En este año y medio de pandemia, hubo momentos en los que se instaló el augurio de un nuevo orden político, una nueva forma de pensar el rol del Estado, la reasignación de recursos como horizonte develado una vez que la emergencia sanitaria pasara, pero el desigual acceso a las vacunas y el avance de la precarización laboral alumbraron y dejaron al descubierto la ferocidad de un sistema que cuesta pensar en una dirección más igualitaria.

Alejandro Galliano, Esther Díaz, Julieta Waisgold y Santiago Levin se animan a pensar el interrogante por la posibilidad de un cambio certero o un nuevo orden político y a plantear pautas para dar lugar a nuevas demandas y subjetividades que revitalicen la discusión pública.

"No creo que haya virus revolucionarios. Por supuesto que lo que nos pasa puede despertar nuevos interrogantes, pero también puede no hacerlo. Depende de qué hagamos con eso. En el mundo está habiendo procesos electorales en los que triunfan signos políticos opuestos", señala Waisgold y ejemplifica con procesos electorales recientes en los que no hubo opciones que apunten a una misma dirección.

Para la especialista en comunicación política, "en Estados Unidos ganó la opción más progresista y en la capital de España acaba de ganar la derecha. No veo que haya una discusión homogénea sobre un nuevo orden. Sí creo que hay nuevos elementos para hilvanar en el discurso progresista: inclusive aquellos lugares en los que el Estado no quería intervenir, como Brasil, tuvo que terminar haciéndolo. Parece que con la libertad sola no alcanza".

Galliano, autor junto a Hernán Vanoli del libro "Los dueños del futuro", ubica el momento de cambio más general un tiempo previo: "El orden político anterior (a grandes rasgos, el liberalismo globalista) ya estaba en cuestión desde antes de la Covid, quizás desde la crisis de 2008 o desde la segunda guerra de Irak".

"El tema es que desde un sistema de valores democrático y con garantías civiles, las alternativas efectivas hoy en día no son muy estimulantes: China, Rusia o la tecnocracia antidemocrática de Peter Thiel", grafica.

¿Cuál es el desafío? Para el historiador, se trata de "torcer la dinámica que nos lleva hacia allí revitalizando la democracia con los nuevos temas: crisis medioambiental, disrupción tecnológica y desalarización económica. Si podemos movilizar sujetos y proyectar futuros desde esos datos del presente, quizás cocinemos una alternativa más progresista al giro autoritario global".

"De tantas profecías que dijeron, la única que me permito es que el capitalismo está más fortalecido que nunca", marca Díaz, y sintetiza: "Un laboratorio como Pfizer que pide las barbaridades que pide para dar su vacuna, es más poderoso que diez Estados nacionales juntos, que un Estado como el nuestro".

Al momento de tener que definir si lo que vivimos implica un cambio, la también epistemóloga y ensayista dice que "desde el punto de vista artístico, científico, hubo un quiebre total" y a esta época, post 2001 la llama "póstuma" porque asevera que "nosotros los póstumos estamos recibiendo algunos de las consecuencias de la modernidad y posmodernidad, pero ahora somos otra cosa en un mundo diferente. Estamos en un período que va a durar hasta esta época porque ahora nadie puede negar que estamos ante un cambio de paradigma mundial".

Díaz se anima a decir que "es muy probable que el barbijo pase a ser una extensión de nuestro cuerpo, es una evolución tecnológica. Será nuestra segunda piel".

Levin no sostiene que "estemos en los umbrales de un cambio positivo" aunque haya habido "un optimismo inicial de cierto sector del pensamiento, de algunos filósofos y analistas, que en los comienzos de la pandemia quisieron o creyeron ver el advenimiento de una nueva era de justicia y equidad".

El psiquiatra marca que "por el contrario, y con la modestia del caso, vamos a salir peor de lo que entramos. Y ello por una simple razón: una pandemia es una catástrofe, y de las catástrofes se sale mal, jamás bien".

"El objetivo máximo es salir lo menos mal posible, y eso no es (lo vemos diariamente) nada fácil. La respuesta global a la pandemia ha sido de mala a pésima, quedando a la vista la diferencia entre el poder formal y el poder real tanto en el escenario mundial como en el de cada país", remarca.

Ante este escenario, considera que "la pandemia ilumina con nitidez todo aquello que está mal en la organización de nuestro mundo actual" y "nos ofrece una instantánea que debemos mirar con detalle y guardar con dedicación, porque pasada la pandemia la tentación a la renaturalización de la inequidad será enorme, y corremos el riesgo de olvidarnos de lo que esta crisis nos permite entrever".

Sin embargo vislumbra "cierta esperanza de un cambio, pero solo si sabemos aprovechar la oportunidad que este momento desdichado nos ofrece para conquistar una nueva conciencia". (Télam)