(Por Marina Sepúlveda) ¿Existen otros modos de pensar patrimonios y políticas en su territorio? es el interrogante que desde la práctica textil permite replantear la vida, lo comunitario y la cultura identitaria en la tercera edición del ciclo “Los patrimonios son políticos”, que entre hoy y mañana tiene lugar en Santiago del Estero con maestras teleras que cuentan su propia realidad como invitadas de honor y renuevan compromisos de textos hechos de tintas, lanas y tradiciones que comparten tramas con otras escrituras, hechas de letras y poesía.

El ciclo articula dos días de actividad que bajo el nombre de "Textiles, vida y tramas", se desarrollan en el histórico edificio que alberga al Centro Cultural del Bicentenario de Santiago del Estero, en la Madre de Ciudades, frente a la plaza Libertad. Se trata de un lugar de encuentro para compartir saberes ancestrales y actuales, modos de producción, sinsabores, alegrías, estrategias, y sobre todo, un espacio propuesto como articulador desde el área patrimonial del Ministerio de Cultura en conjunto con la provincia anfitriona, un trabajo en territorio que se impulsa en ese Norte Grande, como se define políticamente en estos días al "concierto de las diez provincias" del norte del país.

Las "maestras teleras" como las llama y reivindica la artista, tejedora y escritora boliviana Elvira Espejo -directora del Museo Nacional de Etnografía y Folklore de La Paz- a sus colegas, es atentamente escuchada y aplaudida por un auditorio nutrido. El encuentro, que trasciende la habitualidad acostumbrada de las ferias de venta, tiene para las tejedoras un reconocimiento propositivo que impulsa un sistema de sustento económico que desde lo comunitario reconecta esa urdimbre social destruida por el individualismo y los modelos extractivistas de producción que asolan montes y climas.

Como parte de las coincidencias planteadas en la primera jornada está el "poder contar desde nosotros lo que hacemos", y también el descartar intermediarios -algo logrado en parte como producto de la pandemia-, porque eso implica perder identidad y autoría de prendas que otros revenden a su provecho, desde mantas, ponchos, sobrecamas, alfombras tapices hasta ropa, con materiales producidos, recolectados en el monte o adquiridos en general de modo local, y procesados según una tradición que pervive.

Las artesanas del textil o teleras como se las denomina por el trabajo en telar o las cesteras de las provincias de Santiago del Estero, Catamarca, Chaco, San Juan, Jujuy y Formosa confluyen en un auditorio repleto y atento, emocionado por momentos, y dialogan, intercambian, aunque también cuestionan los modos de abordaje ajenos a sus vidas donde otros se quedan con un crédito no merecido.

El encuentro se inscribe en esa revalorización que de un tiempo a esta parte está teniendo el textil, no el industrial, sino el tradicional y el estructurado desde lenguas como el quichua cuyos vocablos se filtran en las presentaciones y la búsqueda de prendas "orgánicas", casi en paralelo con esa "conciencia alimentaria" libre de agrotóxicos.

Pero en Argentina, a diferencia de Bolivia, en general la actividad de telar la llevan a cabo las mujeres como sustento, así como también el espacio y tiempo de cuidado del hogar y crianza de los hijos.

Norma Ramírez, que acompaña hace 40 años la asociación de teleras conformada por 63 mujeres y ubicada a unos 90 kilómetros de la ciudad de Santiago del Estero cuyo nombre traducido es "Tejiendo vivo", relata que hace unos cuatro meses recibieron en el monte la visita de responsables de la preservación del patrimonio: "Sé tejer, no vivo de eso. Nos sentimos orgullosas que nos inviten, estar presentes en un encuentro así porque estamos acostumbradas a participar en ferias pero no en un encuentro compartiendo experiencias, enseñanzas. Es una emoción, una experiencia muy distinta", dice, sobre este interés institucional de orden nacional y provincial por la asociación donde tejen lana e incorporan el algodón que trabajan en telar criollo.

Sobre la revalorización del "arte textil" Ramírez dice que "hay chicas jóvenes que están orgullosas de ser teleras de la base de la abuela" y que hay "otras chicas a las que no les gusta, así como hay madres que no les gusta ni el huso, pero todo nace de cada uno, de su mentalidad". Y agrega: "Ellos (por el gobierno provincial y nacional) quieren que no se muera esto, que siga adelante, a flote, sí es difícil la venta". Y relata Ema Rodríguez, una de las teleras que está a su lado: "Primero he tejido para criar a mis hijos, cambiaba por mercadería, ahora tejo, quizás no necesito tanto porque soy jubilada, mis hijos son grandes, pero mi pasión es tejer".

"La verdad que hace años de andar con Norma por las ferias, con los encuentros, por todos lados. A mí me encanta a pesar de mi edad ver, aprender, me gusta tejer y lo que más me gusta es hacer alfombras y siempre en los tonos naturales, color tierra. Vine a aprender", apunta Rodríguez.

Hilda Isabel "Chabela" Cabrera, del departamento de Jacha, San Juan, provincia donde usan lana de oveja, señala: "Este encuentro es algo muy especial porque venimos a aprender y a conocer y a tener contacto entre gente que uno realmente a veces no lo puede conseguir", explica desde una gran humildad y un rostro marcado por su sonrisa. Para ella como para otras mujeres, también el saber popular de su entorno implica el uso de los "yuyos", no sólo para tintes sino en su uso medicinal, en algunos casos.

Otra vertiente de ese entramado que se teje es el espacio renovado de las cartografías literarias, que dan cuenta de otras diversidades, sean territoriales o sexuales, una dimensión que también recupera este ciclo, en tanto mirada que prolonga debates sobre la despatriarcalización del arte y los patrimonios.

"Viviana Usubiaga (directora nacional de Gestión Patrimonial) nos decía, entre otras cosas, que en la producción textil de las teleras y tejedoras hacerse compañía, hablar, contarse cosas jugaba un papel importantísimo. En cierto modo me pareció algo muy similar a lo que hacemos quienes escribimos. Más allá del oficio en sí, leemos y escribimos de la mano de otrxs, en atención a lxs otrxs, con la sensibilidad apuntando un poco más allá de nosotros", dice a Télam el narrador Mariano Quirós, uno de los cuatro escritores invitados.

"Pienso que así en cierto modo queda mucho más en evidencia que no estamos solos. Que escribimos, trabajamos, nos frustramos y amamos en conjunto", apunta. Y agrega: "Leer y escribir también son maneras pienso, poniéndome muy cursi, de tejer un abrigo incómodo. Tal vez nos refugie del frío".

En cambio, Sergio Raimondi toma la voz guaraní "Ñandutí" (tela de araña), presente en su recién publicado "Lexikón", desde el que reflexiona sobre la contradicción del tejido y el texto: cualidades, desafíos y fragilidades porque, como dice, "un tejido es un pensamiento".

"Lo curioso es que, si en algún momento el tejido fue el modelo a partir del cual pensar el texto (eso está en la etimología), ahora es el texto el modelo para pensar el tejido. Y ahí hay una limitación, o al menos un problema. Porque más allá de que es casi imposible pensar el tejer sin la lengua, por un lado porque hablar es un modo de transmitir la técnica junto al conjunto de los gestos, por otro porque hablar con otras tejedoras es parte fundamental del ritual del tejido, finalmente el tejido es cualitativamente diferente a un texto", establece el Raimondi.

Y como desafío está distinguir "los términos para dar cuenta de esa cualidad diferencial del pensamiento del tejido", porque "es algo que pareciera estar exigiendo una comprensión en sus propios términos". Y prosigue Raimondi:"¿Qué pasa si no se trata de volver perdurables los tejidos sino de intentar comprender lo patrimonial también en términos de lo efímero y de lo frágil? Porque en ese carácter de lo efímero también hay una enorme fortaleza. Una fortaleza conjugada desde otro modo de la experiencia, desde otro entendimiento del mundo", reflexiona.

Sin un número preciso aún sobre la cantidad de personas dedicadas al telar en la provincia de Santiago del Estero, Alejandro Yocca, director de Patrimonio Cultural, arroja luz sobre la importancia económica y cultural de la producción textil y este universo patrimonial.

El historiador se remonta a 1587, año en que se realizó la primera exportación de Argentina al exterior de tejidos de algodón y lana de ovejas, entre otros, "producidos en telares españoles". Precisamente, esa primera exportación considerada como inicio del comercio internacional del país se celebra el 2 de septiembre como "Día de la industria".

"De alguna manera es muy singular que en Santiago del Estero todavía en estos días nuestras teleras esquilen las ovejas, produzcan el hilo, lo trencen, tiñan y luego los entramen, algo muy vinculado también con el uso de la lengua quechua que se usa para nombrar los partes del telar, las formas de trabajo y que hacen a la cultura de la familia de las asociaciones, agrupaciones, cooperativas de teleras hoy en Santiago", sostiene.

Yocca asegura que el encuentro que tendrá lugar hasta mañana es "una oportunidad ideal de mejorar la gestión pública de la cultura en una provincia que estuvo postergada económicamente, con sus arcas vacías, que no tenía demasiada inserción en el mercado internacional, por lo tanto sus estructuras de gobierno también en lo cultural se han desarrollado de manera tardía, pero hay un gran entusiasmo", porque como advierte, "la propuesta implica acompañar a la gente para que pueda vivir mejor". (Télam)