geográfica de las franquicias, que distan de ser un fenómeno porteño o de las grandes ciudades.

El ejemplo que sobresale es la cordobesa Grido, "la quinta heladería del mundo", según Canudas, o la también mediterránea Grandiet, con más de doscientos locales.

El caso de Grido ofrece una arista poco conocida de la actividad, como son las denominadas "franquicias sociales", una salida económica para los sectores vulnerables que no podrían acceder a la apertura de un comercio en otras condiciones.

La empresa cordobesa habilitó la segunda marca Vía Bana, por la que se puede vender helados en el mismo domicilio, a mitad de precio y con el único requisito de contar con un freezer.

(Télam)