A partir de la lectura y el análisis del historiador Norberto Galasso, la agencia de noticias Télam recupera el día a día de una instancia clave de la Argentina: la Revolución de Mayo. En la crónica de hoy y tras el Cabildo Abierto de ayer, Cisneros intenta una hábil maniobra política para intentar su continuidad en el poder, integrando la nueva junta de Gobierno.

La mañana del 23 de mayo era morosa y burocrática. En el Cabildo aún se sentían los temblores de la jornada anterior, pero ya sin los ecos de la lengua todavía filosa de Castelli ni del ruido seco de cuchillos y pistolas, esos con los que la Legión Infernal quería garantizar la voluntad popular. Pero ya se sabe, en el silencio también se mueve la serpiente.

Era una mañana tranquila, decíamos, y el Cabildo se dedicaba a pasar en limpio lo ocurrido en el Cabildo Abierto del día 22. Se contaban los votos, se preparaba la convocatoria a los representantes de las provincias, se llamaba a mantener el orden público y se preparaba la designación de los miembros de la Junta. Se cocía y se bordaba. Es decir, se conspiraba. Se conspiraba contra la conspiración.

Pero esto último se hacía en silencio. De ahí lo de la serpiente. Al maravilloso público se le entregaba una maravillosa declaración pública. Un documento con sello y firma del Cabildo que según Felipe Pigna en "Los mitos de la historia argentina" decía exactamente esto:

"Hecha la regulación con el más prolijo examen resulta de ella que el Excmo. Señor Virrey debe cesar en el mando y recae éste provisoriamente en el Excmo. Cabildo hasta la erección de una Junta que ha de formar el mismo Excmo. Cabildo, en la manera que estime conveniente".

Lo que estimaba conveniente el Excelentísimo Cabildo no se diría hasta el día siguiente. Pero nosotros hoy, como es obvio, ya lo sabemos. Que la flamante Junta estaría integrada por por dos criollos, Cornelio Saavedra y Juan José Castelli; por dos españoles, el sacerdote Juan Nepomuceno y el comerciante José Santos Incháurregui; y por… Baltasar Hidalgo de Cisneros.

Lo que hicieron los vecinos de Buenos Aires con los bandos que comunicaban la buena nueva lo sabremos mañana, es decir el 24 de mayo. Por ahora el historiador Norberto Galasso adelanta a Télam que "el Virrey logró hacerse nombrar presidente de la Junta y comandante de armas, lo que encendió la furia de los patriotas".

"Se crea la idea de una Junta con cinco miembros. Dos representantes de la derecha y Castelli y Saavedra como representantes de las nuevas ideas. Pero como quinto integrante se designa al Virrey", subraya.

El autor de "La larga lucha de los argentinos" cree que "Castelli y Saavedra quedaron un poco desconcertados con esta Junta. Saavedra porque no quería cambios muy importantes. Pero lo cierto es que en un primer momento Castelli también la acepta".

"Si en ese momento Buenos Aires era un hervidero de las nuevas ideas, las provincias estaban un poco alejadas de esto. Eran organizaciones sociales más bien tranquilas, sin idea de los nuevos cambios. Por eso la convocatoria a los representantes de las provincias tenía su doble filo", explica Galasso.

El llamamiento fue hecho por el Cabildo Abierto del 22 de mayo, lo que no se modificaría con la caída definitiva del Virrey y la elección de una nueva Junta tres días después. Lo que se agregaba era complejidad. Una complejidad que marcaría la historia argentina.

El ensayista explica que "algunos de los integrantes de esas provincias, como los obispos, por ejemplo, y en general la Iglesia, van a crear las condiciones para el desplazamiento de Moreno, junto a los sectores más conservadores".

"También van a intentar, por ejemplo, hacer la Junta Grande, para que a fines de 1810 la Primera Junta se convierta en la Junta Grande, que exprese una posición conservadora, donde los cambios sean solamente formales", apunta.

"Se trataba de pueblos pequeños, aldeas con poca enjundia revolucionaria, y después estaba toda la zona controlada por los pueblos originarios. En ese momento se contaba con Córdoba, San Juan o Salta", detalla Galasso al hacer un repaso de la Argentina de entonces.

Recuerda también que si bien "los pueblos originarios intervienen a favor de la Revolución de Mayo a través del apoyo de algunos caciques, no hay intervenciones decisivas ni importantes".

La relación que la Junta instaurada en Buenos Aires después de la Semana de Mayo tendrá con las provincias estará determinada en buena medida por la estructura económica de la América colonial.

"Las producciones locales estaban favorecidas, indirectamente, por el escaso contacto con el exterior. Como había monopolio en el comercio los grandes ricachones de Buenos Aires, o los contrabandistas, importaban y exportaban, pero no había un comercio intenso con el exterior", resume Galasso.

"Se producían frutas en determinadas zonas, en algunas empezaban a fabricarse vinos y estaban también el telar tradicional y las pequeñas plantaciones ganaderas, pero los cambios van a llegar decididamente porque van a provocar una ruptura de ese régimen que, si bien ya era muy tradicional, de un modo u otro garantizaba cierto funcionamiento", añade.

La Revolución de Mayo va a producir una ruptura. Un quiebre del que después, según Galasso, van a surgir "los caudillos como expresión de la protesta popular frente al avance, por ejemplo, de la mercadería importada". Pero la Revolución todavía tenía un largo camino por recorrer. Y el sol del 25 aún estaba esperando. (Télam)