Se piensa a sí mismo como un "sobreviviente" de muchas batallas -las drogas, el suicidio, el sida que se llevó a muchos de sus amigos- pero este poeta, performer, escritor, actor y tantas otras cosas más es, ante todo, una memoria viviente que cifra con su recorrido personal una versión colectiva y generacional de la Argentina, alimentada con relatos de exilio, de persecución de las instituciones por su homosexualidad y de resiliencia constante.

"Este virus, seguramente, puede haber provocado el crecimiento de una poesía transgénica o quizás verdadera, pero en realidad lo poético es aquello que también de algún modo te blinda contra viento y marea. No es necesario no tener sed para salvarte de morir ahogado. La poesía para mí es pura salvación. Siempre. Sólo tiene que ver con el milagro de la palabra justa en el momento exacto", apunta Noy.

- T.: Hace unos días te definiste en una entrevista como "un sobreviviente de cuatro décadas: los 60, 70, 80 y 90". ¿En cuál de todas ellas la supervivencia fue más difícil y por qué?

- F.N.: Lo que denomino mi trébol de cuatro bocas por la reiterada suerte de haber participado en diversas épocas sucesivas que van desde el hipismo junto al Di Tella, posterior autoexilio en Brasil, durante el surgimiento del Tropicalismo y el imperio irrepetible de aquellos carnavales, el retorno a Argentina coincidiendo con las inauguraciones de Cemento o el Parakultural y su semillero de artistas irrepetibles y ahora, en la era pos- internet donde ya las redes son las que convocan y de las que nadie se podría librar.

Sobrevivir a cada una de ellas resultó siempre un inesperado regalo cercano al milagro ya frecuente y todas tuvieron sus mártires y héroes que jamás he de olvidar. Pero la actual, con internet como un lenguaje obligado para mí demasiado distante, casi indomable, es en verdad, la más difícil de sobrellevar. Trato de no quejarme aunque cometa el mismo error que recrimino.

- T.: ¿Cómo pensás las relaciones entre ficción y literatura? Me refiero que muchas veces producís materiales que tienen como punto de partida retazos autobiográficos ¿Esta recurrencia en la autobiografía se puede leer como un signo de época?

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- F.N.: No siempre es así pero podría destacarse que lo autobiográfico en mí siempre ha sido plural. Mi yo abarca multitudes reales o imaginarias, al fin da igual. Las historias vuelven a repetirse uniendo sueño y realidad, esa denominada ficción documental que al fin de cuentos y cuentas es la vida de un poeta que también escribe tanto en el aire, la charla o los papeles Algo que Pedro Lemebel me señalara ordenando. "No hables más, Noy. Escríbelo."

- T.: ¿Escribiste poesía en pandemia? Durante todo este tiempo, la poesía se convirtió para muchos en el mejor lenguaje para expresar el extrañamiento de lo cotidiano ante el cambio de hábitos y lenguajes, ante esa desautomatización de lo cotidiano que introdujo el virus ¿En qué lenguajes o rituales vos buscaste refugio durante todos estos meses?

- F.N.: Este virus, seguramente, puede haber provocado el crecimiento de una poesía transgénica o quizás verdadera, pero en realidad lo poético es aquello que también de algún modo te blinda contra viento y marea. No es necesario no tener sed para salvarte de morir ahogado. La poesía para mí es pura salvación. Siempre. Y leer es reescribir con los ojos desde el corazón anónimo, a través de rituales que mágicamente se imponen desde cada autor. Sólo tiene que ver con el milagro de la palabra justa en el momento exacto. Así en la tierra como en el cielo, incluso con lo cotidiano de pronto sublimado.

- T.: -En Fundación Andreani se exhiben por estos días tus dibujos ¿Cómo te relacionás con este lenguaje y qué te permite el trazo cuando no está contenido o atravesado por la palabra?

- F.N.: Lo que denomino "Dibrujos", siempre estuvieron hechizados por trazos y trances sorpresivos incluso para mí. Frases que no podría de otro modo pronunciar, signos que me resultan inexplicables nacidos de una diversa y al mismo tiempo misteriosa realidad que quizás no logre ser transmitida por medio del lenguaje. Cuerpos poéticos en permanente acecho por los que, poseído, me dejo atrapar. Otro enigma al que termino entregándome ya que, si no lo hiciera, creativamente algo me faltaría expresar. (Télam)