(Por Walter Vargas) La buena campaña que está llevando a cabo Aldosivi de Mar del Plata viene a desayunar al fundamentalismo de la patria futbolera con una verdad que suele ser despreciada o negada: jugar bien, lo que se dice bien, puede derivar de caminos variopintos.

En este caso específico, el del novato Fernando Gago (con edad para jugar unos cuantos años más si las lesiones sistemáticas no lo habrían mellado y fustigado), que su equipo juegue como está jugando es fuente de un ideario no necesariamente obvio: la pelota, cuánto más redonda, mejor.

Cuánto más redonda, mejor, equivale a dar rienda suelta a los de mayor riqueza técnica y fomentar que todos, incluso los menos bendecidos por las destrezas, se animen a ser mejores, aunque más no sea un poco mejores de lo que eran.

Y esa premisa, he aquí un valor de relevancia, al servicio de la sagrada bandera del colectivo: pasársela a otro mismo color de camiseta y tratar de recuperarla lo antes posible para volver a la circulación de lo propio.

Pero no, conste, ir en pos de la recuperación de la pelota con esa mezcla de frenesí y de ansiedad que, por ejemplo, sufren los equipos de Marcelo Bielsa cuando no están en su mejor día.

Aldosivi, el Aldosivi de Gago, sin declinar una cierta intensidad tiende a repliegues, escalonamientos y coberturas ordenadas.

(Si alguien va al anticipo, y pierde, que los llamados “bloque medio” y “bloque bajo” estén más aptos para neutralizar el ataque del rival).

Está claro que Aldosivi no siempre lo logra, que son mecanizaciones perfectibles y todavía falibles, pero sí es un hecho comprobado que lo logra en dosis mucho más apreciables que en el torneo anterior.

Dirá, algún menottiano de pocas pulgas, de los que más temprano que tarde se inscribieron en el Club de Admiradores de Gago, que en definitiva hace rato que Aldosivi juega de ese modo (tac, tac, tac, tac, pelota al ras, al pie), sólo que antes perdía más seguido y ahora no es cuestión de aplicar la pragmática vara del “resultadismo”.

¡No, señor! La idea primigenia de Gago es la misma, pero su desarrollo, su capacidad de ejecución y su entidad han mutado.

No se trata de que ahora juegue bien sólo porque gana seguido.

Más bien es la inversa: ahora gana seguido porque juega bien.

¿Y que será jugar bien desde la perspectiva de todo buen DT?

Marcar un rumbo definido, dotar al equipo de un funcionamiento aceitado, convencer a los jugadores de dar el 100 por ciento de su potencial, estimular la confianza y la juramentación, ofrecer herramientas y respuestas a los problemas que se presentan, promover la eficacia de los tres elementos que más cuentan en el fútbol (relación con la pelota, con los espacios y con la complejidad de todo deporte de oposición directa) y, desde luego, elevar la vara en las áreas.

La impronta de un equipo se concibe en el medio campo, pero las habas que más cuentan en el fútbol se cuecen en las áreas.

Antes Aldosivi era vistoso… pero no jugaba bien, porque jugar bien es atacar bien y defender bien.

Ahora ataca mejor, defiende mejor y en todo caso se perfila como un buen equipo que es vistoso por añadidura.

En cualquier caso, aunque ya se le dio la bienvenida en su oportunidad, se celebra que Gago haya saltado las arenas de la conducción de un plantel en un escenario, como el del fútbol argentino, necesitado de jerarquía para organizar, postular, pensar y hacer. (Télam)