En su paso por Buenos Aires, Ricardo Siri Liniers da algunas definiciones sobre el método de trabajo de los artistas gráficos, su relación con la tecnología y el peso específico de la historieta como un arte que puede dar cuenta de la realidad con la misma fuerza y seriedad que cualquier otra forma considerada más clásica, como la literatura o el cine.

- T: ¿Cuál es tu método para trabajar?

- L: Cuando era adolescente veía a Bukowski y yo pensaba... cuando sea grande me voy a emborrachar, voy a bardear todo, y después voy a dibujar mis historietas. Y después crecés y te das cuenta que mejor estar ordenado, ir a la oficina, no tomar tanto porque al otro día hay que estar lúcido. Y te das cuenta que mismo Bukowski tiene que haber sido un poco así. Todas las personas exitosas tienen en común que trabajan mucho. Te puede parecer una mierda lo que hacen, pero trabajan sin parar.

- T: ¿Dibujás a mano o usás tecnología?

- L: A mano. Por inútil, nada más. Me encanta la tecnología, me encantaría usarla bien, pero soy inútil. Y el gesto que le logro sacar a la tinta, a la acuarela, se me muere en la computadora. A mí me llegó la computadora un poco grande.

- T: ¿Tenés algún personaje preferido?

- L: Para hacer un dibujo rápido Fellini, que me sale rápido y lindo. Como personaje que estoy encariñado, Enriqueta. Le tengo un cariño muy particular.

- T: Hace poco hiciste una referencia a los 10 años de la muerte de Caloi, y el libro "Macanudo" 15 se lo dedicaste a Montt. ¿Cuál es tu relación con esos referentes, como es esa red de artistas?

- L: De joven estudiaba publicidad y no estaba muy entusiasmado. Me anoté en un taller de historieta de Pablo Sapia, un dibujante que en ese momento sacaba una revista que se llamaba Suélteme, que la hacían Podetti, Diego Parés, Dani The O. Todos mis héroes. Toda gente que yo admiraba mucho, era como el Barcelona de la historieta humorística argentina. Y en ese taller me enamoré de los dibujantes de historieta como grupo, ahí daban vueltas Sergio Langer, Maitena. Todos confluían ahí y era el opuesto al mundo de la publicidad. Era una comunidad, si uno no podía agarrar un laburo se lo pasaba al otro, todos hacían pésimos negocios, sacaban una revista y se fundían, sacaban otra revista y se fundían. ¿Cómo no querer a esa gente?

- T: ¿Cómo caracterizás la actualidad de la historieta en el mundo y en América Latina?

- L: La historia de la historieta tiene unos 120 años, de los cuales 70 u 80 fueron aventuras, superhéroes, chistes para hombres dibujado por hombres. Si ves una convención previa a 1998, era como un equipo de fútbol: todos pibes. Genios absolutos, héroes, pero todos pibes. Y los últimos 20 o 30 años pasó algo, acá en Argentina especialmente gracias a Maitena. Se activó el otro 50% humano a esta forma del arte y se abrió como un abanico, de repente se puso mucho más interesante. Y el mundo editorial dejó de decirnos a los historietistas que solo podemos hacer chistes y aventuras. De repente apareció Art Spiegelman y dibujó "Maus", dibujó el Holocausto, que es su historia, y la dibujó con gatos y perros y ratones, y le mostró a los editores que esto también puede tener un peso específico tan denso como una película o un libro. Cuando se abrió ese espacio, se abrió un mundo.


(Télam)