En su reflexión sobre el fenómeno Banksy, el académico Ignacio Soneira considera que no hay paradoja en lo que suscita el artista cuando denuncia al sistema pero sus obras cotizan en los más altos estándares del mercado porque "lejos está de tener esa característica antisistema" y destaca que "si hay una intención constante de discusión de la institucionalidad del arte es una propuesta muy interesante y sin duda lo hace uno de los artistas más importantes en términos contemporáneos en el mundo".

Estudioso del muralismo político, Soneira reflexiona sobre las particularidades de Banksy y este tipo de arte: "Las imágenes de Banksy tienen esa característica que parece que siempre se está burlando del otro, no de uno mismo, es fácilmente asimilable esa narrativa visual y por eso causa tanto furor, se viraliza, tiene tantos seguidores y también la estrategia que utiliza para mover sus obras son propias de la difusión del mercado", explica.

En su opinión, "la paradoja sería que un discurso que, en apariencia, tendría que facilitar que los individuos tengan una reflexión crítica sobre el sistema y asuman una actitud de conciencia y actúen en consecuencia, en realidad no tenemos pruebas de que ocurra. En definitiva, quienes sí se sienten identificados con esas imágenes y actúan en consecuencia en contra del sistema ya lo hacían antes de ver las imágenes Banksy. Si se quiere, reforzaron su imaginario con esa imagen".

Sin reducir la obra del artista urbano, a mero "agente del mercado que utiliza el discurso crítico porque eso vende más que pintar flores", el investigador señala que "si hay una intención constante de discusión de la institucionalidad del arte -destruir una obra en el marco de una subasta, colgar obras en museos prestigiosos, reírse del institucionalismo del arte, de los críticos y los consumidores- es una propuesta muy interesante y sin duda lo hace uno de los artistas más importantes en términos contemporáneos en el mundo, pero lejos está de tener esa característica antisistema y de tener, si se quiere, eficacia política por decirlo, en alguna medida".

Con el ascenso del valor de las obras, muchas de ellas han sido retiradas de la vía pública para las cuales fueron creadas para venderlas o exhibirlas en museos. En otros lugares se las protege contra vandalismos. Un ejemplo de ello es la niña con hula-hoop de neumático de bicicleta, frente a una bicicleta tirada y amarrada a un poste sin su neumático, que el artista pintó en octubre de 2020.

"Aquellos que hacen arte público, sea grafiti, stencils, murales, street art, hace rato que descubrieron que no es tan importante la ubicación de la pared y la visibilización que tiene para los transeúntes anónimos -que era un poco el imaginario tradicional del muralismo- sino que el lugar de circulación de esas imágenes son las redes sociales", explica el filósofo.

"Entonces -agrega- estos artistas pintan un mural en lugares con poca circulación, -porque los de gran circulación están copados por la publicidad- pero los mueven en las redes sociales donde tienen comunidades de miles de personas. Hace rato que el muralismo viaja, o si se quiere, está desarraigado de su contexto de origen. Eso no es algo nuevo y Banksy lo sabe muy bien. El 98% de la gente que ha visto imágenes de Banksy no las vio en el lugar donde las imágenes fueron realizadas".

Para Soneira esto es algo que Banksy tiene muy claro: "Hay obras que están preservadas patrimonialmente, algunos esténciles que se han conservado, y perdieron su carácter efímero, como muchas obras políticas de la historia del arte que se conservan y salen millones de dólares".

"Entonces, no sé si lo llamaría una falsa paradoja, me parece que lejos de ser una paradoja se asimila más a la constitución de una modalidad de consumo. El mercado construye identidades y modalidades de consumo para cada tipo de ciudadano. Y hay un sector del mundo que consume un discurso crítico al sistema y esto refuerza su identidad, pero en definitiva se mantienen siendo ciudadanos productivos que asisten a sus lugares de trabajo, que votan o no, que tienen hijos que compran productos, siguen siendo parte de la misma lógica del sistema", concluye. (Télam)