Marlene Wayar, recientemente incorporada como coordinadora del departamento de Educación del Palais de Glace, es una de las voces pioneras del travestismo en Argentina y Latinoamérica, autora de obras como "Diccionario Travesti de la T a la T" -un manifiesto político y social sobre la disidencia sexual que toma como punto de partida su propia biografía- y "Travesti / Una teoría lo suficientemente buena".

-T: ¿Qué te permite estar trabajando en una institución como el Palais de Glace desde tu trayectoria como referente y activista del espacio travesti, además de escritora?

-M.W: Lo que me permite estar trabajando es la férrea decisión política de la directora, Fede Baeza, de pensar que puedo aportar en esta institución y la posibilidad de mostrar otras miradas, traer otras voces, ser un puente con todos aquellos movimientos sociopolíticos con los que la comunidad travesti viene trabajando y articulando desde hace muchísimo tiempo. Me permite hacerme eco de todas esas ausencias, interpelar a esta institución en el reclamo de algo siempre invisibilizado: el derecho a la cultura, a la ética y a la estética y a participar de un diálogo social en el que no estamos representadas muchas de las disidencias sexo/genéricas en particular, aquellas inmersas en situaciones parangonable con los pibes y las pibas de la villa, con situaciones carcelarias, situaciones de personas racializadas, con situaciones de los pueblos originarios; con situaciones de diversidad corporal y decapacidades diversas y hasta etarias.

-T: -¿Cómo es el trabajo para que las personas que expresan disidencias sexuales o sociales puedan asumirse como artistas?

-M.W. En el ámbito de lo público pensamos en base a la realidad y a las estadísticas y lo evidente es que no estamos representadas en el Salón Nacional. Para que las personas puedan asumirse como artistas necesitamos primero comunicar que les estamos pensando, nombrándoles e invitándoles a participar. No podemos afirmar que la mera invitación genere que se sumen. Entonces, en principio, buscamos que nos vean como territorio fértil y que les inste a pensarse como artistas con el derecho a ocupar el espacio público, a proponer ese arte en paridad con otros que vienen ocupando el espacio público y que piensan así porque vienen de la academia o porque tienen recursos simbólicos.

Estamos pensando y hablando de colectivos a los que toda una sociedad no les permite reconocerse en sus propios términos y construir de manera autónoma su identidad, que no hace otra cosa que alojarlas en la zonas prostitutivas; que no les brinda salud, no les da derecho al acceso y la permanencia en las instituciones escolares, las somete a la violencia, que no cree que tengan derecho de transitar, vivir, cohabitar, etc... ¿Por qué entonces pensar que esta sociedad les habilitará espacios para que puedan ser artistas cuando no les permite el derecho simple a vivir y transitar por el territorio en igualdad de condiciones? (Télam)