Aunque logró publicar en Uruguay, en España y ahora llega a la Argentina con dos de sus novelas, el escritor uruguayo Daniel Mella asegura que no vive de sus libros. Sin embargo confiesa su fascinación por el proyecto Orsai que recurre, en algunos casos a la recolección de fondos y en otros a la venta directa de libros para garantizar al lector un porcentaje mayos del precio de tapa.

-T.: ¿Se gana dinero con la literatura?

-D.M.. Mucha gente gana mucho dinero con la literatura. La mayor parte del dinero que yo gano con la literatura viene de los talleres literarios que doy, no de la venta de los libros. No hice la matemática, pero supongo que menos del tres por ciento de la plata que saco de la literatura la saco de la venta de libros.

-T.: Elegiste reeditar las dos novelas en Editorial Orsai, que tiene una relación particular con los autores: menos distribución pero más regalías. ¿Por qué?

-D.M.: Publico con Orsai porque los admiro, porque me fascina el proyecto. Admiro a Hernán (Casciari) como escritor en primer lugar, y me parece jugado cómo se planta frente a la industria del libro, que es una estafa a la que la mayoría de los escritores condescendemos porque no nos queda otra. Diez por ciento nos llevamos de cada libro vendido, y eso en el mejor de los casos. Hay editoriales que te pagan el ocho. Dicen que Orsai tiene menos distribución. Sin embargo, yo he vendido más libros con Orsai que con las otras editoriales argentinas que me han publicado y que funcionan del modo tradicional. Los de Orsai me hacen una liquidación mensual. Me mandan un mail todos los meses con el detalle de cuánto vendieron online, en su propia tienda y en otras librerías, y me hacen llegar el dinero correspondiente. Eso es inaudito. Lo común es que tengas que andar rogándoles a las editoriales para que te hagan las liquidaciones.

Además las cláusulas del contrato están diseñadas para que ni siquiera exista la posibilidad de que te pelees con ellos. No firmás exclusividad, por ejemplo. Yo puedo publicar "Derretimiento" o "Visiones para Emma" con cualquier otra editorial de forma simultánea y a ellos ni les va ni les viene. No se aseguran preferencia sobre mi próximo libro, cosa que la mayoría de los contratos tradicionales intentan asegurar. O sea, realmente piensan en el autor por encima de todo, y eso es único. El respeto con el que tratan el libro, desde los materiales, los diseños, la manera en que lo promocionan. Parecen gente informal, pero eso es mera apariencia. Son lo más profesional que conozco. Lo que pasa es que se divierten en grande, siguen sus propias reglas, y yo quiero formar parte de algo así, creativo, libre y con corazón.

(Télam)