El relato que hace Alejandro Chomski sobre el derrotero que lo llevó a colaborar con el narrador estadounidense Paul Auster en un proyecto cinematográfico centrado en su libro "El país de las últimas cosas" merecería también una película, o una novela con reminiscencias del "Adán Buenosayres" de Leopoldo Marechal.

Cuenta Chomski que conoció a Auster a través del cineasta Jim Jarmusch y a éste, a través del serbio Emir Kusturica. Sucede que el argentino había viajado a estudiar cine en Francia cuando una especie de "madrina" del ambiente cinematográfico lo recomendó para ser el asistente de Luis Puenzo, que posproducía su película "La peste" en los estudios Billancourt en París.

"En el estudio de al lado editaba Kusturica y en el del otro lado Roman Polanski, y en los del piso de arriba Claude Miller y Patrice Leconte", recuerda el realizador, que por entonces se sentía en el Parnaso.

De aquella convivencia forzada durante el tiempo que duró la edición de la película de Puenzo surgió su amistad con Kusturica. "Puenzo le había ganado el Óscar a 'Papá salió en viaje de negocios' con 'La historia oficial' y Kusturica estaba fascinado con los argentinos. Hubo incluso un desafío futbolístico", recuerda Chomski.

Al despedirse del serbio, Chomski recibió una oferta insólita: acompañarlo a Nueva York, donde iba a filmar "Crimen y castigo" sobre la novela homónima de Dostoievski que iba a protagonizar Jonnhy Deep y aprovechar el tiempo para hacer un documental sobre el "making off" de esa filmación, realizada por un equipo de cineastas yugoeslavos, cuyo país se estaba desmembrando y sucumbía bajo las bombas del enfrentamiento en los Balcanes.

No dudó en aceptar y fue a Nueva York, pero la financiación para "Crimen y castigo" no salió y Kusturica lo invitó a acompañarlo a lo que quedaba de su tierra para hacer su célebre film "Underground". "Preferí quedarme estudiando cine ahí. Pero en el tiempo en que estuvimos juntos en Nueva York frecuentábamos a Jim Jarmusch que era muy amigo de Emir. Solíamos salir a tomar tragos juntos y terminé trabajando en uno de los cortos de su película "Coffee and cigarettes", reconstruyó en diálogo con Télam.

La relación con el realizador de "Flores rotas" se mantuvo y cuando se organizó la primera edición del Bafici, Chomski fue encargado de invitarlo a recibir un premio al cine independiente y de pasearlo por Buenos Aires durante una semana. "Le encantó el Tigre, el edificio Kavanahh e ir a comer a Il Matterello en La Boca porque es vegetariano", recuerda Chomski, que se esmeró en ser buen anfitrión.

Su hospitalidad durante esos días generó que cuando Paul Auster fue invitado a la Feria del Libro de Buenos Aires en 2002, Jarmusch le recomendase encontrarse con su amigo porteño. "Para mí fue increíble porque me llamó Paul Auster para tomar un café. Y estábamos ahí conversando cuando vimos pasar una caravana de cartoneros con carros y caballos, ya que eran los coletazos de la crisis de 2001. Nos pareció que lo que estaba sucediendo es lo que él contaba en "El país de las últimas cosas" y allí acordamos hacer la película para la cual me ofreció ayuda para hacer el guion", recordó.

-Télam: ¿Qué aprendiste sobre escritura a partir del trabajo de guión con Paul Auster?

-Alejandro Chomski: Mucho. Pasé un Año Nuevo en la casa de él escribiendo, y viajé siete veces a Nueva York para hacer distintas versiones del guion de "El país de las últimas cosas". De él aprendí la importancia de la brevedad y de la precisión en el uso de las palabras. Él escribía el guion con palabras más cortas que las mías. Era menos explicativo porque no hacía falta. Me di cuenta de que el trabajo del escritor es precisamente reducir la información lo máximo posible para no aburrir al lector, al mismo tiempo que paradójicamente le das la información que necesita. No sé si lo pude volcar en forma empírica en "El libro del desvarío humano" porque es mi primer libro pero lo tengo en la cabeza. (Télam)