Las pequeñas y medianas librerías definen catálogos en función de la propuesta editorial y literaria que busca acercar el espacio y al mismo tiempo dialoga con las demandas masivas que impone el mercado, ya sea con títulos bestseller o la enorme cantidad de novedades mensuales que llegan a mes a mes, sobre todo de las principales empresas del sector editorial.

Daniel Bucciarelli, responsable de Librería Superior, advierte que en esa confluencia "no hay que subestimar a los lectores. Son ellos, en toda su diversidad quienes verdaderamente dirigen el mercado de libros. Son las elecciones subjetivas de todos y cada uno de los compradores de libros las que finalmente establecen el catálogo. Las editoriales y los libreros cumplimos una función de filtro para orientar y asesorar pero de ninguna manera esto significa una imposición mercantil".

Por su parte, Carolina Silbergleit de Mandrágora considera que "el mercado es amplio y obviamente las selecciones siempre van a ser subjetivas. No deja de ser una actividad comercial y tenemos que vender. Quizá no estamos tan atentos a lo masivo y lo que ofrecemos en esta librería no son lo mismos materiales que se ofrecen en las grandes cadenas, o no exclusivamente". Se trata, dice, "de un ida y vuelta de oferta y demanda".

Como señala Carlos Morón, de Casa del Sol, tienen "un catálogo muy importante de las dos editoriales más importantes de Argentina, las cuales ocupan gran parte de nuestra librería, las cuales vendemos y además tienen libros muy buenos. Pero también hay muchas editoriales que nos parece muy importante poder mostrar esos otros autores. Tal vez es una venta menor, no con el apoyo publicitario que puedan tener las grandes editoriales, pero nos parece muy importante ofrecerle a nuestros lectores variedad. De eso se trata: de la diversidad bibliográfica. Eso habla del pluralismo y de lo que es la cultura".

"Sin duda, los libreros tenemos que conocer un poquito de todo: muchas veces nos preguntan si leemos todo, no, imposible. Son muy pocos los libros que uno puede leer en la vida, pensando en un adulto que lee 3 o 4 libros por mes. Pero los libreros tenemos que estar informados, leyendo las contratapas, las entrevistas, sabiendo las orientaciones de cada autor y tratar de sugerirle a ese lector que viene por un libro de ciencia ficción, una novela romántica o busca un clásico ofrecerle algo con honestidad. El librero no puede vender cualquier cosa, tiene que saber lo que está ofreciendo", agrega Morón.

Para Federico, que está al frente de librería Mendel, "el mercado siempre presiona. El mercado crea bestsellers. Las librerías independientes también vivimos de muchas de esas creaciones del mercado, o del algoritmo de turno, que poco difieren últimamente".

Como diferencia Luciano Guiñazú, "en cuanto a las imposiciones del mercado, digamos que existen las 'novedades' que son los libros que salen bastante en el día a día, y es algo que también tiene que estar en las mesas y en los anaqueles puesto que el público lector las busca. Pero en algún sentido, nuestra apuesta es también por un cierto anacronismo. Se supondría que en las mesas hay que poner 'lo que se vende'. Por el contrario, nuestra apuesta es, en medio del trajín de las novedades, también darle lugar a lo que perdura. Y al mismo tiempo contribuir a conformar una agenda de lecturas de dimensión emancipatoria en donde incluimos los históricos debates de las izquierdas, las cuestiones de género y los desafíos políticos por la igualdad".

A diferencia de esas librerías, La Coop, situada en el barrio porteño de Almagro, nació con la premisa de "ofrecer a lectoras y lectoras libros de calidad, que no suelen tener circulación amplia, y que muchas veces no se consiguen en grandes librerías o que, en el mejor de los casos, quedan relegados a un anaquel escondido". Por tal motivo muchos de los títulos de tinte más comercial o bestsellers quedan fueran de su órbita pero "no quiere decir que reneguemos de eso, de hecho, tenemos muchísimos libros publicados por grandes editoriales que consideramos valiosos y necesarios", aclara Hernán Brignardello.

"No creemos que el 'mercado' nos imponga nada. Es cierto que quizás podríamos vender más libros si hiciéramos otro tipo de elección. Por otro lado, las fronteras son cada vez más porosas y difíciles de identificar: hay libros y autores que en un momento son publicados por una gran editorial, después por un micro emprendimiento artesanal, y viceversa. Nuestro catálogo se construye de forma colectiva, a partir del diálogo permanente con lectores y lectoras, editoriales, distribuidores. Es un trabajo permanente de búsqueda y aprendizaje que, por suerte, nunca está terminado", concluye. (Télam)