Los periodistas Martín Rodríguez y Pablo Touzon compiladores del libro "¿Qué hacemos con Menem?" dan cuenta, a través de las voces de distintos autores, del contexto político en el que surgió el menemismo, los hechos de corrupción y el rol de periodismo en esa época, al que Touzon considera "el colectivo más prestigioso para toda la sociedad argentina en los noventa".

En diálogo con Télam, Touzon aborda estos aspectos, contenidos en el libro publicado por Siglo XXI.

- Télam: La elección de un candidato habla mucho de la sociedad que lo elige. "Fue el primer peronismo de mayoría silenciosa", dice uno de los artículos. En el caso de Menem ¿Qué evaluación hacés de la Argentina de ese momento y qué otro proyecto político se podría haber instaurado?

- Pablo Touzon: El 89 es clave: cae el Muro de Berlín y cae el “Muro del Estado” en Argentina. Este es un punto central: Menem no llega en 1955, en 1976 o ni siquiera en 1983. Llega en un momento en donde el Estado argentino había colapsado, que no controlaba ni a su moneda ni a sus fuerzas armadas, dos de las dotaciones que constituyen lo más elemental que puede pedírsele a un Estado. Menem llega después de que ese estado de las cosas del siglo XX argentino había estallado por los aires, y tiene que reconstruir el Estado, más que reformarlo. Un Estado neoliberal, a tono con todo ese decálogo típico de los primeros años 90 en el mundo, y con todos los problemas que ya conocemos que tiene ese paradigma, pero un Estado al fin. Tal vez, en ese marco histórico, el único posible. Algo de eso ya se venía respirando, con los intentos privatizadores de Terragno y Alfonsín, el auge ucedeista y la campaña angelocista del “lápiz rojo”, por eso dudo que otros gobiernos hubiesen sido radicalmente distintos en sus orientaciones centrales. Sí que hubiesen sido probablemente menos extremos en su proceso de conversión, tal vez porque ninguno de ellos necesitaba deshacerse de la desconfianza que implica ser un “Tigre de los Llanos” peronista.

- T: Otra de las cuestiones a las que Menem echó mano fue al discurso del olvido y del perdón, lo que generó profundas grietas al querer dejar atrás el terrorismo de Estado y las violaciones de los Derechos Humanos, y llegó hasta la "reconciliación" con el almirante Rojas. ¿Qué ámbitos de resistencia surgieron para enfrentar ese discurso?

- P.T: Creo que Menem, en ese sentido, fue mucho menos innovador. En la América Latina de esos tiempos -y tal vez en el mundo si incluimos los procesos de “olvido” que se dieron en los países ex comunistas- la norma era conseguir la paz, el fin de todas las guerras civiles, a través de la impunidad. La excepción en realidad –una hermosa excepción- fue el Juicio a las Juntas, no el indulto. Menem se inserta, una vez más, en ese viento de época. Abramos el álbum de fotos de los noventa: Arafat y Rabin, De Klerck y Mandela, todos los premios Nobel son Nobel de la Paz. El fin de la Historia implicaba de alguna manera el fin de los conflictos, bajo el paraguas de una nueva Pax americana y de una nueva economía globalizada. El abrazo a Rojas de Menem, un ex preso político, tiene algo de eso: como si dijese, este el "fin de la historia argentina", y lo traigo yo acá abajo del poncho. Indulto militares, indulto Montoneros, me indulto también, quizás, a mi mismo.

Buena parte de la primera resistencia al menemismo se organizó en torno al “Ni olvido ni perdón”, o de una paz que sonaba tal vez demasiado a una paz organizada, como siempre sucede, por los vencedores. El kilometro cero del antimenemismo se construye en una oposición frontal a este proyecto en una asociación de palabras que haría historia: el menemismo como impunidad. Mucho antes que la oposición a un proyecto socioeconómico en el sentido estricto, hay una oposición a esta transmutación radical de la cultura política argentina y lo que implicaba.

-T: Durante el menemismo se dio la farandulización de la política, el apoyo al modelo desde diferentes programas televisivos y medios, así como el surgimiento de un periodismo crítico. ¿Qué consecuencias dejó a futuro en cuanto al vínculo de medios y política?

- P.T: Hay un mapa de medios que se reorganiza radicalmente a través de las privatizaciones de los medios públicos, que construye nuevos jugadores y amplifica otros, como en el caso de Clarín. La casi totalidad de los canales de televisión antes de 1990 eran estatales, en una era previa a Internet. Sin embargo, no creo que ese origen explique el devenir de la relación entre estos grandes medios y el menemismo en su totalidad. Con Clarín, por ejemplo, un gran baluarte político de la construcción de la Alianza entre la UCR y el Frepaso después de la segunda mitad de la década, Menem supo tener una relación bastante conflictiva, al punto de que una leyenda urbana verosímil de la etapa del conflicto entre el kirchnerismo y Clarín sostenía que Néstor Kirchner decía: “A mi estos no me van a hacer la misma que le hicieron a Menem”.

La oposición al menemismo construyó tal vez la que fuera la era dorada del periodismo independiente en Argentina. Los periodistas fueron en los noventas el colectivo más prestigioso para toda la sociedad argentina, medido persistentemente en todas las encuestas. El desparpajo de la corrupción menemista –menos “canuta” que la de décadas anteriores y posteriores- habilitó al crecimiento exponencial del periodismo de investigación y de publicaciones de todo tipo y color de corte progresista o al menos de un progresismo a la “liberal norteamericano” de la cual por ejemplo un gran exponente de esa época, como Jorge Lanata, se declara todavía tributario. El corte era otro, un antimenemismo transversal que habilitada amistades hoy impensadas: basta ver el elenco del programa "Dia D", con Horacio Verbitsky, Caparrós, Tenembaum, Zlotogwiazda y el mismo Lanata, todos en el mismo programa. A esa generación criada en la santa alianza contra el menemismo, el kirchnerismo la partió a la mitad. (Télam)