(Por Carlos Aletto). La nueva novela de Pablo De Santis, "Academia Belladonna", es un juego literario que recorre la iniciación en el crimen del joven Duncan Dix, quien desea vengar, aparentemente, la muerte de sus padres, por eso inicia su recorrido en un pequeño negocio de estampillas en la Londres de 1932 que lo comunicará con distintas "aulas" en lugares públicos de la ciudad.

Publicada por editorial Planeta, la historia tiene una trama que sorprende en todo momento al lector y muestra a un joven que dedica sus días a acomodar camisas en una gran tienda, mientras se encuentra con compañeros de la academia para ejercitarse en las diferentes clases de asesinatos. El vínculo entre la filatelia y el crimen es un tópico que reaparece en la novela de De Santis (Buenos Aires, 1963). El clásico enigma del cuarto cerrado surge como parte del aprendizaje y de la realización del hecho.

El crimen es un arte para aprender. Por eso los maestros de esta novela enseñan que la inteligencia y la originalidad son claves para consumir cada hecho. De Santis se reafirma con esta obra, que suma a las novelas "La traducción" (1998), "Filosofía y Letras" (1999), "El teatro de la memoria" (2001), "El calígrafo de Voltaire" (2002), "La sexta lámpara" (2005), "Los anticuarios" (2010), "Crímenes y jardines" (2013) y "La hija del criptógrafo" (2017), todas publicadas en el mismo sello. Mientras que sus cuentos están reunidos en los volúmenes "Rey secreto" (2005) y "Trasnoche" (2013).

Además es autor de literatura para jóvenes. Ha recibido el Premio Konex de platino 2004, el Premio Planeta-Casamérica 2007, el Premio de Novela de la Academia Argentina de Letras 2008 y el Premio Nacional de Cultura 2012, otorgado por el Ministerio de Cultura de la Nación y es miembro de número de la Academia Argentina de Letras.

-Télam: ¿Cómo trabajaste la relación estrecha entre la teatralidad y el "arte de matar" en la novela?

-Pablo De Santis: En la novela se dan clases (de "crimen en cuarto cerrado", de cerrajería, de esgrima, de lanzamiento de cuchillos, de venenos…) y siempre hay algo teatral cuando se da una clase, en tanto se representa un punto de vista sobre la materia y se está solo ante un pequeño auditorio al que hay que mantener atento y despierto. Pero también hay algo teatral en los vericuetos de la trama; por ejemplo, que el protagonista tome por real algo que tal vez sea una puesta en escena, una simulación. Lo teatral (considerado como artificio) es un elemento central de la novela policial, en tanto una escena que se considera natural puede estar armada por el asesino para echar sombras sobre la investigación.

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-T.: Existe una genealogía de ficciones sobre "el arte de matar". ¿Cuáles tuviste en cuenta a la hora de escribir "Academia Belladonna"?

-P. D. S.: Hay un breve ensayo humorístico de Thomas De Quincey, "Del asesinato como una de las bellas artes", pero creo que lo que ha dejado su marca en la novela, más que De Quincey, son las historias de Agatha Christie.

En la casa donde crecí había un cuartito que servía para el planchado y para guardar las herramientas de mi padre y los juguetes y donde estaban también los libros más viejos de la casa: libros de poemas de José Asunción Silva y de Manuel Gutiérrez Nájera y novelas policiales. Las tapas de los libros de Agatha Christie, pintadas en su mayoría por el genial Tom Adams, con sus ilustraciones hiperrealistas y perturbadoras, me dieron la primera imagen que tuve del policial. ¿Qué clase de historia podría corresponder a ese pajarito atravesado con un alfiler de oro, a esa muñeca de porcelana a la que le falta un ojo, o a esa carta manchada de sangre? Pero también me han marcado algunos programas de televisión como "Los vengadores", que contaba las aventuras de John Steed y Emma Peel, una serie que me sigue pareciendo genial, y que mostraba un universo propio, autónomo, cerrado y simbólico.

-T.: La literatura policial argentina (pienso en "La muerte y la brújula") busca una cartografía extranjera pero por debajo siempre está Buenos Aires. ¿Cuánto de nuestra capital hay en el Londres de 1932 de tu novela?

-P. D.S.: Los lugares importantes donde transcurre la novela podrían pertenecer a Buenos Aires: un cine donde pasan películas viejas –como los que había antes en cada barrio-, una antigua farmacia con sus frascos color ámbar, el terreno de un circo… Uno tiene siempre a Buenos Aires en la cabeza -o esa parte de Buenos Aires que forman los recuerdos- y la proyecta sobre cualquier lugar del mundo. Cuando uno ha nacido en ciudades de planta cuadrangular, como son las argentinas, y viaja a alguna vieja ciudad europea, trata en vano de encontrar manzanas regulares donde no existe tal cosa.

-T.: ¿Cómo se articulan la venganza, el pasado y el enigma del "cuarto cerrado", tres elementos importantes de esta historia?

-P. D.S.: El narrador es alguien que cree que quiere vengarse, pero en realidad quiere investigar su pasado. Es un detective de sí mismo. Hay en la novela un paralelismo entre el pasado y el cuarto cerrado, algo que la novela policial convirtió en una especie de dispositivo poético, ya que no tiene ningún sentido práctico. ¿Por qué algún asesino querría dejar cerrado el cuarto donde cometió el crimen? En cierto modo, lo que tiene que hacer el protagonista de "Academia Belladonna" es buscar un cuarto que puede estar en cualquier lugar del mundo, bajo el número 317. Esta es una especie de número mágico que recorre la novela, de principio a fin, y que aparece tres veces, como suele suceder en los cuentos de hadas.

-T.: ¿Qué escritores de policiales son los que más respetás?

-P. D.S.: Me encantan las novelas de Agatha Christie, P.D. James, Ed Mc Bain, Patricia Highsmith, Frederic Brown, Robert Harris, John Le Carré, Graham Greene... El escritor Gonzalo Carranza me hizo conocer al escritor más extraño de la literatura policial: el norteamericano Harry Stephen Keeler, autor de novelas largas, disparatadas, pródigas en desvíos, pero que anticipa el mecanismo de muchas series actuales: la sucesión de escenas enigmáticas e incomprensibles sobre las que luego la trama echa luz.

-T.: ¿Y los escritores argentinos del género?

-P. D.S.: En Argentina, hay una literatura policial que nace muy temprano, en el siglo XIX, y que se consolida con "Variaciones en rojo" de Rodolfo Walsh", "Los que aman, odian", de Bioy y Silvina Ocampo, "Las nueve muertes de padre Metri", de Leonardo Castellani, o "La invitación", de Beatriz Guido. Y hay muchos excelentes ejemplos de policiales más cercanos en el tiempo: "Arena en los zapatos", de Juan Sasturain; "Crímenes imperceptibles", de Guillermo Martínez; "Las nieves del tiempo", de Marcelo Birmajer; "La pregunta de sus ojos", de Eduardo Sacheri; "Últimos días de la víctima", de José Pablo Feinmann; "Los vecinos mueren en las novelas", de Sergio Aguirre; "El sistema de huida de la cucaracha" de Gonzalo Carranza…

-T.: ¿Existe en la trama de la novela una idea lúdica pergeñada?

-P. D.S.: Hay una idea lúdica del crimen, completamente separada de los crímenes en la vida real. Si algo detesto, es la falsa moral del policial nórdico, que finge preocuparse por problemas reales, como la pedofilia o la violencia contra las mujeres, para exponer después con todo detalle crímenes horribles con el único fin de excitar el morbo del lector, pero siempre bajo el paraguas de lo políticamente correcto. Prefiero la literatura inocente y noble de Agatha Christie o de P.D.James, que tal vez no se hubieran llevado bien entre sí (a Phyllis Dorothy no le gustaba que la compararan con Agatha), pero cuyos libros pueden compartir un estante sin mayores conflictos.

(Télam)