"Moluscos", la novela de Ramiro Larrain, expone esa conducta propia del "argentino en crisis" que busca negocios que prometen "salvación y millones", como pueden ser los moluscos, o en algún otro momento la cría de chinchillas, las canchas de paddle, entre otros. Y es también muy argentino el lidiar con esa idea de que hay que irse del país

"En la novela, la búsqueda de salvación y la idea de "hay que irse" funcionan juntas y se vuelven claustrofóbicas. Los protagonistas son jóvenes, son de clase media, están estudiando, uno quiere ser escritor y el otro dedicarse al cine pero les toca vivir un presente que no da cobijo a sus búsquedas. Tendrán que aprender a resistir para no ser devorados por la coyuntura", dice el escritor.

Y se explaya: "Nahuel llega a la conclusión de que hay que irse del país mirando una película. Es uno de los momentos más tristes de la novela. ¿Cómo puede ser que un chico de 20 años que está haciendo lo que le gusta, como es mirar cine ruso, llegue a la conclusión de que tiene que irse del país? ¿Qué discursos están actuando sobre él? Cuando el universo de los adultos repite con total liviandad 'hay que irse', estas frases cristalizan como acervo cultural, un sentido común difícil de desarticular y muy peligroso, porque instala un pesimismo que quiebra el ánimo de la juventud", apunta.

"En 'Moluscos' nunca se menciona la crisis, pero se percibe un entorno que aprieta, que aturde a los personajes, que los embota al punto de que se olvidan quiénes son y qué quieren. No se menciona la crisis, pero ver una película de (Andrei) Tarkovski, activa el 'hay que irse'. Nahuel llega al extremo de querer probar suerte en la Legión Extranjera, un reducto horrible del colonialismo francés donde seguro no va a encontrar la felicidad", acota Larrain. (Télam)