Los brasileños Ailton Krenak, filósofo y activista indígena; y el historiador Yussef Campos conversaron hoy con representantes del Movimiento Campesino de Santiago del Estero (Mocase) sobre patrimonio, trabajo comunitario, el fetiche de los objetos y la aniquilación de quienes los producen, en la segunda jornada del encuentro "Los Patrimonios son Políticos" que se realiza en esa provincia.

Con la moderación del periodista y editor Diego Skliar, la charla "Hacia una ecología de los seres" abordó el derecho a las tierras ancestrales para preservar la transmisión de saberes de un modo de ser y estar en el mundo en un territorio que no es mercancía, desde una conciencia ecológica plena.

Dedicada al textil y las teleras, la tercera edición de las jornadas patrimoniales que reúnen artesanas de varias provincias e invitados internacionales bajo el nombre de "Textiles, vida y tramas", inauguró el segundo y último día con esta mesa en la que también estuvieron Cristina Loaiza y Sabrina Santacreu del Movimiento Campesino de Santiago del Estero (Mocase) y un público atento reunido en el auditorio del Centro Cultural del Bicentenario.

"La idea central de esta mesa es pensar cómo el extractivismo nos aleja de los sentidos culturales, nos despoja de valores, de cuidados del territorio", decía Skliar.

El diálogo abarcó los problemas de las políticas y economías extractivistas y cómo se enlazaron con los patrimonios que suelen estar, "a partir del discurso autorizado" -indicó Campos- apropiado por académicos y expertos. Por otro lado, la contradicción de tener que asumir modelos coloniales como el portugués y español, que invisibilizaron cosmovisiones de los pueblos, hacen perdurar esa narrativa colonial del sufrir, "algo que la gente no necesita", afirmó Krenak.

Ambientalista, escritor, poeta y activista del movimiento socioambiental de los derechos indígenas de Brasil, Krenak propuso lograr "nuevos tejidos para soñar mundos" y trazó un contexto sobre la exclusión de la sociedad brasilera de los más de 200 pueblos y etnias con sus distintas perspectivas de entender el mundo.

Para el brasileño, la herencia colonial produjo "un prejuicio histórico y no podemos sublimarlo, tenemos que recordarles todo el tiempo a los no indígenas que su matriz cultural imprimió prejuicios en nuestra experiencia de vida, lo que afecta nuestra relación con nuestra madre, la tierra ".

En ese sentido, sostiene que la noción económica transforma a los países "en verdaderas mercaderías" donde "la vida de nuestras comunidades no valen nada".

"La gente vive en pánico por la economía, y para salir de eso hay que establecer un vínculo estrecho con el territorio", apunta y afirma: "La vida no puede ser reducida solo a esa disputa económica, política. Nos hemos transformado en personas tan asustadas dentro del mundo", cuando la vida tendría que celebrarse.

Krenak cuestionó la idea de productividad: "No tenemos que ser productivos en nada. La idea de que un niño debe ser productivo para justificar su estar en el mundo es cruel", porque la vida "no es un proyecto".

Campos planteó la contradicción de llamar patrimonio a objetos como las pinturas corporales de los wajapi que son patrimonio de la humanidad para la Unesco cuando "estos indígenas que producen patrimonio no tienen su tierra".

Por otro lado, está ese discurso simbólico hegemónico que se vanagloria de tener un patrimonio cuando las "comunidades no tienen emancipación, ni siquiera el derecho de vivir". dijo Campos. Y concluyó: "por supuesto el patrimonio es político, es cruel, sólo existe porque existen disputas, conflictos. ¿Hay forma de pensar el patrimonio sin su materialidad?".

Por otro lado, la presencia del Mocase, con campesinos e indígenas que con más de 32 años surgieron al calor de defensa de su tierra ante los desalojos intensificados por el boom de la soja, señaló otro modo de estrategia para hacer frente al extractivismo.

La organización construye en comunidades campesinas y espacios urbanos en 25 de los 27 departamentos de la provincia, cuenta con miles de familias organizadas por la agroecología y defensa de las semillas, y la defensa comunitaria.

"El territorio no es solamente la tierra, es la vida, formarnos dentro del territorio, conocer a otros a otras, trabajar el día a día, compartir con otros", contó Cristina Loaiza, integrante de ese movimiento.

"El patrimonio de la humanidad o político, como lo llamamos, es tener a la madre tierra a las manos de los campesinos. Porque si no tenemos la tierra no tenemos comida. La tierra, las plantas, eso serían nuestro patrimonio", concluyó. (Télam)