Después de haber decidido publicar una bitácora por entregas de su lenta recuperación tras una descompensación cardíaca que lo dejó postrado en un hospital romano, el escritor británico paquistaní Hanif Kureishi cuadruplicó la cifra de lectores que todos los días siguen sus novedades médicas y sus variaciones sobre el arte, el rol terapéutico de la lectura, sus cambios de ánimo y sus posturas existenciales.

Kureishi, quien describe sentirse "como una boca parlante beckettiana" porque apenas se puede mover con la ayuda de fisioterapeutas, escribe gracias a su hijo Carlo, que transcribe las palabras de su padre y todos los días sube una nueva entrega de esta suerte de diario de evolución.

El autor de novelas como "Intimidad" y el "Buda de los suburbios" -quien supo llevar a la ficción la identidad de una generación marcada por la liberación sexual, el uso de las drogas, el despertar político, el multiculturalismo y el compromiso político en los 60 y los 70- insiste en escribir y en convocar a una nueva camada de lectores, un gesto de resistencia que le permite pasar los días en contacto con su oficio.

A un mes de este accidente continúa hospitalizado y compartió sus reflexiones sobre esa situación bajo el título de “No puedo sostener una lapicera”. A pesar de que ahora es su propia "tragedia" la que relata, Kureishi no perdió el sentido del humor: “Lo único bueno que puedo decir de la parálisis es que no tienes que moverte para cagar o mear”.

Un día en la cuenta de Twitter @Hanifkureishi apareció un mensaje de su hijo: "Papá está bien y descansando hoy, disfrutando del Spurs vs Arsenal. Vuelve mañana", avisó Carlo en esa oportunidad para dar cuenta de por qué no habría entrega.

Los primeros días de internación los pasó en el Hospital Agostino Gemelli de Roma. Su hijo explicó que después lo trasladaron a la unidad de parálisis de la Fondazione Santa Lucia, en las afueras de la ciudad, cerca de Appia Antic. "Qué fácil es casi morir. Me despierto a las cuatro de la mañana sabiendo que hoy me mudo. Me pregunto cómo será el lugar", contó el sábado el escritor sobre la expectativa que le generaba la mudanza a una nueva institución.

Los mensajes de Kureishi suelen ser esperanzadores, el autor resalta el canto de los pájaros, se alegra de conocer a nuevas personas en el hospital y de poder, mediante la escritura, encontrarle sentido a sus días a pesar de "la bomba" que alteró su vida y la relación con los demás.

Aunque a veces la ansiedad que le genera la internación también deja rastro en sus textos: "Inmediatamente me siento deprimido. Estoy desesperado, no quiero estar aquí, quiero irme a casa, prefiero morir ahora. Ya he tenido suficiente de esta mierda. Siento que me faltan fuerzas para enfrentarme a esto. Realmente no quiero vivir así. Es una mierda y estoy cansado de pedirle a Isabella que haga tanto por mí."

En los días de avances, pero también en las jornadas más arduas, el autor repite -ya como un sello- la fórmula de su despedida: "Hasta mañana, queridos amigos, en estos tiempos de mierda, vuestro escritor Hanif, y un beso".

Kureishi nació en 1954, hijo de padre paquistaní y madre inglesa, estudió Filosofía en el King's College de Londres y sus novelas, guiones y ensayos están marcados por reflexiones alrededor del sexo, el rock, la paternidad y el deseo.

En los últimos tiempos, varias de sus intervenciones públicas giraron alrededor de cómo envejecer, la enfermedad y la muerte.

En mayo, durante una entrevista concedida al diario chileno La Tercera, a propósito de la publicación por primera vez en castellano de su libro de ensayos "Amor + Odio" (Anagrama), contó: "De verdad disfruto hacerme mayor. Estoy cerca de los 70 años, varios amigos han muerto y estoy empezando a sentirme más endeble y más cansado. Y además tuve Covid. Pero debo decir que es hermoso envejecer, porque hay mucha menos presión sobre ti para tener éxito, para trabajar".

En aquella oportunidad, también relató los detalles sobre cómo le costó recuperarse del Covid: "Me tocó fuerte. Me sentí realmente una mierda, estaba cansado todo el tiempo. Pensé que era la vejez, pero ya me siento con más energía y estoy volviendo a trabajar. Estoy reescribiendo un guión en el que trabajo con uno de mis hijos desde hace cuatro años". (Télam)