(Por Eva Marabotto).- A diez años de la muerte de Caloi y a tres años de la primera edición de “Diario de un hijo”, el libro en el que testimonió a través de trazos el vínculo con el célebre historietista y dibujante, Tute tiene muy presente el legado que su padre le dejó: el oficio, el peronismo, el tango y además de "la felicidad de la historia compartida", la constatación de que pese a su temprana muerte tuvieron "una historia circular, de esas que comienzan y terminan" sin que queden "cosas pendientes”.

Aunque el papá de Clemente falleció el 8 de mayo de 2012, su hijo Juan Matías Loiseau recién logró hacer “un duelo dibujado” siete años más tarde. Eligió hacerlo del modo que mejor sabe y que más le gusta: en “Diario de un hijo”, publicado en 2019 y reeditado en 2021, relata la relación con su padre y todo lo que él le dejó, desde el humor gráfico al peronismo y los amigos compartidos.

“El libro surgió como una necesidad inmediatamente después de su muerte. Estaba en un bar en Santiago de Chile y apareció esa idea y empecé a dibujar en las servilletas. Me quedé hasta la noche y me traje a Buenos Aires un sinfín de papeles sobre lo que tenía deseos de dibujar: todos los pasajes de nuestra relación, de nuestra vida juntos, que me daban ganas de testimoniar”, cuenta a Télam el autor de “Superyo”, a la vez que confiesa que mientras armaba las viñetas para la obra también visitaba a su psicoanalista, por eso los diálogos con el terapeuta y también con su inconsciente están presentes en el “Diario de un hijo” como otras subtramas que le permiten procesar el dolor.

A una década de la muerte de Caloi y a tres años de la primera edición del diario, Tute tiene muy presente el legado que su padre le dejó: el oficio, el peronismo, el tango, pero va más allá: “La felicidad de la historia compartida. La suerte de haber tenido los padres que tuve y, desde un punto de vista más general: mi viejo me dejó la fe en que lo que los sueños se pueden convertir en realidad”, relata.

“Siempre vi a mi viejo soñar y conseguir que esos sueños que se materializaran y entonces ésa es una enseñanza que me dejó, que aprendí con su ejemplo”, dice.

Ese mismo ejemplo fue, en el principio, imitación. El Juan Matías de seis años pensaba que trabajar era dibujar, como testimonia su libro, y falsificaba dibujos de “Clemente” con la firma de su padre para cambiarlos en la escuela por figuritas. Con el tiempo, decidió que quería aquel oficio para él, aunque el mismo Caloi le recomendó seguir diseño gráfico. Felizmente Tute fue desobediente y ése fue el comienzo de una carrera que fructificó en quince libros entre historietas, poesía y otros géneros, publicados en la Argentina, y otros tantos en Brasil, Francia, España, México y Colombia; una página semanal en un matutino, un premio Konex y un puñado de personajes: Batu, Rubén y Mabel que están en el corazón de los argentinos.

El hijo de Caloi valora especialmente una muestra conjunta que logró hacer con su padre en España en 2009: “Afortunadamente, con mi viejo a pesar de su temprana muerte, tuve una historia circular, de esas que comienzan y terminan, cerramos un ciclo y no quedaron cosas pendientes”, describe, como si estuviese en el diván del analista. “Él me vio publicando con un estilo completamente diferente al suyo, es decir, habiendo encontrado mi propia voz, con lo cual creo que tuve la oportunidad de sentir el orgullo de mi viejo”, confiesa Tute, que llegó a trabajar codo a codo en el escritorio de al lado de su padre en el departamento que ambos compartieron un tiempo.

“Creo que durante mucho tiempo lo idealicé y lo tuve en ese lugar de héroe, pero eso ya lo trabajé bastante en terapia”, asegura el humorista gráfico, que incluye en su libro una viñeta de un inmenso Superman con los rasgos de Caloi. “Trabajé esa identificación y esa idealización. Busqué despegarme y aprender infinitamente de él, pero encontrar mi propia voz”.

En esa trayectoria de búsqueda de su identidad, el humorista y también compositor tuvo momentos tragicómicos, como el día en que su madre pensó que era suyo un dibujo que había hecho su padre, y otros emotivos junto a colegas y amigos de Caloi como Roberto Fontanarrosa y Quino.

El libro es una de las herramientas que Tute utiliza cotidianamente para hablarles a Dorotea, su hija mayor y a Olivia, la menor, sobre el abuelo. “Olivia no lo conoció. Ella no tuvo esa experiencia. Cada tanto salen anécdotas. Y mucho material filmado de entrevistas, de 'Caloi en su tinta', los libros de Clemente, de las páginas dominicales. Olivia está en contacto permanente con ese material y con esas historias”, cuenta el artista cuya obra es en sí un homenaje permanente a su padre. Uno de los tributos más emotivos que un hijo puede brindarle a su padre.


Mucho más que el papá de Clemente


Carlos Loiseau nació en Salta el 9 de noviembre de 1948. Publicó sus dibujos en la revista “Tía Vicenta”, el diario Clarín, y la revista “El Gráfico”. Es creador del personaje “Clemente” que, además de su tira cómica, tuvo sus cortos animados y una gran cantidad de merchandising.

En 1970 realizó "Las invasiones inglesas”, un cortometraje cinematográfico de dibujos. Algunos de sus dibujos fueron reproducidos además en Uruguay, Brasil, Venezuela, Colombia, México, España, Francia, Italia, EE.UU., Cuba, Bélgica, Alemania, Bolivia, Puerto Rico, etc.

Varios museos (Argentina, EE.UU., Suiza, Francia, Italia, etc.) exhiben sus originales y reproducciones en forma permanente.

En 1987 realizó entre otras una muestra retrospectiva de su obra, denominada "20 años no es nada" en el Centro Cultural Ciudad de Buenos Aires (Recoleta) en 1987. En 2004 fue una exposición sobre las tres décadas de su personaje denominada "Clemente 30 pirulos" en el Palais de Glace

En septiembre de 2009 concretó una exposición con su hijo Tute, "En el nombre del padre, del hijo…” en Alcalá de Henares, Madrid.

Además de humorista Caloi fue creador y conductor del ciclo de televisión "Caloi en su tinta", programa dedicado a la divulgación de cortometrajes artísticos de animación e historietas. También realizó un largometraje de animación "Anima Buenos Aires".

En 1998 el Correo Argentino publicó una serie de estampillas de Clemente. En 2006 el personaje sin brazos logró su propio monumento en una plazoleta que lleva su nombre ubicada en la localidad de Adrogué, Provincia de Buenos Aires. Desde 2004 Clemente, es “Patrimonio cultural de la Ciudad de Buenos Aires” y Caloi “Personalidad destacada de la cultura porteña”. En 2009 fue declarado “Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires”.

Falleció el 8 de mayo de 2012.

(Télam)