Tiene una mirada profunda y un conocimiento acabado sobre el trabajo textil y por eso propone un cambio de paradigma para que no sean los "académicos” quienes hablen de las teleras, tejedoras, cesteras, artesanas: "seamos nosotras, desde su territorio, las que le enseñemos al mundo lo que somos, si no lo hacemos, simplemente somos serviles de un pensamiento monocultural”, dice Elvira Espejo Ayca, directora del Museo Nacional de Etnografía y el Folclore de la Paz (Bolivia).

Elvira es investigadora, tejedora, artista, escritora y estuvo presente hoy en el encuentro federal “Los patrimonios son políticos: textiles, trama y vida”, que se desarrolla en el Centro Cultural del Bicentenario (CCB) de la ciudad de Santiago del Estero, junto a la periodista Luciana Peker, para presentar su experiencia con “La rebelión de los objetos” que lleva adelante en su país.

En la charla se muestra como una gran defensora de los orígenes latinoamericanos, de la identidad, de los saberes transmitidos de generación en generación y destacó la importancia del trabajo colectivo, de las luchas milenarias de los antepasados en defensa de su territorio y de las que aún faltan librar.

“Es importante una reflexión profunda desde el interior de nosotras, las tejedoras y tejedores”, remarca, y sostiene que “hay que construir teorías propias" para "decir lo que somos desde nuestro territorio".

“Es importante un cambio de paradigma, porque si no lo hacemos simplemente somos serviles de un pensamiento monocultural y repetimos una y otra vez bibliografías escritas por otros y eso es la academia, en la academia solo se citan entre ellos -añade-. Somos nosotras las que tenemos que mencionarnos -para eso está la oralectura, la historia oral-, tenemos que citar a nuestras abuelas, bisabuelas, tías, de quienes hemos aprendido nuestra herencia cultural amplia”.

Elvira dice: “es el momento de recuperar lo que hemos perdido" y "hay mucho que hacer”, durante muchos años "las comunidades fuimos objeto de estudio”, en las bibliografías de los años 70 y 80 es “cómo ellos nos miran, cómo nos estudian". "Tenemos que enseñar al mundo nosotras lo que nosotras somos”.

La terminología de lo textil en esos textos variaba tanto que la sorprendió y por eso, cuenta, trabajó junto a "900 tejedoras" con la que hizo "una sistematización de la cadena operativa que demanda entender toda la transformación desde la materia prima hasta el producto en acción" y todas "las terminologías" fueron "trabajadas en aymara, quechua" y luego "traducidas al español”.

Eso que se llamó "La rebelión de los objetos" generó "un nuevo planteamiento desde América Latina, un trabajo desde el pueblo”, indica Elvira, que permitió correr el foco y visibilizar o poner en cuestión las realidades de lenguas quichua y el aymara, así como su "cultura, tradición, religión", algo que no fue atendido por la academia. Todo eso, advierte, “genera un problema grande porque ayuda a la depredación del pensamiento local en términos epistemológicos y filosóficos”.

“La Rebelión de los Objetos es un cambio, es el pensamiento de la comunidad, en donde dice el textil: yo soy ciencia, soy tecnología, soy identidad, soy cultura, soy lenguaje. Yo soy economía, soy historia y todo este contenido te abre a una mirada amplia”, concluye. (Télam)