(Por Ana Clara Pérez Cotten) La voluminosa biografía del escritor estadounidense Philip Roth (1933-2018) llegó a las librerías argentinas después de varias idas y vueltas en torno a su publicación, que incluyeron la retirada de la venta por acusaciones de acoso sexual contra su autor, Blake Bailey, quien en el libro de casi mil páginas aborda cómo el creador de "Pastoral americana" y "La conjura de América”, artífice de 31 libros aunque el Nobel le fue esquivo, luchó contra sus críticos, sus exesposas y contra varias enfermedades para dar testimonio de hasta qué punto la obra puede decir tanto más que una vida.

Con el valor documental de haber tenido acceso a fotos familiares, actas universitarias, contratos editoriales y cartas, la posibilidad de haber mantenido largas charlas con el autor y el análisis literario de una obra monumental, Bailey construye la biografía de Roth y cuenta desde su crianza en Weequahic, un barrio casi íntegramente judío de Newark, Nueva Jersey, durante los años 30 y 40, las aventuras con sus alumnas en la universidad de Iowa o Pennsylvaniay o su vínculo con la nueva camada de escritores como Nicole Klauss, Jonathan Lethem o Zadie Smith.

¿Qué tipo de decisión toma un escritor cuando elige, en el último tramo de su vida, a su biógrafo? “No quiero que rehabilite usted mi persona. Haga solo que resulte interesante”, le dijo Roth a su biógrafo, quien incluyó el pedido como primera línea del libro, en un intento de dejar en claro desde el comienzo qué tipo de indagación desplegó. La elección del biógrafo fue meditada por Roth como cualquiera de sus otras elecciones literarias. Bailey es autor de las biografías de Cheever, Richard Yates y Charles Jackson. Finalista del Pulitzer y beneficiado con la beca Guggenheim, cuenta con una nutrida estantería de reconocimientos: el Premio de la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras, el National Book Critics Circle Award y el máximo galardón que otorga la Sociedad de Historiadores de su país.

A Roth le interesaba mucho el destino de su biografía. En 1988 publicó su primera memoria, “Los hechos”, y tres años más tarde, “Patrimonio”, el libro en el que retoma el final de su padre. Primero se la encomendó a su amigo Ross Miller, pero en 2006, en pleno trabajo, se pelearon y la empresa fracasó. Retomó el asunto en 2009, cuando anunció que se retiraba de la literatura con una cita del boxeador Joe Louis: “Hice lo mejor que pude con lo que tenía”. De Bailey le gustaba su trabajo con la vida de Cheever y le dio, además de libertad, acceso a sus archivos, sus contactos y a largas sesiones de conversación. “Roth sabía que una biografía sobre su figura sería inevitable, y que estaría repleta de detalles sobre su vida, muchas veces poco convencional, vida privada. Por lo tanto, estaba resignado. Lo que él buscaba, por encima de todo, era precisión y perspectiva—es decir, que su biógrafo pusiera el énfasis necesario en todos los aspectos de su vida y de su obra, cada uno en su justa medida”, contó Bailey sobre su rol y el texto que escribió. Y durante aquella gran empresa, su relación fue “a veces complicada pero raramente desdichada”.

Como si fuera una de esas licencias que a veces se toma la buena literatura, la biografía de Roth, autor de historias cargadas de sarcasmo, humor y melancolía en las que abordó con intensidad la sexualidad y la muerte, tuvo desde su lanzamiento un derrotero digno del mismo universo que construyó.

La carrera profesional de Bailey, llena de reconocimientos, tambaleó cuando horas después de que la biografía llegara a la lista de los libros más vendidos del New York Times: la editorial W. W. Norton & Company decidió detener la publicación, la distribución y la promoción del libro luego de que se multiplicaran las denuncias por acoso y abuso contra Bailey.

Según las acusaciones, Bailey (Oklahoma, 1963), habría agredido sexualmente a dos mujeres y, además, se habría comportado de forma inadecuada con varias estudiantes de secundaria cuando era profesor de secundaria en 1990. En aquel momento, en un correo electrónico enviado a la agencia de noticias AFP, el biógrafo negó las acusaciones al considerarlas "categóricamente falsas y calumniosas". Al mes, el libro fue publicado por la editorial Skyhorse, con experiencia en la publicación de obras de autores denostados, tal como lo hizo el año pasado con la edición de la autobiografía de Woody Allen, "A propósito de nada", que inicialmente iba a publicar el sello Hachette en Estados Unidos, aunque desistió luego de las acusaciones de abuso sexual. Un año después de aquella “cancelación”, Penguin Random House publica el libro en Argentina.

A finales de los noventa, cuando Roth terminó su “Trilogía americana” de novelas, los críticos se referían a los tomos como “Carta a Estocolmo”, en referencia a la ciudad donde todos los años se otorga el Nobel de Literatura, un premio que le era esquivo al que muchos consideraban el mejor escritor estadounidense. Pero la Academia se mantuvo en su decisión. Bailey cuenta como el octogenario escritor, ya en los últimos días de su vida, caminaba de forma rutinaria entre su departamento en el Upper West Side de Nueva York hasta el Museo de Historia Natural, y hacía paradas para descansar en todos los bancos que encontraba. Uno de ellos estaba en los jardines del Museo al lado de una estatua de color rosa en la que figuraban los nombres de todos los estadounidenses que habían ganado el premio de la Academia sueca. "En realidad, la estatua es bastante fea, ¿no te parece?", le dijo cierto día un amigo. "Sí —contestó Roth—, y se pone más fea cada año que pasa". "¿Para qué la ponen ahí. No tiene sentido", le respondió su amigo. "Para fastidarme", se rió Roth quién, según su biógrafo, no haber ganado el Nobel le molestaba más de lo que admitía en público.

Según Bailey, Roth -sí ganador de Pulitzer, el Booker, el Príncipe de Asturias y otros como el Faulkner, el Hemingway o el Nabokov- tenía su teoría sobre por qué aquella “Carta a Estocolmo” nunca llegaba alrededor de la publicación de dos obras: el andamiaje políticamente incorrecto de “El lamento de Portnoy” y “Adiós a una casa de muñecas”, el libro de memorias que escribió su segunda esposa, la actriz Claire Bloom, quien lo acusó de “misógino maquiavélico”. “La literatura no es un concurso de belleza moral”, le dijo el gran narrador estadounidense al periodista.

Bailey dedica largos tramos del libro a matizar aquella teoría que sostiene que la obra de Roth era autobiográfica y, con eje en “El lamento de Portnoy”, exhibe los tramos que el autor tomó de su vida y cómo los “camufló” y alteró con dinámicas exclusivamente literarias. Las novelas eran “generadas por la interacción entre mi historia de ficción anterior, mi historia personal reciente mal diferida, las circunstancias de mi vida inmediata y los libros que había estado leyendo y sobre los que había estado dando clase”, según Roth.

El biógrafo no ahorra detalles sobre los chismes del mundillo de la crítica ni se priva de contar cómo el autor buscó acercarse a Nicole Kidman y a Penélope Cruz, pero asume con responsabilidad la misión de dar cuenta de por qué Roth fue “el gran escritor norteamericano del siglo XX” y “uno de los últimos representantes de una generación de novelistas heroicamente ambiciosos que incluía a amigos y rivales ocasionales como John Updike, Don Delillo y William Styron”.

Entonces, Bailey aborda el realismo de sus primeras obras cuando se inspiraba en Henry James, Flaubert, el humor negro y la farsa descarada de Portnoy, la sátira de su mítico Nathan Zuckerman, la experimentación posmoderna “La contravida”' y la magistral “Trilogía Americana” que reúne “Pastoral Americana”, “Me casé con un comunista" y “La mancha humana”, de quien el poeta Mark Strand dijo que enseña “la imagen más real que tenemos de la forma en que vivimos ahora”.

Roth murió el 22 de mayo de 2018 a los 85 años. Hacia el final del libro, Bailey reconstruye el funeral, el último lunes de mayo de aquel año, un Día de los Caídos, en el cementerio de Bard College, cerca de la tumba de Hannah Arend. Allí los seres queridos del novelista leyeron pasajes de sus novelas. “Sí, estamos solos, profundamente solos, y siempre nos aguarda una capa de soledad todavía más profunda”, leyó un niño de un ejemplar de "Pastoral Americana" para homenajear al gran escritor norteamericano. (Télam)