Entre las ficciones que tuvieron a Eva Perón como eje, el cuento "Esa mujer" de Rodolfo Walsh es uno de los más emblemáticos. En diálogo con Télam, Paola Cortés Rocca, Soledad Quereilhac y Juan Mattio intentan desentrañarlo y pensar su potencia para dar cuenta de la representación de la figura de la dirigente política en la historia argentina.

Mattio dice que Walsh "escribió un cuento perfecto en 'Esa mujer' y eso es, precisamente, porque es una obra maestra de la elipsis. Al cuerpo secuestrado de Eva se le adhiere la situación de censura y omisión sobre su nombre que plantea Walsh. Y, para desconcierto de quienes creen en el realismo político, esa condición fantasmal de Eva es mucho más poderosa y amenazante que cualquier hecho 'concreto' o inmediato".

"Hay un componente gótico en la imagen que fantasea el narrador: 'Si la encuentro, frescas altas olas de cólera, miedo y frustrado amor se alzarán, poderosas vengativas olas, y por un momento ya no me sentiré solo, ya no me sentiré como una arrastrada, amarga, olvidada sombra'. Vale preguntarse: ¿por qué el mero cuerpo de Eva escondía tanto poder?", reflexiona.

La misma cita del cuento del autor de "Operación masacre" que alude al secuestro del cadáver de Eva Perón, aunque su nombre nunca es mencionado, recupera Quereilhac, para graficar cómo en esa ficción "Eva es esa tormenta colectiva que saca al individuo de la sombra; es una causa, es bandera, es potencia política tan temida por sus enemigos que ni siquiera se animaron a desaparecer su cuerpo".

"En el relato de Walsh hay, de manera totalmente opuesta a 'Santa Evita' (que buscó claramente ser la superación de ese cuento, torpemente) un eficaz hallazgo de la técnica narrativa, una amalgama de forma y contenido, indisoluble. Walsh ha sabido encontrar la forma literaria para narrar esa experiencia particular y, como en los mejores cuentos, apelar a la brevedad y a la economía de recursos para proyectar el sentido en infinitos haces de luz", destaca la investigadora.

Sobre "la omisión estructural" del nombre de Eva en el relato, Quereilhac dice que el texto "logró transmitir la enorme potencia simbólica de su figura, su real trascendencia política, y la dimensión fetichista de su cuerpo, tanto para propios como para extraños. Walsh hace todo lo contrario de Tomás Eloy Martínez; mientras éste sólo detecta, con indisimulable misoginia, a la arribista resentida replegada en su propio yo".

En tanto Cortés Rocca considera que "la literatura es el lugar en el que mejor se pensó a Eva Perón por la potencia misma que tiene la literatura de producir sentidos a futuro. Si tuviera que elegir elegiría tres ficciones: el cuento de Walsh, el de Borges 'El simulacro' y el relato 'Evita vive', de Néstor Perlongher", dice.

"El de Borges es una gran clave del peronismo que entiende que el peronismo es una mitología, producción de sentido que pierde fuerza cuando deja de ser productor de relato, de símbolo, identificaciones e imágenes. El de Walsh es un cuentazo porque está en el filo de la ficción y la no ficción, es profundamente arriesgado que no trabaje con los sentidos previsibles sino a contrapelo poniendo a producir esa imposibilidad de nombrar. Justamente porque el peronismo es lo innombrable es lo que no deja de nombrarse todo el tiempo. Ese cuento también territorializa a Eva, la busca como quien busca un punto en el mapa y entonces esa idea de que Eva es un territorio está en ese cuento", agrega.

Pero considera como "el más relevante" el de Perlongher "porque -resalta- la vuelve parte del presente, ya que lo que está en juego no es ni la Evita eterna, ni la que volverá y será millones, ni el cadáver que se roban los militares y que anticipa lo que va a ser el tráfico y la desaparición forzada. En el cuento de Perlongher es distinto: es una Eva que vuelve muerta, como zombie y se le aparece a los nuevos subalternos, tiene como interlocutores a los jóvenes que fuman porro, a las maricas perseguidas por la policía".

"Vuelve como símbolo, imagen, memoria y le habla a nuevos sujetos. En esa línea se puede leer también alguna imagen de Eva con el piercing o el pañuelo verde. Es una Eva que reaparece a los nuevos sujetos populares del presente. La ficción literaria la arranca de su tiempo y la piensa como una figura que sigue interpelando al presente: qué pasa con una mujer que está en un lugar que no le corresponde del todo, que se lo ganó todo a los empujones, qué cosas pediría, de qué manera patearía el tablero hoy una figura así", plantea Cortés Rocca. (Télam)