Con la publicación de "El segundo sexo en el Río de la Plata" compilado por las investigadoras feministas Mabel Bellucci y Mariana Smaldone, surgen interrogantes sobre el feminismo en Argentina, desde la búsqueda de genealogías posibles a partir de las huellas del pensamiento de Simone de Beauvoir hasta la resignificación de su célebre "no se nace mujer, se llega a serlo" que postula la escritora francesa en "El segundo sexo" de 1949 y recoge el nuevo libro.

Bellucci explica que "no existe un solo feminismo, sino feminismos, en plural", como "un movimiento de movimientos, con una infinidad de corrientes en su interior" donde pueden darse desencuentros. Y a modo de ejemplo dice que "el feminismo queer viene a implosionar al sujetx políticx del feminismo hegemónico" -corriente en la que se inscribe-, donde "el sujetx ya no es la mujer, al ponerse en cuestión el binarismo sexo-generizado".

"Además, cuando los sujetxs políticxs empiezan a implosionar, los discursos comienzan a tomar nuevos rumbos. Entonces, el concepto mujer ya no vale, porque remite a una única opresión, pero no hace referencia a las otras (clase, etnia, raza, etaria, región). Los feminismos, como cajas de herramientas teóricas y de prácticas político/afectiva, representan un paraguas para toda subalternidad, para todo cuerpo abyecto", plantea.

En la compilación, las compiladoras recuperan las genealogías por las que se sienten interpeladas "como feministas queer, antirracistas, anticapitalistas y anticoloniales", indica Bellucci.

Por otro parte, manifiesta su desacuerdo en "englobar monolíticamente a los feminismos" en lo que se conoce como Segunda Ola", porque "los feminismos son internacionalistas, rompen muros permanentemente, y la noción de ola se introduce de Estados Unidos principalmente"; no tiene en cuenta los procesos distintos entre norte y sur por lo que encarna "una mirada colonial". Mientras "los feminismos centrales se expandían, en los 70, los de América Latina y el Caribe atravesaban procesos de dictaduras cívico-militar, con excepción de México, Cuba y Venezuela. La ruptura institucional impidió construir una genealogía del activismo feminista, como de otros recorridos militantes, en nuestro continente", explica.

A su vez, indica que el ensayo de Beauvoir "se inserta dentro de una genealogía feminista que define la producción de textos como un modo de intervención política activa", por lo cual "armar genealogías es volver la mirada al acto político y teórico de nuestrxs antecesorxs que no imaginaron la trascendencia que tendrían sus estrategias a futuro", señala Bellucci.

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¿Qué rastros podemos encontrar en la obra de la pensadora francesa? "La recepción y resignificación de la obra de Beauvoir, de sus ideas, su praxis política y también de su modo de vida amorosa (con Sartre, con el poeta Nelson Algren y con otres), fue muy diversa y hasta contradictoria. Además del impacto que 'El segundo sexo' tuvo a partir de los años 70 en los movimientos de liberación de las mujeres, principalmente en Francia y Estados Unidos, se hallan rastros de su pensamiento y su posicionamiento político en notas periodísticas, reseñas, entrevistas, cartas y escritos literarios de diversos géneros, particularmente en la ensayística y escritos de memorias autobiográficas"; algo rastreable desde fines de los 40 en las producciones de Argentina y Uruguay, explica Smaldone.

Es así que, María Rosa Oliver, Victoria Ocampo, Idea Vilariño, Emma Barrandéguy, Aurora Bernárdez, Silvina Bullrich, Ida Vitale, Clara Silva, Leonilda González, Teresa Trujillo, Alejandra Pizarnik y las autoras del Diario Colectivo: María Inés Aldaburu, Inés Cano, Hilda Rais y Nené Reynoso, están permeadas "en sus ideas y producciones" por el pensamiento de Beauvoir, ejemplifica.

Las ideas de la escritora francesa se pueden "encontrar en debates y análisis sobre la opresión patriarcal de las mujeres, especialmente por el rol de esposas y madres (la maternidad como "destino biológico"), el malestar y el cuestionamiento de las jerarquías entre varones y mujeres, la heteronormatividad o la monogamia, y la búsqueda de autonomía económica y la libertad política y sexual". Y se explaya: "Su legado se encuentra en un amplio espectro de la teoría y la filosofía feminista y de género, o también en los estudios sobre las sexualidades, incluso porque se pone en discusión sus ideas y filosofía como puede verse, en el feminismo materialista, el feminismo de la diferencia y en la teoría queer".

¿Qué significa la frase tan repetida "No se nace mujer, se llega a serlo"? "Que la ´mujer´, en tanto ´otro´ u objeto del patriarcado, es una ficción o un constructo cultural y social, también atravesada dicha construcción por intereses económico-políticos: el de sacar réditos y subyugar a la otra mitad de la humanidad catalogada como otredad. Pero por esta misma definición, podemos deconstruirnos, transformarnos, proyectar nuestra autonomía, independencia y liberación: modos diferentes de ser sujetxs humanxs", indica Smaldone e invita a imaginar "la potencia de esta idea en el 49 y los años subsiguientes, tanto en Francia como en otras latitudes del mundo como en el Río de la Plata".

"En términos de Beauvoir podemos llegar a ser ´sujeto´, no solo de derechos, sino sujeto político y de conocimientos; cuando esto, como lo advierte en su época, era adjudicado al varón. El 'sujeto' es varón, y su alteridad, 'lo otro', es la mujer. Además, y esto es fundamental para entender la posterior creación de la categoría y la perspectiva de 'género', ya que no es lo mismo el sexo (biológico) o determinada anatomía, de lo que la sociedad hace de nosotras, de nosotrxs, y las caracterizaciones, el lugar o los roles asignados", explica. (Télam)