Además de editor y escritor, Juan Mattio coordina talleres de escritura y de lectura y antes pasó por el periodismo en Cosecha Roja y en la agencia de noticias jurídicas Infojus, tareas sobre las que se habló con Télam para pensarlas en diálogo con el momento de escribir su ficciones.

-T: ¿Qué reconocés que le sumó tu trabajo en los talleres a tu escritura?

-J.M.: Doy clínicas de escritura que son individuales, otros talleres de lectura que son colectivos. La clínicas me ponen todo el tiempo a pensar procedimientos que pueden hacer más eficaces los textos que me llegan. Pienso que lo que está escrito en primera, podría estar en tercera y lo que está escrito en pasado podría estar presente. Estoy pensando la literatura en términos formales, y eso hace que cuando me siente a escribir algo mío tenga muy disponible la reflexión formal del texto. Durante todo el año pasado y el anterior dimos muchos talleres con un amigo, Pedro Perucca, y eso me sumó una profundidad de lecturas y un género, la ciencia ficción, al que llegué tarde y no sé su impacto directo pero ayudó a que Haruka, uno de los personajes de "Materiales para una pesadilla", haya llegado a tomar forma.

-T: El periodismo fue una actividad con la que te desencontraste. ¿Qué marcás te dejó?

-J.M.: Sebastián Hacher, que fue secretario de redacción tanto en Cosecha Roja como en Infojus, me dio claves de escritura que no voy a olvidar nunca, no sé si son las que uso para la literatura pero son parte de cualquier escritura que emprenda. Después hay una relación con lo inmediato del periodismo que es con lo que me llevo mal. Me parece que lo inmediato funciona como impedimento para otro tipo de reflexiones y estamos rodeados de cosas inmediatas. Mi desencuentro con el periodismo es que trabaja con una materia del día, del momento, de la primicia y creo que la literatura tiene otras temporalidades, otra lentitud y ahí me siento mucho mas cómodo. Aprendí en una redacción esa velocidad, ese correr detrás de lo que está pasando, el último minuto. Después cuando me siento a escribir una novela me lleva 5 años, la prosa tiene otra textura, puedo tomar decisiones. Esa es la distancia real entre una práctica y otra y donde elijo claramente la inactualidad y la lentitud de la literatura. (Télam)