La literatura y la política pueden construir un camino que se bifurca pero que para algunos se retroalimenta desde la escritura y la función pública al mismo tiempo como sucede para Paula Vázquez, Matías Molle y Juan Diego Incardona, tres jóvenes de una misma generación que van del oficio de la escritura a la responsabilidad política asumiendo que la intervención en un tiempo histórico puede tomar distintas formas que no son excluyentes sino que se potencian.

Los tres tienen diversos recorridos y ámbitos de militancia política y cultural: Incardona es autor de una obra con anclaje fuerte en el conurbano bonaerense y dirige la Casa de la Provincia de Buenos Aires; Vázquez es abogada, tiene una producción que incluye poesías ("Los hombres de mi oficio"), cuentos ("La suerte de las mujeres") y novela ("Las estrellas") y desde hace tres meses es directora de Asuntos Culturales de la Cancillería; y Molle fue gerente de Anses, director del Renar y hoy es diputado provincial pero en el medio publicó su primera novela "La fórmula de lo real".

En el país de Sarmiento, Borges o Marechal, plantear los cruces entre literatura y política es un mapa múltiple y heterogéneo a la hora de pensar en sus determinaciones. ¿Cómo se cruzan estas formas de intervención en el tiempo presente? ¿Cómo se mezclan, hilvanan y proyectan los intereses culturales al asumir responsabilidades como parte de un proyecto político?

Para Vázquez (Pilar, 1984), cuyo camino tiene un título de abogada, dos librerías (una en Madrid y otra en Barcelona) y un mandato como concejal de Pilar por el Frente de Todos, "la bifurcación es conceptual, de mirada, en la práctica siempre formaron algo más o menos orgánico".

"Me acuerdo de que un compañero, que cuestionaba mi lugar en cierta mesa de decisiones, me llamaba 'la escriba'. '¿Por qué la escriba tiene que estar en estas reuniones?', preguntaba, adelante mío, claro. En ese entonces yo, entre otras cosas, escribía los documentos políticos de la agrupación en la que militaba. En los lugares de militancia y de gestión que tuve la dimensión de la escritura siempre fue muy importante", explica.

Con un nombre reconocido en la literatura argentina, Incardona desembarcó en la Casa de la Provincia de Buenos Aires por una propuesta de la entonces ministra de Gobierno bonaerense Teresa García: "Me dijo que buscaban a alguien que fuese expresión de la provincia, fue un halago. La literatura fue una experiencia territorial para mí, no solo una experiencia íntima y profesional. Mi saga matancera se fue armando a partir de mis años en La Matanza, haber recogido esas historias se dio también como un modo territorial en mi propia escritura, de trabajar no solo una geografía sino también una zona cultural que conozco mucho o conocí".

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El autor de "Objetos maravillosos", "Las estrellas federales" y "La cárcel del fin del mundo" pone en duda que esta responsabilidad sea la bifurcación de escritura y política en su biografía. "Mi escritura tiene bastante de autobiográfico -repasa- y en la saga de los libros de Villa Celina la experiencia de la política ya aparece en mis relatos, o sea que ya estaban unidas en esa actividad de la escritura y en base a una obra que escribí a partir de la experiencia vital".

De esa manera piensa su tarea en la Casa de la Provincia como "una continuidad de tantos años de trabajar en el campo de la cultura y la gestión cultural porque convergen, además de otros roles y tareas que tiene la institución, con las actividades culturales como presentaciones de libros, charlas, lecturas que forman parte del programa de trabajo".

Vázquez sostiene que "la lectura y la escritura, por otra parte, siempre partieron de una pulsión de búsqueda: de conocer otros mundos, pero fundamentalmente otras vidas posibles, más allá del contexto de origen, familiar y social. Algo de esa misma pulsión, la búsqueda de transformar el mundo que nos fue dado, es común con la política".

En ese sentido, la escritora, librera, abogada y funcionaria destaca "que esas transformaciones pueden darse a través de la literatura y de la política", y reivindica haber llegado "a las dos por esa búsqueda, la posibilidad, real o no, de transformar el mundo propio y el mundo de todos".

En el caso de Molle (Mercedes, 1976), exfuncionario nacional y actual diputado de la provincia de Buenos Aires del Frente de Todos, "la escritura siempre estuvo ahí", fue una parte "importantísima" de su formación, a la que le reconoce la posibilidad de "explorar, ordenar las ideas, encontrar mejores preguntas, ser más preciso al comunicarlas".

El autor de "La formula de lo real" (Ediciones Hasta Trilce) dice que siempre escribió y que para él la ficción "nunca fue lo contrario a la 'verdad', o a un discurso más ligado al conocimiento verdadero". "Al contrario -afirma-. La ficción anida en todos nuestros discursos, incluso en aquellos que pensamos como más reales. Ese fue el principal motivo por el que recurrí a la novela para explorar y contar muchas de las ideas que tenía desde hace años dando vueltas por mi cabeza".

Ese engranaje de intervención en la escena pública, como militante, funcionario y escritor, es el que lo llevó a diseñar una novela que pone en escena la conjunción de política y medios y permite reflexionar sobre varias formas de poder: desde la familia, el mundo del trabajo y las relaciones de medios y servicios de inteligencia.

"Se trata más bien de una preocupación que hace muchos años me acompaña y que ha preocupado a decenas de hombres y mujeres de distintas disciplinas a lo largo del tiempo y que podríamos llamar la construcción de lo real. Cómo representar lo real. En ese ejercicio de representación, de construcción, pensaba y sigo pensando, se juega la escritura del pasado y del presente, las coordenadas de interpretación sobre cómo creemos que sucedieron y se suceden los hechos, y el avistamiento del futuro. Ahí hay política. Eso me interesaba", enfatiza.

Si hay que pensar en referentes que se hayan animado a esta apuesta por la política desde la función pública y la escritura desde la ficción, Incardona (Buenos Aires, 1971) advierte que "la literatura argentina tiene en su historia muchos escritores que han ejercido la función pública, especialmente en el siglo XIX cuando algunos fueron incluso presidentes de la Nación. Al pensar en referentes, aparece una figura emblemática que es Rodolfo Walsh, como ejemplo de entrega, de sacrificio, de militancia y compromiso".

"Pero también pienso en otros que han ejercido la función pública como Leopoldo Marechal, al que he leído mucho y me ha influenciado en la construcción de mi propia obra y también por su vinculación con el peronismo -reflexiona-. Es verdad que no tengo un referente en especial pero si uno repasa nuestra historia hay muchos escritores que han tenido ese rol, lo cual también le da a la literatura argentina una marca interesante en cuanto a que muchas figuras de la literatura trascienden la actividad y buscan otro tipo de rol dentro de nuestra sociedad. En el siglo XIX desde Sarmiento, Alberdi, Mansilla hasta escritores como Lugones a principios de siglo XX hasta llegar a autores como Horacio González y María Moreno".

La autora de "Black out" y actual directora del Museo del libro y de la lengua también aparece entre las referencias de Vázquez: "Me identifico -no me comparo, como dice ella- con su escritura no profesional, con ese 'venir de otro lado', con cierto criollismo asilvestrado de su biografía lectora y, muchísimo, con su modo de hacerse espacio, de estar de pie -aunque sea acodada en las mismas barras- frente al 'sabalaje bravío', como me dijo en una de las últimas charlas que tuve con ella, con esa cofradía de varones que aún se reproduce en las estructuras del mundo político y literario".

Molle no duda en destacar que "la literatura de nuestro país es una literatura política. Este es un país en el que se respira política. Incluso en aquellos que se definen como apolíticos, la política los atraviesa por la negativa. Y la literatura no escapa a ese fenómeno".

El diputado cita como ejemplo a los integrantes de la generación del '37 (Echeverría, Sarmiento), los escritores de la generación del '80 (Cané, Wilde, Cambaceres), o algunos del siglo XX, como la generación de la Revista Contorno y su acercamiento al frondizismo.

"Muchos de ellos se dedicaban o dedicaron a la política. Más allá de compartir o no la visión del mundo que tenían, los personajes que comprenden la potencia que tiene la escritura y asumen el riesgo de exponerse, me fascinan. Y si a eso se le suma la militancia (desde donde sea, desde la gestión pública o la militancia partidaria o social y del color que sea), mejor todavía. No porque los haga mejores que otros, sino porque me interesa prestarle atención a la apertura que implica escribir algo propio para que otros te lean, ver qué objetivos hay en esa escritura y, al mismo tiempo, ver cómo se articula esa doble función, la del escribir y del hacer", explica el legislador.

En ese sentido reflexiona: "En la literatura aparecen los miedos y los deseos de todo escritor. A veces más vedados, a veces más explícitos. Pero quedan a la vista del otro y de su libre interpretación. Y, si sos una persona pública, que antes que escritor te considerás como un hombre o mujer de la política, no es fácil generar esa apertura hacia el otro, esa exposición que implica el libro. David Viñas, Horacio González y María Pía López han sabido leer eso muy bien. Ricardo Piglia también". (Télam)