Con una muestra de obras inéditas en Buenos Aires de su serie "Infierno", la pintora Marcia Schvartz, una de los referentes más relevantes del espacio artístico argentino, comparte su opinión sobre los jóvenes pintores y su particular mirada sobre el arte y la memoria.

Schvartz estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes "Manuel Belgrano", y estudió con los artistas Ricardo Carreira, Aída Carballo, Luis Falcini y Luis Felipe Noé.

Además de la retrospectiva que le dedicó el año pasado el Museo de Bellas Artes de Neuquén, tuvo otra en 2016, "Ojo" en la Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat y en 2015 "Marciamundi" en la Casa Central de la Cultura Popular del Ministerio de Cultura de la Nación. En "Zoolatrías y entidades extrañas" (2013) en la Universidad Católica Argentina, pudo presentar su trabajo sobre Isabel Perón, López Rega y Perón, en una serie de pequeños teatros y puestas en escena sobre esa parte de la historia.

Hija de una historiadora, le llevó mucho tiempo recolectar el material para crear estas escenas. También son características de su obra las figuras humanas con cuellos que se curvan en una torsión antinatural, como en el mural de la estación Scalabrini Ortiz de la línea B del subte de Buenos Aires.

Lo caricaturesco y grotesco también son parte de su impronta como artista. El ejemplo más reciente es su instalación "Boquita " que estuvo en la gran muestra federal en el CCK "Políticas del deseo: para todes, tode", curada por Kekena Corvalán.

"Es en el trabajo cuando salen las cosas. Porque con la idea sola no hacés nada salvo arte conceptual que no es mi fuerte -se ríe. Con la idea sola no hago nada. Tengo que trabajar pictóricamente o modelar", comenta.

-T: ¿Cuál es tu mirada sobre las nuevas generaciones de artistas?

-MSCH: Conozco a montones de jóvenes que pintan bien, que están en ese viaje y eso me alegra. Mientras sigan trabajando, después si les dan bola o no es un tema aparte (Museos, bienales, curadores). El tema es que hay producción. Por supuesto que le dan más bola a este modo medio trash. Me parece que es como medio fácil. Pero bueno, prefiero que hagan eso y no que pongan globos de colores como venían haciendo en los 90, que eran todos como colores pastel, y cosas medio geométrica, decorativas, bodrio total. Estos son más pintores, pero jugando con la cosa inacabada.

Sigo haciendo mi laburo, doy clases, y trato de colaborar de esta manera. Después cada uno tiene su propio gusto, su propio ojo. Tengo un ojo muy de la pintura, del buen dibujo, pero no el perfecto, clásico.

No es el oficio por el oficio en sí. Hay gente que dibuja perfecto y es un bodrio. Tenés tu propio dibujo y tu desarrollo. Pero bueno, yo tengo un ojo muy exquisito y bastante crítico también.

La belleza también te toca y te da vuelta. Eso de decir "hay qué lindo" no es belleza, es como un boludismo. El artista lleva relaciones complicadas también, es intenso. Las palabras son muy complicadas, entonces me encanta la pintura. Las palabras te vas a trabajar y después ya no sabes lo que estás diciendo, y en la pintura lo ves. Está ahí, latiendo.

-T¿Invitás a que los espectadores de tus obras lean?

-MSCH: "Qué miren, que se atrevan a mirar, porque también tenés todo un discurso en el medio que no te deja mirar. Con cuadros míos me preguntan ¿qué quisiste decir? "Lo que estás viendo", respondo. Es terrible.¿Qué interpretás de eso? Estoy viendo. Mirar es pensar también, y eso es lo que no está claro. Cuando vos mirás estás pensando; directamente, te va al cerebro la imagen. No necesitas emitir un pensamiento de eso, pasarlo por el lenguaje hablado. Eso está clarísimo pero tenés miles de personas que estudian historia del arte, curaduría, gestión cultural, todo lo que quieras, con la cabeza llena de información que no pueden ver dónde hay pintura, dónde hay vibración. Están siempre buscando una explicación. Lo que les digo a mis alumnos es que no pierdan las ganas de laburar ni trabajar, si tenés ese fuego estás salvado".


Sobre la historia del arte y el revisionismo de los 60 y los 90 donde se pone el foco en algunos nombres y se invisibiliza otros, comenta "está todo muy esquematizado, falta información".

"El problema es que se lo crean los jóvenes, que no investiguen, como que no hubiese habido otra cosa. Lo copado de la pintura es que hay un montón de pintores, somos todos distintos, y eso es genial. No pensar que hay uno que tiene todo, sino que hay muchos y descubrirlo. La diversidad y la subjetividad de la pintura. Es ese el viaje. No que todo el mundo haga lo mismo", concluye. (Télam)