La flamante curadora en jefe del Museo Malba, la historiadora del arte e investigadora del Conicet María Amalia García, adelantó que planea una gestión con perspectiva latinoamericana donde sea posible "poner en crisis los valores de la alta cultura" y acepta el desafío de repensar la experiencia artística en un museo que no es (ni será) igual tras la pandemia: "asistimos, por un tema económico, a una revisión hacia adentro y cierta valorización y énfasis de lo local", dice en diálogo con Télam.

La designación de García se produce tras la salida de Victoria Giraudo en noviembre de 2020 y, durante los próximos meses, será la máxima autoridad artística del museo hasta que se designe al sucesor de la venezolana Gabriela Rangel, quien durante dos años se desempeñó como directora artística del espacio, que en septiembre próximo celebra dos décadas.

Especialista en arte moderno latinoamericano, las líneas de investigación de García proponen abordajes comparativos, redes culturales e interacciones regionales. Es doctora y licenciada en Historia del Arte en la Universidad de Buenos Aires y docente e investigadora de Conicet. En entrevista con Télam, imagina el programa de exposiciones temporales y el acervo de la institución que tendrá a su cargo, y resalta el camino "vivificante" iniciado durante la dirección de Rangel, que dejó el museo en abril.

-Télam: Fuiste asistente de curaduría en el Malba hace veinte años ¿Cómo es, desde entonces, tu vínculo con el museo?

-María Amalia García: Mi relación con el museo es larga. Yo trabajaba con Marcelo Pacheco en "Espigas" como asistente de curaduría. Estuve muy poco tiempo porque salió la beca del Conicet para hacer mi doctorado y en ese momento tenía muchas ganas de priorizar la investigación. Pero siempre estuve cerca del Museo. En 2009, junto a Adriana Lauría, hice la curaduría de la exposición Yente - Prati. La experiencia de trabajar ahí en ese momento fue alucinante. En 2011, Malba me apoyó para la publicación de mi tesis, siempre voy a estar agradecida.

-T: El arte estuvo entre los rubros más afectados por la pandemia pero tal vez sea uno de los que salgan más airosos de la experiencia de desconcierto y encierro. Las instituciones tuvieron, en mayor o menor medida, que reinventarse ¿Qué cuestiones relativas al acervo y al programa de exposiciones temporarias del Malba te parece importante repensar a la luz de la experiencia de la pandemia?

-M.A.G: La pandemia trajo cosas positivas al circuito artístico argentino. La más importante creo que es la relacionada a los vínculos, a la creación de la Red Argentina de Museos y Espacios de Arte (RAME). Se generó una sinergia entre instituciones que es importante profundizar porque se pueden hacer muchas cosas, que tienen que ver con compartir y actuar en comunidad. La pandemia nos pide pensar el arte en un sentido más comunitario. Estaría bueno empezar a diseñar otras circulaciones y reconocer los acervos institucionales que muchas veces son invisibilizados porque todo no se puede exponer. Creo que puede haber una dinámica que saque a las obras para darles otra visibilidad a partir de estas redes de intercambio.

-T: Ferrán Barenblit, el argentino que dirige el Macba de Barcelona sostuvo hace un tiempo que los museos nunca volverán a la normalidad porque ése era justamente el problema, es decir, las dinámicas que ha tomado la cultura en particular y en especial los museos para mimetizar modelos de experiencia neoliberal ¿Tendrá incidencia este debate en los próximos meses? ¿O como se está viendo hasta ahora con las instituciones europeas, los museos volverán a restaurar sus tradicionales paradigmas?

-M.A.G: Volver atrás va ser muy difícil, no solo en el ámbito sino en general. Todos tuvimos que reinventarnos, en lo personal y en lo institucional. Tampoco creo que volvamos a antiguos modelos, más bien veo que llegaron para quedarse nuevas soluciones y nuevos recursos. Hubo procedimientos inéditos que nos van a llevar a consolidar nuevos modelos. Por ejemplo: asistimos, por un tema económico, a una revisión hacia adentro y cierta valorización y énfasis de lo local. Pero para nosotros eso puede ser un espacio de mucho crecimiento; vamos a necesitar un estudio serio y profundo del panorama federal porque puede adquirir una dimensión rica para comprender quiénes somos.

-T: ¿Creés que prosperarán los modelos híbridos que permitirán pensar a corto plazo en formatos de interacción con el público que no estén anclados exclusivamente en la presencialidad? ¿En qué medida esa materialidad puede ser sustituida o menos gravitante?

-M.A.G: Los museos se abrieron a la virtualidad con programas y con dinámicas creativas y educativas. Tenemos la posibilidad de difundir colecciones, exposiciones e ideas con una nueva llegada. Creo que el formato híbrido llegó para quedarse, pero la presencialidad y el contacto con la obra es un momento difícil de recuperar a través de internet. Pero pensar en formatos híbridos también nos permite pensar en conocimientos más profundos que después, en contacto con la obra, hace un resultado más orgánico y profundo. Son dos situaciones que se complementan muy bien y generan una sinergia que nos permite llegar a un mayor público. Las redes sociales nos permiten llegar a un tipo de público masivo al que antes ni aspirábamos. Tenemos que pensar ahora en encuentros diferentes. La experiencia de museo tiene que ser de disfrute y aprendizaje y las redes, en su instantaneidad, no sé si lo hacen muy viable. Pero sí abren la circulación de lo artístico.

-T: Al anunciar tu incorporación al equipo de dirección del Museo, sostuviste que "sostener una perspectiva latinoamericana en torno de los procesos artísticos conlleva el compromiso de reconocer y valorar las especificidades de cada región y abandonar los encasillamientos en categorías ajenas". ¿Cómo buscarás plasmar esa "perspectiva latinoamericana" en la gestión diaria?

-M.A.G: Investigo arte latinoamericano desde hace muchos años y siempre me interesó una perspectiva regional que piensa procesos artísticos en mapas más grandes, que no estén limitados por fronteras geopolíticas. Me interesa la línea moderno-vernáculo, el arte contemporáneo inoculado por lo vernáculo, poner en crisis los valores de la alta cultura. Ahí se abre una línea muy interesante para pensar el arte moderno y la cultura vernácula. De ahí, de esa idea potente, pueden surgir muchas ideas con recortes específicos.


Durante la gestión de la última directora artística, Gabriela Rangel, Malba generó una serie de iniciativas que expanden las temáticas y los alcances que hasta ahora formaban parte de la propuesta del Museo, como la megamuestra "Terapia", en la que se da cuenta de la influencia del psicoanálisis en las manifestaciones sociales o artísticas, o el ciclo "La historia como rumor", que recontextualiza performances emblemáticas que tuvieron lugar en las últimas décadas en Latinoamérica.

-T: ¿Te interesa esta dirección en la que los espacios se apropian de fenómenos o movimientos surgidos fuera del campo artístico para abordarlos y resignificarlos?

-M.A.G: Sí, justamente lo vernáculo gira alrededor de las culturas antiguas, las prácticas populares como el carnaval y a otros aspectos que suelen ser leídos como exógenos. Para mí la riqueza está en las interacciones y en poner en crisis esa idea de "elemento exógeno". Tenemos que poder dinamizar y meternos en caminos que den cuenta de relaciones entre arte y cultura vernácula. Es una línea de trabajo que me interesa mucho. Además, la idea de "ámbito artístico" es muy frágil y de corto alcance, más bien asistimos a "prácticas culturales".

-T: ¿Qué cuestiones de la línea de trabajo que llevó Rangel al Malba te interesa continuar?

-M.A.G: "Terapia", y más allá del recorte que a Gabriela le interesó proponernos con su mirada de extranjera sobre nuestra sociedad muy psicoanalizada, fue muy interesante porque hizo un despliegue museográfico que hasta el momento no se había hecho en Malba. A esa Sala 5 nunca la habíamos visto tan cambiada, creo que toda esa línea de trabajo fue muy vivificante. La posibilidad de crear y proponer a través de la museología se pudo ver de forma concreta. Y "La historia como rumor" también fue una experiencia muy rica y convocante que me parece que sumó mucho porque interpeló. (Télam)