Por Mónica Santino, exjugadora de fútbol, impulsora y directora técnica de fútbol femenino y referente en el Club La Nuestra de la Villa 31.


Mara Gómez va a entrar a la cancha este próximo fin de semana cuando su equipo Villa San Carlos enfrente como local a Lanús. No lo hará como espectadora. Será jugadora del primer equipo. Momento de celebrar acaso el mejor gol de su carrera.

Largo y lleno de obstáculos fue el camino para la delantera de 23 años. Sabemos que la expectativa de vida para la población trans no supera los 40 años. Miles de rostros, cuerpos sin nombre han soportado humillación, destrato y la invisibilidad para andar por el mundo como fantasmas.

Acceder al juego y al deporte profesional son victorias rotundas. De las que abren puertas y derriban muros. Acaso el fútbol protagonizado por mujeres sea el bastión, la referencia, la primera trinchera de batallas con el feminismo como bandera y marco teórico. Los partidos por venir son durísimos. Repletos de jugadores y jugadoras que van a esgrimir argumentos desde la biología, la ventaja deportiva y la constitución anatómica de los cuerpos. Del otro lado se irá con el corazón en la mano. Con la perspectiva de derechos. Con saber profundamente lo que significa jugar. Con saber lo que significa haber luchado por la identidad la vida entera. Saber quién se es. Y en una cancha de fútbol. Ni más ni menos.

La Asociación del Fútbol Argentino se comportó como todos los organismos internacionales que rigen al deporte. Solicitó los exámenes de nivel de testosterona en sangre. Mara fue admitida porque pasó favorablemente esta prueba. No se uso la Ley de Identidad de Género que rige en Argentina desde 2012 y es orgullo de nuestra historia de conquistas sociales para el resto del mundo. Este marco legal elimina las categorías. Habla de autopercepción y es la revolución que avanza sobre el binarismo. Incomoda, estalla la estantería donde la actividad deportiva está sentada desde su origen. Cuestiona privilegios. Y aquí creemos está la centralidad del problema y el punto de partida de todos los debates. Asumirlo y no gambetearlo es la tarea.

Mara entrará a la cancha como futbolista profesional y es orgullo de muchxs. Será la expresión de libertad más concreta y visible de diversidad en el deporte profesional. Y como tantas otras compañeras escribirá otra página fundamental de las batallas por la conquistas de derechos de las diversidades. Como Mariela Muñoz, compañera que habitó esta vida maternando, como Lohana Berkins que movió las estructuras del patriarcado y sigue abriendo caminos desde la memoria de quienes la abrazamos. Como Jessica Millaman quien dio los primeros pasos en las canchas de hockey, como Victoria Liendro que alienta a jugar desde los potreros y desde los lugares donde se toman decisiones.

La lista es más larga y va a seguir aumentando. Y no hay vuelta atrás. Tendremos deporte más justo y acceso al juego para todes. Infancias libres de violencia sociabilizándose en un marco de derechos. Y Mara Gómez sabrá que cuando suene el silbato este fin de semana para dar inicio al partido estará escribiendo una nueva época de justicia y libertad. (Télam)