Mientras avanzan los procesos para llevar algunas de sus historias a la pantalla en formato de miniseries y películas, el escritor Guillermo Martínez reflexiona sobre las condiciones que debe tener una narración para ser adaptada al formato audiovisual y deja una mirada sobre series argentinas como “Okupas” de Bruno Stagnaro y “El Reino”, de Claudia Piñeiro y Marcelo Piñeyro.

- T.: ¿Cuáles son las condiciones que debe tener una narración para ser llevada al cine?

G.M.: Yo hubiera dicho que debe tener algunas escenas que sean potentes visualmente, pero hay directores -y un poco Schindel tiene esa filosofía- de trabajar con el "fuera de cuadro", lo más obviamente visual está un poco escamoteado, está precedido por una situación de tensión, de atmósfera, pero nunca llega a verse del todo. Un poco como en el mundo y la atmósfera de las películas de Hitchcock. Es más importante la preparación de la atmósfera que mostrar la escena decisiva.

- T.: ¿Estás viendo miniseries argentinas?

- G.M.: Miré con mucho interés "El Reino" de Claudia Piñeiro y Marcelo Piñeyro. La cantidad de temas que plantea que los tenemos casi bajo los ojos y que no se alcanzan a ver del todo en las trastiendas del poder. Me parecen muy interesantes los personajes que emergieron.

También vi hace poco "Okupas" que no la había visto en su momento. Me encantó. Es una serie muy imaginativa, con una cantidad de hallazgos en la construcción de personajes. Una mezcla entre personajes al borde de la marginalidad pero con muchos elementos de imaginación.

- T.: "Okupas" está muy alejado a tu estética narrativa, sin embargo te gusta...

- G.M.: De "Okupas" me gustó que es muy ingenioso el guion donde entre otros participan Esther Feldman, con varios puentes a la literatura. Y también cierto humor novedoso. Me interesa siempre lo que encuentro de imaginación y originalidad, sea donde sea. No me gusta la literatura o el cine "vamos de visita al zoológico de los monstruos del conurbano".

En "Okupas" yo vi una cantidad de elementos de humor, de mostrar los recursos y defensas de los oprimidos, de las clases más bajas, sin la típica mirada paternalista. Tiene unos personajes fantásticos: el paraguayo Peralta, Sergio "el Pollo", La Turca, esa mujer que está adentro de la cárcel y que funciona como una especie de pitonisa. Y una cantidad de detalles que me parecieron extraordinarios. Hay todo un trabajo en la manera en que hablan los personajes, como el Negro Pablo, que está muy bien logrado, una especie de exageración muy memorable. La casa es un personaje más que parece crecer y expandirse todo el tiempo y que nunca se termina de conocer. Bajo el aspecto de una serie costumbrista han hecho otra cosa, eso es lo que me interesó, y también la atmósfera de anarquía desquiciada. (Télam)