¿Cómo impactan las dinámicas de la cancelación sobre la trama local? "En Argentina, las cancelaciones suelen ser efímeras. Hay una indignación, una repercusión que se sostiene uno o dos días, y un nuevo tema de agenda la silencia. Estamos tan acostumbrados, quizá, a que las cosas no funcionen como deberían que no nos escandalizamos con facilidad", sostiene el periodista Juan Gabriel Batalla.

"Por otro lado, hay una dinámica de grieta, de bandos enfrentados, que se disparan de manera cotidiana y eso genera como una especie de normalidad y, a la vez, termina licuando todo en un sin fin de acusaciones en círculo que no llevan a ningún lado", dice.

- Télam: ¿Qué tan funcional resulta para la sociedad argentina esta cultura de la cancelación que insta a silenciar pensamientos o personas cuando no coinciden con el signo de los tiempos? Dicho de otro modo: si bien se trata de un fenómeno que se ve a escala mundial ¿Hay sociedades que por su idisiosincracia son más proclives que otras a asimilar estas dinámicas de censura y escrache?

- Juan Gabriel Batalla.: Sí, no todas las sociedades reaccionan de la misma manera según el tema y no todas las cancelaciones son iguales de efectivas según la latitud. Sin dudas, hay temas que tienen mayor poder de convocatoria que otros según el grado de conflictividad social en el país que se producen. En EE.UU. o el Reino Unido, donde los debates de género y raciales se encuentran mucho más presentes y tienen eco en los grandes medios, las posiciones que se toman son mucho más radicales que las que estamos acostumbrados en esta parte del mundo. Pensemos en el caso de J.K. Rowling, la persona más cancelada del mundo por sus opiniones que le valieron el mote de TERF. Entre otras cosas: cancelada en redes, hubo quema de libros, librerías dejaron de vender sus títulos, se hicieron reseñas maliciosas de su obra e incluso un grupo de personas trans llegaron a mostrar en Instagram la dirección de su casa. Cada paso que da y aun cuando no dice o hace nada, reaparece como TT y sin embargo, sigue siendo una best seller, porque hay personas a las que no les interesa lo que piensa o estarán de acuerdo, no sé, pero queda claro que la operativa cancelatoria habla a un grupo determinado que se siente ofendido y no a toda la sociedad.

Detrás de campañas tan intensas y sostenidas siempre hay un dogma, hay una fanatización del discurso que no acepta la disidencia y en ese punto la cancelación, como puede abrir el debate en algunos casos, también puede cerrarlo en otros. Y también hay una incapacidad de comprender que se convive con diferentes generaciones, con sus propias historias y valores, que los ven amenazados y es lo normal.

En Argentina, las cancelaciones suelen ser efímeras. Hay una indignación, una repercusión que se sostiene uno o dos días, y un nuevo tema de agenda la silencia. Estamos tan acostumbrados, quizá, a que las cosas no funcionen como deberían que no nos escandalizamos con facilidad. Por otro lado, hay una dinámica de grieta, de bandos enfrentados, que se disparan de manera cotidiana y eso genera como una especie de normalidad y, a la vez, termina licuando todo en un sin fin de acusaciones en círculo que no llevan a ningún lado.

- T.: ¿El rastreo de modalidades similares en el pasado se puede leer como una acción esperanzadora en el sentido de instala la idea de un procedimiento que ya circuló y fue asimilado sin provocar lesiones irreparables en el tejido cultural?

- J.G.B.: La diferencia entre el antes y el ahora es quién ejerce el martillo cancelador. Cuando antes era el poder, entiéndase la religión o los gobernantes, hoy esta posibilidad de aunar voces desconocidas en coro que demandan o escrachan vía redes genera un nuevo escenario a futuro. No creo que la cultura de la cancelación quede en eso nomás, de hecho ya tuvo ramificaciones dentro del orden de lo político-social y el sistema capitalista, que rápidamente adaptó esas voces a su propio discurso para convertirla en un producto cultural aceptable a estos nuevos tiempos.

La aceptación liviana de los discursos cancelatorios propone posibles escenarios que se desarrollarán al ritmo de la manipulación en muchos casos o de la polarización de los relatos sobre el "ellos y nosotros", pudiendo así ingresar en territorios donde aún hoy no lo hizo del todo como el de la xenofobia, que nos pueden parecer residuales, que solo involucran a un grupo minoritario, pero que dependiendo de variables económicas y políticas tienen la capacidad de extenderse. Si no, miremos a la civilizada Europa.

Y si bien fue asimilado en otras épocas, hay que preguntarse también cuál fue el precio que se pagó en ese momento. ¿Qué sucedería si una campaña de cancelación crece a tal punto que el Estado la hace bandera?, ¿cuáles son las posibles medidas que tomaría y cómo afectaría al tejido social? La dogmatización ha sido dañina en todas las eras y la exacerbación de un discurso puede tener consecuencias que sin dudas afectarían la dinámica social. (Télam)