(Por Josefina Marcuzzi).- Fascinados con la industria editorial argentina y con enorme expectativa por el encuentro con los lectores, decenas de editoriales extranjeras se reúnen a partir de hoy en una nueva edición de la Feria de Editores (FED) y acercan un catálogo novedoso que ofrece autores consagrados y nuevos, algunas plumas clásicas, géneros híbridos y hasta narrativa ilustrada: la oferta cultural de afuera pisa fuerte en Buenos Aires y expande los hallazgos en este hito que se caracteriza justamente por la impronta preciada de su oferta.

"Si leés, hay un libro para vos", es el lema. Y si leés, hay más de un libro extranjero para vos. Casi 300 sellos independientes y autogestivos componen la oferta cultural de la FED, la feria de editores que se lleva adelante en el Complejo Arte C del barrio porteño de Chacarita: editoriales de América Latina y Europa traen sus propuestas y tejen redes culturales que se afianzan en la Argentina.

Télam conversó con editores y editoras de algunos sellos como Barrett de España, Criatura de Uruguay, Colmena Editores de Perú, El Cuervo de Bolivia, La Pollera de Chile, Fósforo de Brasil, Caballito de Acero de Colombia y Gris Tormenta de México para analizar el mercado editorial en la región, entender las dificultades y desafíos que tienen y conocer en profundidad el catálogo que ofrecen en la FED.

Con el corazón puesto en Buenos Aires y la mirada enfocada en los lectores argentinos, los sellos consultados coinciden en que la FED es un espacio fundamental para volver al "cara a cara" con los lectores y fomentar un intercambio que resulta medular para el crecimiento literario y comercial de las editoriales.


Mi Buenos Aires querido

"Referente". "Ejemplo a seguir". "Pionero". Los términos varían, pero el concepto coincide: las editoriales consideran que la Argentina, y específicamente Buenos Aires, se posiciona como región clave para el mercado editorial emergente. A través de la FED pero también en otras ferias y espacios culturales, se destaca el movimiento editorial independiente que hay en nuestro país, incluso superador al de España.

"Buenos Aires siempre es un referente de la industria editorial, pese a cualquier crisis que pueda tener Argentina. Es, probablemente, el lugar de habla hispana en el que el libro tiene una tradición de objeto preciado y eso es siempre una escuela a seguir", destaca Fernando Barrientos, editor de El Cuervo, sello de Bolivia.

En este mismo sentido, Rita Mattar, editora del sello Fósforo de Brasil, destaca que el mercado editorial latinoamericano independiente es muy diverso y creativo, y que en ese contexto Buenos Aires es una ciudad que siempre le da "buenas ideas" para llevarse a casa.

"Argentina tiene una tradición vasta y siempre es referente en la región; este tipo de espacios, como la FED, nos permite incursionar en uno de los mercados editoriales más importantes de América Latina", agrega Armando Alzamora, editor de Colmena Editores, sello de Perú.

Desde la mirada de un sello chileno como La Pollera, el mercado editorial argentino es el doble de grande que el suyo: hay muchas más librerías, por un lado, y la relación con el libro -lectora y políticamente- no es igual. "Siempre tuvimos la idea de que si algún día internacionalizábamos nuestras publicaciones, lo haríamos primero hacia Argentina. Las razones en primera instancia son culturales: hablamos el mismo idioma, compartimos el cono sur, los Andes y algunos pueblos indígenas. Tenemos desiertos -o pampas- y los hielos australes. Nos combinamos en las historias de independencia y quizás en muchas de las que hubo antes y vinieron después", agrega Simón Ergas, editor de este sello.

La propuesta extranjera incluye varios sellos que vienen por primera vez a la FED de Buenos Aires, entre ellos Caballito de Acero, Barrett, Fósforo, Colmena y Gris Tormenta. En cambio, La Pollera, El Cuervo y Criatura son algunos de los que vuelven tras haber participado en otras ediciones.


Las venas abiertas de América Latina

Muchos de los sellos consultados coinciden en que, en lugar de poner energía en importar libros de Europa o exportarlos hacia este continente, el esfuerzo primordial de las editoriales autogestivas debería estar en mejorar la circulación en América Latina.

"La incorporación de novedades al mercado argentino es lenta y accidentada. El trabajo de Criatura, que imprime en Buenos Aires las primeras novelas de autores y autores uruguayos para que estén disponibles en librerías argentinas, es un aporte a este diálogo", explica Julia Ortiz, editora del sello proveniente de Uruguay.

Por su parte, Barrientos de El Cuervo agrega que la industria editorial en Bolivia es más bien débil, porque no tiene el suficiente apoyo estatal comparado con otros países de la región, y pese a esa complejidad viene creciendo enormemente, especialmente en publicaciones especializadas en narrativa ilustrada.

"Para nosotros es clave el hecho de que muchos lectores y editores hispanohablantes entienden portugués: nuestro mercado está cada día más interesante, pero lamentablemente estas iniciativas y títulos no siempre llegan al resto del continente. Por eso celebro el portuñol como lengua franca del continente", explica Mattar, editora de Fósforo.

El aporte latinoamericano en la FED se enriquece con la presencia de México.

"Nuestro país aporta un gran número de escritores jóvenes que se destacan: Yuri Herrera, Fernanda Melchor, Cristina Rivera Garza y Verónica Gerber Bicecci, por mencionar sólo algunos", explica Jacobo Zanella, de Gris Tormenta.

Las propuestas son tan variadas como variados son los países de origen de los sellos. En el caso de Chile, la producción literaria está marcada por la revuelta del año 2019 y la gestación de una nueva Constitución. "Hay voces naciendo desde esta fractura social, desde este ámbito que trae en igual medida horror y esperanza. Nuevas voces que buscan otra forma de relación entre personas y el mundo: novelas en las que prepondera la ecología por sobre la superproducción, novelas distópicas donde imaginamos el mundo si seguíamos por el camino que íbamos, novelas que no dejan de lado lo humano y el afecto, que se vuelve invaluable en momentos de enormes cambios históricos donde somos ínfimos y no podemos incidir en nada", agrega Ergas, editor de La Pollera.

La propuesta extranjera se completa con tres sellos españoles: Barrett, MalPaso y Página indómita.


Los desafíos

Si bien el mercado editorial latinoamericano es bastante desigual, todos los sellos hacen enormes esfuerzos para mantener las producciones independientes en alza, lograr mejor circulación a nivel regional y aumentar la visibilidad de su catálogo.

La mirada en común es de reflexión, de paciencia y de reacción. "El libro ha salido bien librado de estos años oscuros de pandemia y crisis. Sin embargo, debe mantener siempre esa fuerza comercial que lo sostenga, pero lastimosamente eso es justo lo que no hay en Latinoamérica", reflexiona Díaz, de Caballito de Acero.

Las dificultades también se expresan a través de la saturación del mercado del libro por parte de las grandes editoriales, un fenómeno que no ocurre solamente en Argentina. "En España es brutal. Los grandes sellos acaparan todas las mesas de librerías con una sobreproducción tan enorme, que a las editoriales pequeñas nos deja prácticamente en un punto invisible", agrega Barruaco Gaitán, de Barrett.

Latinoamérica tiene, todavía, el problema de la magra circulación de libros físicos entre nuestros países, un problema que no pareciera tener una solución a corto plazo y que los sellos pequeños combaten con coedición.

"Es complicado, incluso, circular libros entre Uruguay y Argentina. Es urgente una visión decolonial de la industria del libro. Junto con otras ocho editoriales latinoamericanas (El Cuervo, El Fakir, Elefanta, Fósforo Godot, Libros del Fuego, Luna Libros y Trabalis) organizamos el Premio de No Ficción Latinoamérica Independiente, que acaba de cerrar su convocatoria, con la idea de estrechar los lazos y de encontrar una obra que pueda hablarnos a todos los países con nuestra propia voz", explica Ortiz, de Criatura.

(Télam)