(Por Marina Sepúlveda) La artista multidisciplinar "La Chola" Poblete marca un territorio identitario que trasciende el color de piel y el género desde la muestra "Ejercicios del llanto", que se exhibe por estos días en el Museo Moderno de Buenos Aires y reúne una serie de dibujos sobre estados en transición donde la mendocina asoma con una intimidad avasallante, delicada, tenue.

Líneas tenues, puntos que se arremolinan configurando espacios, trazos delicados que destilan cabelleras y los cruces entre vírgenes, papas y trenzas, se desenvuelven sobre blancas hojas de cuaderno enmarcadas que por estos días se exponen en la serie de dibujos creados entre 2014 y 2015 por Poblete, "un diario íntimo" puesto a disposición del público. Son dibujos, una acuarela y un par de cuadros como antesala compartidos en la muestra "Ejercicios del llanto", que le dedica el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires.

"Soy artista, mendocina. Me gusta que me llamen La Chola, Chola, Cholita, afirma contundente ante la pregunta sobre cómo quiere ser nombrada quien se hizo conocido como Mauricio Poblete y en su búsqueda artística fundió un proceso identitario que hoy la lleva a definirse como "la Chola". Hace apenas un año en la galería Pasto presentaba su primera exposición individual en Buenos Aires, "Tenedor de hereje" (un instrumento de tortura de la Inquisición) curada por Leandro Martínez Depietri. En lo que va de 2022, ya estuvo presente en la feria de arte ARCO Madrid y hasta febrero algunos de sus dibujos dialogaron en la muestra "Trama sinfónica" con Luis "Yuyo" Noé y otros artistas en el museo Marco de La Boca.

En la continuidad de su trabajo, la figura de "La Chola" se asienta en su propio cuerpo como acto performativo de identidad cultural a ser leído, tal como sucedió en un intercambio personalísimo con la Reina de España en Madrid, donde sin reverencia protocolar rompió el hielo con el saludo "Letizia, nos reencontramos 530 años después", según narró el encuentro en su perfil de Instagram, @la.c.h.o.l.a ,

Y con algo más de 30 años, este nuevo capítulo expositivo que tiene lugar ahora en el Museo de Arte Moderno legitima su proyección como artista que rescata saberes ancestrales, denuncia prácticas coloniales de discriminación por raza y género, y se instala desde las disidencias sexuales y color de piel en contigüedad al colectivo Identidad marrón. Poblete avanza contra estereotipos desde una exotización que utiliza, por que no, a partir de sincretismos varios, "positivos" según afirma, y representaciones de cuerpos no hegemónicos.

Con curaduría de Victoria Noorthoorn -directora del museo- y de Marcos Krämer, la exposición dedicada a Poblete (1989) reúne un cuerpo de obra de trazos que se contraponen a esa imagen más habitual de la artista visual, performer y activista que se dio a conocer en Buenos Aires por 2017 con la instalación performática "American beauty" -en alusión a la película "Belleza americana" de 1999- en el marco de ArteBA. Como una continuidad, estos dibujos mendocinos se actualizan en las acuarelas coloridas y los mitogramas ancestrales americanos que estudia, absorbe y reformula la artista desde la pandemia, y que ponen en foco cuestiones como la identidad cultural, sexual, de género y de clase, así como la marginación y el sincretismo cristiano. "Es una manera de explorar las posibilidades de la introspección. Un proceso de mi construcción identitaria. ¿Cómo habitar el papel? ¿Cuánto puede una línea?", dice a Télam.

Estos trazos están acompaños de otra obra colorida, "una acuarela en donde aparecen dos figuras que van abstrayéndose, están enfrentadas -reflexiona-. De alguna forma soy yo abandonando el artificio de la peluca para representar algo".

Con un interesante recorrido nacional e impulso internacional a través de sus performances que reivindican la piel morena, "marrón", las mujeres de su familia y su ascendencia de pueblos originarios, la artista retoma en sus video-performance, fotografías, esculturas, pinturas y dibujos, un conjunto de saberes ancestrales y plasma desde una simbolización crítica las prácticas coloniales de discriminación aún presentes.

Estos dibujos que no fueron exhibidos en su momento eran parte de cuadernos-diarios íntimos que guardó. "Por casualidad o arte de magia le llegó a Victoria Noorthoorn uno de estos dibujos y me pidió que viajara a Mendoza a buscar los cuadernos. Me recuerdo en ese momento de intimidad con el papel, buscando el silencio, atrapando la tranquilidad, callando la cabeza rumiante, ejercitando el punto, abrazando la línea, amasando pelos", rememora Poblete sobre la serie creada en un momento de depresión.

Es así que estas líneas y puntos dan comienzo a ese "ejercicio de abstraer ideas, imágenes, elementos" referidos a temas personales de su "identidad e intimidad" que sale de lo literal para perderse en la composición.

"Muchas de estás composiciones son como un germen de elementos y signos que después empezaron a aparecer en obras más recientes", destacaba durante la presentación de la muestra en el museo, y en esa apropiación cultural de la historia del arte que también practica, le satisface "darse cuenta de este lugar más íntimo, sugestivo" que se refleja en su trabajo actual y tiene una exploración temática más definida hacia "la colonialidad", entre otros temas.

Artista multidisciplinar y procedente de una familia humilde, es un emergente del mapa de expresiones artísticas que renuevan genealogías étnicas, racializadas, a través de variados lenguajes artísticos que se entrelazan con lo popular. Poblete es parte del colectivo artístico y sexodisidente Comparsa Drag, y su alter ego La Chola le permite desde la acción performática "crear un ritual colectivo de un hecho íntimo", como escribe en sus redes.

Pero, ¿cómo se puede salir de la lógica del mercado del arte, permanecer en el sistema sin dejar de ser uno? "La muestra individual en el Moderno es una oportunidad para poder visibilizar mi trabajo a otro público. Recomiendo estar rodeada de amigues y familia", responde críptica a la pregunta.

Egresada de la licenciatura y profesorado en Artes Visuales de la Universidad Nacional de Cuyo, Poblete afirma: "No sólo aprendí en la universidad. Mi formación también es la noche, la calle, los bares, compartir un fernet en la orilla de una acequia escuchando al Indio (Solari)", y temas como 'Vencedores vencidos' y 'Música para pastillas'", grafica.

"Siempre tengo la compu al lado, veo muchos videoclips e imágenes", indica sobre su proceso creativo e impulso de ese cruce de lenguaje tan pregnante, una emoción que incluye la música. "Me gusta experimentar, si no me aburro. No tengo preferencias respecto a los lenguajes", sintetiza.

¿Cómo escapar de la moda que mira lo queer, disidencias y pueblos originarios, y transitar ante una sociedad que aún es muy blanca y patriarcal? "Siendo una misma. En mi caso cada vez que se presenta una situación de este tipo no me quedo callada. Soy bastante confrontativa. Y en cuanto a los lugares que habito como 'artista' lo hago desde mi trabajo , a veces siendo menos explícita", manifiesta.

Una artista que se describe como alguien que tiene "mucho que decir y no sólo desde el lugar del fetiche, me pasan otras cosas en mi vida cotidiana", afirma sobre el personaje que la configura.

¿Puede haber una reparación desde el arte? "Sí. A veces simbólica. Reparar depende de una acción sanadora. Para garantizarnos la no repetición de ciertos hechos debemos reconocer que fue lo que sucedió. Se me viene a la cabeza las siguientes palabras : resistencia , acción-reacción, hacer-memoria", enumera.

Entre sus proyectos se cuentan una probable residencia en Francia, aunque su deseo es "estar metida en el taller, estoy deseando tener una prensa de grabado. Quiero hacer grabados, tacos perdidos , aguafuertes", concluye.

Como parte del segundo episodio del programa anual de exposiciones del museo "Un día en la Tierra", la muestra individual de La Chola se propone como un espacio meditativo en el primer piso del museo (Avenida San Juan 350, Ciudad de Buenos Aires). (Télam)