A esta altura de su travesía, con 36 flamantes y rozagantes años, Cristiano Ronaldo se ha ganado con holgura el derecho de que sus logros sean evaluados más allá de su coexistencia con Lionel Messi.

Menos que una analogía fecunda, desde cierta perspectiva el juego de espejos con el rosarino asoma como una superficialidad y una minucia.

No se trata, ni de lejos, de impugnar cualquier tipo de semejanza entre los dos futbolistas más trascendentes de este tiempo.

En el contexto adecuado y en la sintonía adecuada, bienvenido el juego de las vidas paralelas, pero tampoco es arbitrario o imprudente dar al delantero luso un lugar sustantivo y primordial.

Ni hablar en estos días, cuando sus goles al Inter de Milán lo impulsaron a la palestra del Guinness dorado del fútbol.

¿Qué más da si superó o no superó al austro-checo Josef Bican como supremo goleador histórico?

¿Qué más da el escozor, fundado o no, de los historiadores deportivos del Brasil y sus números de Pelé?

CR7 ha naturalizado lo que escapa de los casilleros, de los catálogos, lo fácil de reconocer: ha naturalizado lo extraordinario.

Debutó en la Primera del Sporting de Lisboa a los 17 años y, cuando pasó al Manchester y se convirtió en el primer portugués en llegar a la Premier League, la prensa británica se preguntaba hasta dónde llegaría ese muchacho que había fascinado a Sir Alex Ferguson.

Brilló con la camiseta del club de Old Trafford y cuando Real Madrid compró su ficha en una cifra récord muchos consideraban que era una apuesta arriesgada y onerosa.

En la "Casa Blanca" forjó altas cumbres, ahí se quedó hasta que un buen día sintió que necesitaba nuevos y mejores desafíos y cuando recaló en Turín no faltaron los maledicentes que pretendieron tirarle los almanaques por la cabeza.

Pues bien: animal deportivo si los hay, entrenado, afinado, afilado y juramentado hasta por las dudas, Cristiano persiste en un nivel tal que convierte las enumeraciones y los números en un rosario de virtudes.

Seis veces máximo goleador en un año calendario; único en haber convertido más de 50 goles en seis temporadas; único en hacer goles en todos los minutos del 1 al 90; primero en anotar a todos los rivales en una temporada y máximo anotador de la

Liga de Campeones y del Mundial de Clubes, entre otros registros.

Máximo goleador en la historia con 102 dianas, 55 más que Pauleta, 61 más que el legendario Eusebio y en la Juve va por 87 en 112 partidos, y contando.

Disfrutemos a CR7 mientras podamos: por amor al fútbol, nada más ni nada menos. (Télam)