El Museo Histórico Nacional invitó, apenas comenzado mayo, a personas mayores de 71 años a contar su historia para reunir testimonios de cómo vivieron el siglo XX en Argentina, pero, promediada la tercera semana, se debió "pausar" la convocatoria virtual porque, como cuenta Gabriel Di Meglio, su director, "con 2.000 inscriptos el trabajo iba a tornarse descomunal".

La iniciativa, lanzada bajo la consigna "Tu historia en el Histórico", invitaba a personas nacidas antes de 1950 a sumar experiencias y relatos desde distintos puntos del país para expandir la visión sobre los procesos políticos y sociales ocurridos en Argentina durante la segunda mitad del siglo XX y así enriquecer el guion del espacio. La noticia se expandió rápidamente y a los pocos días los ingresos al formulario virtual para participar ya habían desbordado las expectativas de los impulsores del proyecto.

En el éxito de esta convocatoria confluyeron cuestiones intra y extramuros. Por un lado hubo que reconfigurar el organigrama museístico para poder seguir trabajando en pandemia y se quiso dar un aire a la franja etaria que peor la estaba pasando con la Covid; por el otro, sin ser especialistas en siglo XX -más bien en el siglo XIX, como lo muestra el grueso del patrimonio del museo- quisieron ampliar el acervo y reconfigurar su tradicional guion, sumando historias del siglo XX.

Así, la narrativa de la historia argentina que hace el Museo ya no estaría mediada por el tiempo y sus documentos escritos, al menos no del todo, porque, al recopilar recuerdos, el tiempo sigue jugando: el presente deja su huella en ellos. Pero las memorias del siglo XX que recopilarían, en entrevistas de 90 minutos hechas vía zoom, serían relatadas por sus protagonistas, y esos protagonistas no serían líderes ni figuras públicas, al menos no en particular, sino el común de la gente: parte de la trama histórica sería reconstruida desde colectivo social.

¿Qué pasa cuando se construye historia con el durante? "La posibilidad de acceder a la Historia directamente, a partir de la palabra viva, es muy valiosa -subraya Di Meglio en diálogo con Télam-. Las entrevistas, muchas veces, hablan del ahora: alguien recuerda el pasado mucho tiempo después y su mirada sobre el pasado está mediada por su presente. Esto es inevitable pero no le quita valor a lo que se dice, sino que nos obliga a tomar los testimonios con cautela para cruzarlos con otras investigaciones", advierte sobre la entrevistas que están haciendo con los registrados en https://museohistoriconacional.cultura.gob.ar/noticia/tu-historia-en-el-historico/

“Tu historia en el Histórico” tiene otra característica atípica: repone la escucha en la tercera y cuarta edad, en los ancianos que comunidades antiguas reconocían como sus ancestros, quienes traían sabiduría, los mismo que el capitalismo desecha por improductivos y que la pandemia acorrala. La prueba es empírica. "La mayoría de los entrevistados cree no tener nada importante que decir", indica su coordinador, Gabriel Cora, a su turno.

Esta historia es irregular desde el comienzo. Di Meglio asumió como director en abril de 2020, cuando el museo Histórico Nacional ya estaba cerrado por pandemia, "es una época difícil, hay trabajadores que todavía no conozco en persona", grafica.

"Uno de los objetivos que tuve al llegar fue renovar el guion principal y, entre otras cosas, me interesó incluir al siglo XX, sobre el que no hay un patrimonio fuerte. Lo otro fue incluir la historia popular y la narrativa de sujetos sociales que no sean solamente los poderosos, de los que el museo tiene un montón", cuenta.

Esa idea, repasa, "se ralentizó y, como estuvimos haciendo mucho tele-trabajo, se nos ocurrió un proyecto ad-hoc que cumpliera además un servicio comunitario -repasa-. Hay que tener en cuenta que empezamos a pensar esto en 2020, con la gente mayor, pre-vacuna, encerrada y mucha otra gente no pasándola tan bien, y nos interesó ofrecer un canal de comunicación a personas mayores a cambio de algo muy valioso para el museo: testimonios, un acervo documental de vidas del siglo XX".

En este punto interviene Cora: "La constatación más poderosa que nos dio esta iniciativa es que nuestros adultos mayores consideran no tener nada relevante que contar, consecuencia del lugar que tiene la ancianidad en la sociedad donde estamos insertos. Pero los historiadores sabemos muy bien que la historia con mayúscula no sólo está en los libros, también está en las canciones, está en las películas, en el 'zeitgeist' alemán, el registro de la sensibilidad de una época. Por eso nos interesan las vidas simples y comunes por sobre los registros más eruditos".

"Pensamos una fecha arbitraria, que convocara a las personas que tenían los recuerdos más antiguos, para empezar a preguntarles sobre su vida y conformar un patrimonio oral para nuestro archivo", retoma Di Meglio. Lo hicieron con la libertad de que "no se trata de un trabajo académico, ninguno es especialista en historia oral, no partimos desde ese lugar, sino desde la urgencia de época".

En este momento, señala, "estamos recopilando información donde le pedimos a gente de todo el país que nos cuente sobre la infancia, cómo eran los lugares donde vivían de chicos, cómo fue la escuela, sus trabajos, cómo era su vida social de chicos y jóvenes, algunas preguntas ligadas con algún acontecimiento social del país. Cosas muy generales, de la vida cotidiana, donde salen relatos hermosos".

De otra manera, "las historias de la gente que no ha sido protagonista de dirigencias, en el largo plazo, se van perdiendo y así podemos recuperarlas y construir, en el entramado colectivo, nociones sobre nuestro pasado más amplias que las que se construyen siguiendo solamente algunas figuras que resaltan, como se hacía tradicionalmente", remarca Di Meglio.

Está el relato de la ex docente cordobesa que confiaba cuando sus amigos le decían que la policía no podía identificarla como contestaria porque vestía muy bien, en la revuelta obrera estudiantil del Cordobazo. Y que cuando visitaba a su esposo en la cárcel, detenido por haber sido el abogado de obreros que habían tomado una fábrica, usaba tapados de piel, segura de que eran lo que la habilitaban para hablar con el director del penal.

También está el del joven que, en el campo bonaerense, se levantaba tempranísimo a diario, a las 6.15, recuerda Cora, para llevar a su novia en camioneta a un terciario que quedaba a 100 kilómetros, porque, ante lo cánones de la época y el celo paterno, esa era la única posibilidad de contacto diario que tenían. O el caballo que se adelantaba a los clientes de su jinete, en Mar del Plata, cuando la venta de hielo era tracción a sangre.

"Cerca del 40 por ciento de las 50 entrevistas que se hicieron al presente desde que se pausó la convocatoria, el 20 de mayo, son del mal llamado interior del país", puntualiza Cora.

Dentro de ese colectivo, agrega, "primerean los mesopotámicos, seguidos por los cordobeses y patagónicos, una pequeña muestra que avizora un material riquísimo en términos de experiencias sobre el quehacer económico, político, social y cultural de la segunda mitad del siglo XX argentino y en vivencias asociados a emociones de la vida cotidiana".

Las entrevistas, que se suman inmediatamente al patrimonio del museo, formarán un archivo digital que quedará para la consulta pública, como ocurre con el material tradicional de archivo, y también servirán para muestras, trabajos audiovisuales y publicaciones.

La virtualidad de esas charlas fue la que permitió una expansión potente e inusitada: "si las entrevistas hubieran sido presenciales sólo se habría acercado gente del AMBA, pero la situación nos permitió lograr otra representatividad en el país”, asevera sobre el contexto que dio forma al proyecto y a sus primeros pasos frente al Histórico.

"Estamos intentando renovar preguntas y derroteros históricos con una mirada que considere a todo el país de manera igualitaria, algo fácil de decir y complejo de hacer", indica sobre sus objetivos como director de la institución.

"Todo eso acompañado por proyectos virtuales, pero estamos construyendo un museo en presencia. Hay que tener paciencia, se hizo mucho trabajando a distancia, pero hay cosas que en un museo no se pueden resolver con teletrabajo y este es, ahora, es un museo en transición", concluye. (Télam)