Diego Armando Maradona jugó dos temporadas en el Fútbol Club Barcelona, adonde llegó en 1982 procedente de Boca Juniors y meses después de haber participado de su primer Copa del Mundo con el seleccionado argentino en España.

Maradona llegó al Barcelona con 22 años y jugó 75 partidos, convirtió 45 goles y ganó tres títulos entre 1982 y 1984.

En el club catalán la estadía del mejor jugador del mundo no fue todo lo exitosa que se esperaba, ya que en sus dos años allí sufrió una hepatitis y luego una grave lesión provocada por Andoni Goikoetchea jugador de Athletic de Bilbao.

Ese 24 septiembre de 1983, Diego pudo haber visto en peligro su futura carrera deportiva tras la gravísima lesión múltiple en su tobillo con desplazamiento de huesos y otras derivaciones provocada por Goikoetchea.

Sin embargo, y a pesar de sus pocos años en el club, para los fanáticos del Barça Diego marcó momentos imborrables con goles con su estilo y calidad.

Se recuerda aún un gol de emboquillada al Estrella Roja que hizo delirar a los presentes ese día en el estadio Santiago Bernabéu.

Maradona fue dirigido en Barcelona por el "Flaco" Cesar Luis Menotti, entrenador con quien se reencontró luego de haber jugado en Mundial de España 1982.

Fue Menotti, precisamente, quien había recomendado a los dirigentes del Barcelona que contratarán a Diego. La operación se concretó en unos 1.200 millones de pesetas de la época, unos 7 millones de dólares.

"Tiene unas cualidades técnicas prodigiosas. Regate fácil siempre en profundidad. Tiene una visión de línea recta de cara al gol. Sabe desprenderse del balón en beneficio del compañero mejor ubicado. Sus pases cortos y disparos son pura maravilla, con un cambio de ritmo prodigioso" había escrito el "Flaco" Menotti al recomendar a Diego.

La convivencia entre Maradona y Menotti, sin embargo, duro poco en el Barcelona por distintas causas y algunas diferencias de Diego, también con la directiva azulgrana.

Poco después, el "Diez" partió hacia una nueva etapa de su vida: el Napoli de Italia, donde seria ídolo de los napolitanos y adorado como el mismo San Genaro, patrono de la ciudad. (Télam)