(Por Milena Heinrich) Con un proyecto literario que encuentra en lo breve la posibilidad de desligarse de los registros extensos donde los personajes deben tomar decisiones durante la trama, Luciana Pallero ensaya en su último libro "Lagunas y gitanos" una narrativa sobre lo mínimo y lo íntimo, a partir de sesenta cuentos donde la temporalidad se detiene en mirar, recordar, escuchar, o capturar instantes que transforman la forma de vincularse con lo cotidiano.

El tono ofensivo en el que una docente le habla a un alumno durante una mesa de examen, la preocupación por el desorden que deja un albañil tras los arreglos en una casa, la memoria de una conversación de la infancia, la llamada por teléfono a una amiga, el momento en que alguien llega a casa después de trabajar, la angustia de la plata que no alcanza, el tiempo de transitar la estación y el tren, el aprendizaje que lega un hombre a una niña cuando le enseña a nadar en armonía con el agua, sin avasallarla ni dominarla.

Publicados por Blatt y Ríos, los textos circulan por universos que se posan en los detalles, en cosas, a veces, de todos los días: algo que viene a la cabeza, la contemplación de una escena, la construcción de una historia. "Supongo -dice la autora a Télam- que trato de escribir solo lo que tiene sentido. No quiero decir un sentido filosófico o de una trama o un mensaje. Me refiero a eso de por qué un hecho, una imagen, un gesto, puede atrapar más que otro la atención de alguien".

Luciana Pallero (Buenos Aires, 1978) vive en Moreno, es profesora de Filosofía por la Universidad de Buenos Aires y siempre está cocinando y escribiendo un libro de cocina, "como las buenas amas de casa, a mano, con mis recetas escogidas. Igual que la cocina, una cosa que desde que empecé a hacer nunca dejé es la escritura", cuenta la autora de los libros "La máquina de pelar manzanas" y "Ojo animal", mientras adelanta que ya está ampliando la versión de "Lagunas y gitanos" con textos que quedaron afuera de esta edición, acompañados por una de sus nuevas exploraciones: la ilustración.

El volumen lleva el título de uno de los relatos narrados en dos páginas, que aborda la escena de unas bañistas con su perra y el encuentro con una familia de gitanos, lo que le recuerda a una de las mujeres que ella también tuvo familia: "Fue instintivo. Si me pongo a pensar, creo que lo elegí porque me generaba una emoción pensar en la posibilidad de tener una identidad. Ese cuento habla de identidad, me parece que bastante abiertamente, claramente. ¿Quiénes somos estas personas que estamos acá, que no tenemos familia?", reflexiona.

-T: A diferencia de otros géneros, los cuentos parecen tener la posibilidad de la dispersión temporal más allá de que se vuelva sobre esos textos una y otra vez. ¿Cómo fue con este libro?

-L.P: El libro nace de reconocer que no quería seguir una trama larga. De un sinceramiento. Siempre pensé que las mejores historias son las que tienen una buena trama, y no quería renunciar a tratar de escribir tramas, pero me costaban. Un día empecé a escribir cosas cortas, lo más cortas que me salían, eso me pareció más emocionante y más fácil. No puedo decirte que busque que los libros tengan una unidad. Creo que eso puede ser el resultado de cosas que están fuera de mi control.

-T: Si bien hay muchísimas voces, quizá el hilo conductor sea la unidad en el trabajo sobre lo breve, lo mínimo, ¿cómo pensás este registro?

-L.P: En realidad escribo sobre lo que me llama la atención a mí. No son cosas excepcionales, probablemente también le pasen a otros. Pero son detalles que creo que tienen alguna importancia, como para querer dejar de hacer otras cosas y escribir. Como te decía, escribir tramas donde el lector sigue adelante con la lectura porque quiere saber qué va a pasar, qué decisiones tomarán los personajes, me empezó a parecer un poco forzado. Empecé a tomar conciencia de que las cosas que tienen algún significado en nuestras vidas no tienen que ver con nuestras decisiones, porque el rango de nuestras decisiones está muy pautado. Si no, intentá hacer algo diferente a lo que está pautado para tu vida y vas a ver lo difícil, si no imposible, que te resulta. En general no nos podemos correr de trabajar, estudiar, tener una familia, intentar tener una vivienda.

-T: Hay una enunciación de clase trabajadora, reflexiones sobre la plata o el recuerdo de una infancia menos dificultosa en cuanto lo material. ¿Cómo crees que atraviesan estas reflexiones sobre el acceso a lo material, la plata, como forma también de ilustrar otras relaciones sociales, como lo comunitario?

-L.P: Coincido en que se trata de un malestar del empobrecimiento que se ve en la clase media, pero no creo que sea un empobrecimiento solamente material. Es un empobrecimiento extendido a todas las clases sociales. La imposibilidad de cualquier bienestar, el otro como enemigo, la exigencia hacia el otro y fundamentalmente hacia una misma. Creo que el dinero es la mayor promesa de bienestar para todos nosotros y nosotras. Algo que deseamos abierta o secretamente. Mientras exista el dinero tal como existe en nuestras vidas ahora me cuesta pensar otras relaciones sociales, relaciones que no tengan al dinero como mediador determinante.

-T: Y en este sentido, ¿qué te aporta la literatura para narrar algo de esa suerte de estado de cosas de lo real? ¿Cómo lo deformás en relación a la filosofía, disciplina en la que te formaste?

-L.P: Muy linda pregunta esa de cómo deformar lo real. No sé. Supongo que trato de escribir sólo lo que tiene sentido. No quiero decir un sentido filosófico o de una trama o un mensaje. Me refiero a eso de por qué un hecho, una imagen, un gesto, puede atrapar más que otro la atención de alguien. Sacar todo lo que esté de relleno. Trato de no pensar demasiado. De escribir. Es notorio cómo así se va formando una trama, quieras o no.

La literatura te da algo que no te da la escritura filosófica. Creo que quienes escriben filosofía tienen que adaptarse a normativas arbitrarias y a veces con poco sentido. Tienen que trabajar mucho, luchar para forzar criterios rígidos, arraigados en formalismos sin mucho fundamento.

-T: En estos textos se plantea otro tiempo, un tiempo que se detiene en algo pequeñito, aparentemente insignificante. ¿Qué te interesa de capturar estos momentos, estos tiempos donde el nudo está más en la escucha, la pausa, el gesto de llamar a una amiga, o mirar una escena donde hay otros?

-L.P: Sí, creo que es así. Ese es el tipo de literatura que me gusta leer y el que quisiera hacer. Me interesa esa manera de decirlo: “otro tiempo”. Yo no lo había pensado así, pero es cierto que es importante para mí intentar dejar de correr para no quedar fuera, fuera del sistema, del mercado de trabajo, de tantas cosas. Es un tema ese que me gustaría que la humanidad se replanteara, aunque suene un poco utópico. El para qué. Cuando sos joven, el para qué se patenta en encontrar un lugar en el mundo laboral, una carrera, en nuestras clases, formar una familia. Después, el para qué es trabajar para poder darles un futuro a nuestros hijos. Es un esquema un poco limitado, empobrecido, el que estamos viviendo. Fíjate lo que pasó con la pandemia. Nadie se pregunta por qué nos invadió un virus, qué lo causó. Simplemente queremos volver a la normalidad. Te diría que veo la normalidad como un modo de evadir, de evadirnos a nosotros mismos como seres responsables de nuestras propias vidas. (Télam)