(Por Julio Martínez) El 2021 fue intenso para el crack rosarino Lionel Messi. Como una película que tuvo momentos alegres y no tanto, en la que convivió con la alegría, el dolor, la incertidumbre, la recuperación y la gloria. Un año más para mantenerse en la élite del fútbol, cuando parecía que las cosas podrían complicarse más de lo pensado.

El protagonista de esta historia comenzó el año con la casaca azulgrana, que lo cobijó desde pequeño en La Masía. Barcelona sostenía problemas múltiples en lo institucional y futbolístico. Messi había decidido quedarse luego de un enfrentamiento mediático con el expresidente Josep María Bartomeu y el momento de mayor tensión con el envío de un burofax, en agosto de 2020, para dejar clara su posición de salida.

El primer partido de 2021 de Messi fue el 3 de enero en el agónico triunfo 1-0 ante Huesca, como visitante, por LaLiga.

Cada compromiso significó una consulta permanente sobre su continuidad en el club donde batió récords por doquier y cuyo contrato finalizaba en junio próximo.

Como nunca, Messi se comprometió en las elecciones a presidente que se realizaron en marzo y tuvo como ganador a Joan Laporta, el candidato elegido para que el rosarino continuase ligado a la institución.

Barcelona, dirigido entonces por el neerlandés Ronald Koeman, obtuvo una recuperación futbolística en gran medida gracias al esfuerzo de Messi, quien se puso el equipo al hombro. Con un plantel sin mucho recambio y varios históricos a punto de cumplir un ciclo, Leo se las arregló para que Barcelona fuese competitivo y diese lucha en los primeros puestos de la liga española.

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Los catalanes llegaron lejos en la Copa del Rey. La final ante Athletic Bilbao se convirtió en el gran objetivo de un Barcelona sin los lujos de otros tiempos. La goleada 4-0, con dos de Messi, esbozó una sonrisa en el hincha y especialmente en el capitán del seleccionado argentino; feliz por levantar un nuevo trofeo.

A medida que se acercaba el fin de la temporada europea, la atención de Messi se volcó sobre el seleccionado argentino. Antes, se convirtió en el máximo goleador de LaLiga por octava vez (la quinta de forma consecutiva) al cabo de 30 anotaciones.

La Copa América, la primera sin Diego Maradona en este mundo, se volvió una obsesión para el rosarino y su grupo de compañeros. La sede original, pensada en la co-organización entre Colombia y Argentina, se mudó a Brasil por razones sanitarias ante los casos crecientes de coronavirus en la región.

Messi se preparó para ganarla. Y esta vez sin margen de error. El plantel dirigido por Lionel Scaloni entendió también que sería una de las últimas chances para que Leo levante el primer trofeo importante con el seleccionado de su país.

El crack rosarino jugó como nunca, a pesar de estar al límite en lo físico. Con voz de mando, impuso su juego en la cancha, finalizó como goleador con cuatro tantos (junto con el colombiano Luis Díaz) y lideró la tabla de asistencias con cinco.

El triunfo soñado ante Brasil en la final por 1 a 0, con gol de Ángel Di María, puso fin a sus padecimientos en el equipo nacional. Messi descargó tanta bronca contenida en el Maracaná. Las lágrimas de felicidad emocionaron a un país que salió a la calle, como no sucedía desde 1993 con la última obtención de la Copa América.

El título con la Argentina dio la vuelta al mundo. Messi estaba feliz. Ese estado no duraría mucho hasta la decisión del Barcelona de no renovarle el contrato. Luego de idas y vueltas, el club catalán, muy endeble en la faz financiera, dejó ir a su símbolo. La noticia fue una bomba. El mundo entero siguió de cerca la conferencia de un Messi muy dolido, quién dijo adiós a los hinchas, como pudo.

La incertidumbre personal y deportiva hizo su aparición por primera vez en la vida del crack rosarino hasta que apareció París Saint Germain, el club que lo contrató para sumarlo a la lista de estrellas con el santafesino Mauricio Pochettino como entrenador.

Su traslado a París fue rápido, en un abrir y cerrar de ojos. Sin una pretemporada adecuada, le costó entrar en ritmo, pero ante cada llamado del seleccionado argentino, dijo presente. En las Eliminatorias Sudamericanas recibió una patada criminal del defensor Adrián Martínez, al borde de romper su pierna derecha, y recibió una ovación que nunca olvidará ante Bolivia en el Monumental, con el regreso del público a la cancha.

La película de Messi en 2021 tuvo su final feliz. La cereza del postre. Leo fue elegido por séptima vez y ganó el Balón de Oro, el galardón que entrega cada año France Football. A sus 34 años se impuso sobre el polaco Robert Lewandowski, el portugués Cristiano Ronaldo y el francés Karim Benzema, entre otros tantos futbolistas destacados.

El capitán de la Argentina agradeció el premio acompañado de su familia y en especial al grupo de compañeros del seleccionado. Ellos y el campeonato logrado en la Copa América tuvieron mucho que ver para agrandar la vitrina personal del mejor jugador del mundo.

Messi vivió un año que no olvidará jamás y que intentará repetir de cara a su máxima obsesión: la Copa del Mundo en Qatar 2022. (Télam)