La Bienal de arte contemporáneo de San Pablo, una de las más importantes del mundo en su tipo, reúne en su 70º aniversario una reacción a la extrema derecha presente en Brasil de la mano del presidente Jair Bolsonaro, así como a la crisis medioambiental y a la pandemia.

"Faz escuro mas eu canto" ("Está oscuro pero canto"), título de la bienal, remite a un verso de Thiago de Mello, surgido como un mensaje de esperanza durante la última dictadura militar (1964-1985), y se transformó en espíritu de esta Bienal de más de un millar de obras de 91 artistas nacionales y extranjeros, como el argentino León Ferrari, y artistas indígenas.

La oscuridad remite a hechos como "nuevos incendios, discursos de odio (...), actos de racismo explícito, señales de fragilidad institucional y finalmente la pandemia", dijo en el lanzamiento Paulo Miyada, uno de los curadores.

"Las voces de los artistas se tornan más importantes en estados de emergencia como el que vivimos", añadió.

Tras su llegada al poder en 2019, Bolsonaro eliminó el Ministerio de Cultura y lo redujo a una secretaría integrada a la cartera de Turismo, con un presupuesto recortado y denuncias por supuesta censura.

"La respuesta (de la Bienal) a tiempos políticos oscuros, con movimientos de extrema derecha surgiendo en todo el mundo, era necesariamente con un abordaje político", dijo el italiano Francesco Stocchi, curador invitado.

La Bienal se planteó entonces un concepto de historia circular que retrocede a la colonización y aborda el presente desde una perspectiva histórica, estableciendo paralelismos. Hay "una clara conciencia de la gravedad de algunas situaciones actuales", dijo el curador general Jacopo Crivelli Visconti, consignó la agencia AFP.

Citó el trabajo de la brasileña Regina Silveira que representa sombras desproporcionadas de símbolos de la dictadura, como un tanque de guerra similar a los empleados recientemente en Brasilia, en un desfile militar inédito el que participó Bolsonaro, excapitán del ejército.

Su compatriota Carmela Gross expone una gran silueta cubierta con una lona, una escultura que ya expuso en la Bienal de 1969 durante el régimen militar, un contexto que la "impregnó de sentidos de amenaza y peligro", describen los responsables.

La percepción se refrescó en las marchas del último martes, en las que muchos bolsonaristas pidieron una intervención militar para frenar al poder judicial, que investiga a Bolsonaro entre otras cosas por divulgación de noticias falsas.

Una frase del filósofo Antonio Gramsci plasmada en otra de las obras expuestas también invita a reflexionar: "El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos".

Afuera, dos esculturas inflables con forma de serpientes atraen las miradas sobre un lago del parque Ibirapuera. Pero Jaider Esbell, indígena makuxi y autor de la obra llamada "Entidades", dice que su participación en la Bienal va más allá de ese y otros de sus trabajos expuestos.

"Mi mejor obra es política, no esos dibujos coloridos, ni la cobra dentro del lago; esos son elementos para atraer la atención para discutir cuestiones como el calentamiento global y la urgencia ecológica", dijo Esbell.

Durante el gobierno de Bolsonaro, la deforestación y los incendios registraron récords en la Amazonía, clave para el equilibrio climático global y hogar de numerosos pueblos originarios.

La exposición se mantendrá hasta el 5 de diciembre y espera atraer, como en ediciones anteriores, alrededor de un millón de visitantes. (Télam)