(Por Dolores Pruneda Paz) "La Suite", muestra con la que PROA reabre sus puertas tras las últimas restricciones sanitarias, propone una experiencia inmersiva donde el hilo conductor es el sonido y un contrapunto sustancioso con el contexto: pensada como un movimiento musical que va de lo introspectivo a lo festivo invita a reunirse, protocolos mediante, y a mover el cuerpo, celebrar lo sensorial.

La muestra que desde mañana y hasta octubre podrá recorrerse en PROA -Avenida Pedro de Mendoza 1929, CABA- reúne piezas de 41 artistas de todo el mundo, la mayoría inéditas en Argentina: fotos, instalaciones, esculturas, videos, pinturas, arte sonoro y site-specifics elegidos entre las 30 mil obras que integran los Fondos Regionales de Arte Contemporáneo (FRAC) de Francia.

Pensada en 2019 por los artistas y curadores Juan Sorrentino y Sigismond de Vajay, "La Suite" tiene el valor de evocar un tono emocional prepandémico, si no celebratorio más liviano que el presente, donde el cuerpo es central y cada sala funciona como una pieza musical que conduce a otro momento de una composición mayor.

A la vez que, teniendo que haber sido rediseñada tras la irrupción de la crisis por Covid19, juega con la idea de la incertidumbre, vinculada a la expresión francesa "comment vient la suite", "¿qué va suceder?".

La última vez que PROA abrió sus puerta fue el 1 de febrero. Hoy los recorridos serán con reserva online, control de temperatura al ingreso, uso de barbijo y máscaras todo el tiempo, lavado de manos, distanciamiento social, indicaciones de circulación y rellenado obligatorio de un formulario con los datos de cada visitante.

"Como no habrá el turismo que solía haber en La Boca y el público será muy residente, priorizamos artistas desconocidos: extranjeros que exhiben su obra en Argentina por primera vez u obras inéditas de autores locales inspirados en el espíritu de la FRAC", explica a Télam De Vajay. Estos son: Víctor Florico con pinturas y Sebastián Díaz Morales con un video.

-Télam: ¿Desde dónde se pensó a cada una de las piezas que componen esta suite?

-Juan Sorrentino: Tomamos cada espacio de Proa como un movimiento musical, las obras de cada sala tienen que ver con ejes que trabajamos en toda la muestra -arquitectura, cuerpo-, todo atravesado por una mirada orientada hacia la escucha. Cada sala tiene una obra o instalación vinculada a la escucha musical -ritmo, espectro, vibración, frecuencias- y esos sonidos interactúan con distintos materiales, como el agua. La selección de las obras tuvo que ver, en definitiva, con el tono, mayor o menor, según la densidad del tema que se pensó para cada sala.

-T: ¿La pandemia introdujo algún eje en la muestra?

-J.S : No necesariamente se introdujo la temática de pandemia dentro del recorrido, pero hay una serie de obras, como la de Séverine Hubard -unas gradas hechas con cajones de fruta imposibles para sentarse porque están hacia arriba- que evocan la ausencia, los espacios públicos deshabitados; y esas gradas miran hacia un tacho de basura gigante que produce espuma, de Michel Blazy, que también remite a un escenario urbano desierto.

-Sigismond de Vajay: La muestra representa una colección así que intentamos poner todo tipo de obras, pero con la pandemia se complicó el transporte y no pudimos traer alguna pinturas y dibujos que habíamos pensado al principio, sin embargo esos formatos están representados en la muestra aunque no con el mismo énfasis que en la colección. Así que hay más videos, más instalaciones, más obras que se hicieron in situ, a distancia, con la colaboración de los artistas. Lo importante es que conservamos el espíritu original e hicimos dialogar una pieza con otra y las salas entre sí, para generar un movimiento circular y ondulaciones que la música toma en cuenta: la experiencia tiene algo colectividad, surge la idea de bailar un poco en esta muestra, de tener al sonido como el hilo rojo que al mismo tiempo permite esos diálogos y algunas idas y vueltas muy interesantes.

-T: La pandemia podría ser considerada una partícipe necesaria de la exposición que empezó a pensarse justo antes de que un cambio tan radical o abrupto fuera considerado posible a nivel global.

-S.D.V: Tuvimos que adaptarnos a nuevos protocolos, logísticas, formatos y a que algunas sedes FRAC no estuvieron dispuestas a prestar obra en ese contexto. La pandemia cambió la escenografía por ejemplo, se cayó una obra porque no nos daban los metros para garantizar la distancia necesaria entre visitantes dentro de una sala y hubo otras en las que introdujimos algunas variantes, como con Céleste Boursier.

Así que hay más videos, más instalaciones y más obras que se hicieron in situ y a distancia, con la colaboración de los artistas: ahí uno se da cuenta que está bueno estar con los artistas al lado y recuerda lo que saben como artesanos, aunque hacer obras a través de instrucciones, lejos de las manos del artista genera nuevas interpretaciones y ese proceso puede ser muy rico. A la vez que hay piezas en las que hacer eso es imposible, como la fotografía de Joel-Peter Witkin: imposible enviarla por we-transfer e imprimirla acá, por lo excepcional de su producción, por eso viajó desde París. Pero lo importante es que conservamos la idea de lo circular, lo inmersivo o escenográfico y lo sonoro. La muestra cobró cuerpo de una manera sutilmente modificada por esta crisis sanitaria, podríamos decir que la pandemia fue un tercer curador, complejo y sutil.

-T: Las obras pertenecen a los Fondos Regionales de Arte Contemporáneo (FRAC) de Francia, un modelo prácticamente inédito en el mundo, creado en 1982, que busca descentralizar la cultura haciendo circular el arte de las 23 regiones francesas y que reúne obra de 5700 artistas: un 50% francés y otro 50% del resto del mundo.

-S.D.V: No es la primera vez que FRAC muestra su colección en otros países y es muy interesante que ahora lo haga. Me parece importantísimo que haya un apoyo desde el Estado a los galeristas y artistas para sostener su trabajo y seguir generando huella en la historia del arte general y contemporánea.

La colección FRAC es tan cuantiosa que te permite jugar, implica todos los formatos y categorías: joven, viejo, emergente, consolidado, de todo el mundo. Es excepcional que una colección nacional contenga un 50 por ciento de obras de artistas del resto del mundo como ésta y que se construya con formas no tradicionales, como la compra directa a artistas sin galería, lo cual significa una gran ayuda para el sector y permite una pluralidad atípica en colecciones estatales. Además se actualizó en términos de género y raza. Es importante que las colecciones estén equilibradas. Ojalá pudiera inspirar proyectos similares en otros países.

-T: ¿Cómo creés que impactó la pandemia en la escena artística global?

-S.D.V: Fue muy desigual, en algunos lugares el desequilibrio fue tremendamente más amplificado que en otros, depende si la mirás desde Europa, desde América del Norte o desde Sudamérica. El mundo del arte es una burbuja, haya o no pandemia sigue como puede, perdieron las ferias, las galerías, pero el mundo del arte se va a restablecer. Con normalidad o sin normalidad la gente va a seguir comprando valores artísticos y culturales como inversión macro, aunque en lo micro es mucho más problemático. Si bien desde Argentina es difícil pensar en que la pandemia ayudó al arte, los NFT (tokens no fungibles, obras digitales) no se hubieran movido tan rápido sin este contexto sanitario de aislamiento. En lo que nos interesa ahora en plan local creo que la pandemia hizo un desastre y no fue fácil, por eso es tan valioso que surja esta muestra. (Télam)