Diego Maradona se convirtió en el ‘10’ conductor (por momentos, lujoso; en otros, laborioso) de un seleccionado argentino juvenil que desplegó toda su magia y se erigió en equipo indestructible en aquel Mundial Sub ’20 Japón 1979.

El crack de Villa Fiorito, que hoy falleció a los 60 años víctima de un infarto masivo, ya lucía a los 19 esa condición innata para transformarse en líder futbolístico y de carácter para un equipo que empezó a moldear en 1978 el genio de Don Ernesto Duchini, que supervisó los primeros entrenamientos en el ViejO Gasómetro, la cancha de San Lorenzo.

Ese equipo argentino generó lo que nunca antes había generado otro: el pueblo futbolero interrumpía la noche y se levantaba a observar por la TV en blanco y negro a un conjunto al que César Luis Menotti le puso su sello para conducirlo.

Diego fue siempre la luz más nítida de un combinado albiceleste que alcanzó la maduración en la Copa del Mundo, luego de haberse clasificado subcampeón en el Sudamericano jugado en enero del ’79, en Montevideo.

“Hubo un amistoso que jugamos en octubre del ’78, en el estadio de San Martín de Tucumán, contra el Cosmos de (Giorgio) Chinaglia, Carlos Alberto y (Franz) Beckenbauer”, contó Osvaldo Escudero, integrante de aquel seleccionado juvenil en Japón ’79 y que supo ser compañero de Diego en el Boca campeón del Metropolitano 1981, con Silvio Marzolini como DT.

“Terminó el partido y (Franz) Beckenbauer fue al vestuario a saludar al ‘Flaco’ Menotti para felicitarlo y para anticiparle que ese equipo iba a ser campeón del mundo en Japón”, agregó el otrora delantero, hoy con 60 años, en un texto que recogió el libro ‘D10S, miradas sobre el mito Maradona’, escrito –recientemente- por el periodista platense Julio Ferrer.

“Diego, adentro de la cancha, era el líder. Era una maravilla jugar al lado de él. Además de ser un genio con la pelota tenía una entrega absoluta para el equipo, con un temperamento ganador tremendo, con mucha personalidad”, agregó el jugador que surgió en las divisiones formativas de Chacarita Juniors.

En ese Mundial Japón ’79, Argentina arrancó con una rotunda victoria sobre Indonesia (5-0), en la ciudad de Omiya, con tres goles de Ramón Díaz y otros dos de Maradona, que se erigió en el verdadero titiritero del equipo vencedor que liquidó todo en los primeros 40 minutos, en los que marcó todos sus goles.

Yugoslavia, el segundo adversario del grupo, era el rival a vencer. Y un triunfo ajustado 1-0, con gol de Escudero, marcó que el equipo estaba por el buen camino.

La zona D de esa Copa del Mundo se completó con un éxito 4-1 sobre Polonia, en un partido que Maradona jugó “porque él mismo se lo suplicó a (César) Menotti”. El ‘10’ convirtió un gol, hubo otros dos de Gabriel Calderón y el restante de Juan Simón.

“Ni Argentinos ni la Selección Mayor conmigo alcanzaron la sincronización, el equilibrio y la personalidad y no tuvieron el gol de ese equipo de Menotti. Y no lo digo por compromiso porque César nos dio a todos confianza, fe, en el fútbol que llevamos dentro, nos dejó libertad para crear”, contó oportunamente Maradona en el libro ‘El fútbol del sol naciente’, escrito por el periodista Guillermo Blanco, en ocasión de la conmemoración del 40mo. aniversario de aquella gesta argentina en el continente asiático.

En el partido de cuartos de final, ante Argelia (5-0), con el encuentro ya definido, el entrenador Menotti resolvió el cambio a los 12 minutos del segundo tiempo: el ingreso de Juan José Meza por Maradona.

“Diego tenía una calentura bárbara, desde el banco lo miraba y se le salían los ojos”, contó Marcelo Bachino, también componente de ese plantel.

En la semifinal, Argentina se cobró revancha de Uruguay del Sudamericano y lo derrotó por 2-0, con un tanto de Ramón Díaz y otro de Maradona.

Y en la definición, ante la Unión Soviética y ya en el estadio Nacional de Tokio, el equipo albiceleste se impuso por 3-1, a pesar de quedar en desventaja apenas comenzada la segunda parte.

Un penal de Hugo Alves, una corrida del ‘Pelado’ Díaz y un magnífico tiro libre del ‘10’ rubricaron la victoria de un equipo que enamoró a la distancia y que dejó un recuerdo imborrable en cualquier aficionado futbolero argentino.

(Télam)