(Por Claudia Lorenzón) En "El castillo de Barbazul", novela que integra el ciclo narrativo que Javier Cercas inició con "Terra alta" en 2019 y que prolongó con "Independencia" en 2021, el autor retoma la figura del ex policía Melchor Marín para abordar el tema de los abusos contra las mujeres, "un problemón terrorífico con el que la humanidad ha vivido desde siempre", sostiene el escritor, que reivindica la literatura porque muestra "la sombra, las ambigüedades, la infinita complejidad de la que estamos hechos los seres humanos", dice durante su visita a la Argentina, invitado por la Feria del Libro.

El protagonista de esta saga, que ha sido policía y vive en Tarragona como bibliotecario, deberá enfrentar un conflicto con su hija Cosette, una adolescente que descubre que su padre le ha ocultado durante 14 años las circunstancias reales en las que murió su madre y, herida por ese engaño, decide irse de vacaciones con una amiga a Mallorca para no regresar.

"La pregunta que formulan estas tres novelas tiene que ver con si es legítima la venganza cuando la justicia no nos hace justicia", dice Cercas en diálogo con Télam al referirse a las cuestiones morales reñidas con la venganza que enfrentará el protagonista en relación al destino de su hija, en esta novela de tinte policial como las otras dos obras del ciclo, editada por Tusquets.

Autor de "Soldados de Salamina", obra con la que se convirtió en un narrador mundialmente reconocido, y de otras como "La velocidad de la luz", Cercas no deja de mencionar los vicios y deformaciones del poder y reivindica la literatura como una forma de "rebelión contra el poder".

- Télam: El pasado parece tocar a la puerta del protagonista, que ha sido hijo de una prostituta asesinada, presidiario, pero también héroe de Cambrils tras los atentados de Barcelona. ¿Por qué le interesa indagar en esta cuestión?

- Javier Cercas: El pasado es una dimensión del presente sin el cual el presente está mutilado En el caso de mis novelas anteriores, ése era el pasado histórico o de la guerra, el pasado mas conflictivo, que valía para España pero vale para cualquier país: el pasado de la dictadura no ha pasado para Argentina. Todos los países y personas tenemos un pasado malo y un pasado bueno, una herencia mala y una buena y con la buena sabemos más o menos qué hace. Pero la pregunta siempre es qué hacemos con la mala: la ocultamos, la edulcoramos, nos inventamos una más bonita como hacía el protagonista de una de mis novelas, "El impostor", que se había inventado por completo su propia vida, se había creado una vida mejor como víctima del franquismo y de los nazis para ocultar una vida gris. Pienso que es indispensable hacerse cargo de la propia herencia, conocerla, y entenderla, de esa manera eres capaz de manejarla, sino es la herencia la que te maneja a ti y acabas cometiendo los mismos errores. Es un tema constante en los libros que he escrito, y en esta se plantea más desde un punto de vista moral que político o histórico. A Melchor y Cosette su herencia los persigue, por eso ella se rebela contra su padre y al final asume su propia herencia.

- T: La verdad y el ocultamiento forman parte de ese vínculo. ¿Hasta dónde es posible ocultar una verdad a un hijo para evitarle sufrimiento?.

- J.C: Soy novelista porque me dedico a formular preguntas, pero los novelistas no damos respuestas, o al menos no damos respuestas claras, unívocas, taxativas, sino ambiguas, poliédricas, tornasoladas. El libro es la búsqueda de una respuesta. La segunda mujer de Melchor, Rosa, define la relación entre padres e hijos como una tragedia, entendiendo por tragedia un conflicto o pelea en la que los dos tienen razón. Melchor tiene razón al querer ocultarle a Cosette que su madre murió en circunstancias terribles, porque entiende que no puede asimilar eso todavía y lo oculta, y ella tiene razón al enfadarse con su padre por haberle ocultado algo fundamental en su herencia. Hay que convivir con esas zonas oscuras, porque lo que hace la literatura es justamente contar la complejidad, contar esas zonas oscuras. Parece que nuestro mundo exige claridad: es el bien o es el mal, y lo que hace la literatura es dinamitar todo eso para mostrar las zonas de sombra, las ambigüedades, la infinita complejidad de la que estamos hechos los seres humanos.

La literatura siempre rompe con esas visiones monolíticas de la realidad y por eso el poder teme a la literatura; el poder cuánto más autoritario más le teme porque lo que quiere el poder es imponer su versión, y la literatura dice ¡no!

- T: Ese es el costado político que le asigna a la literatura...

- J.C: Por supuesto, la literatura siempre implica una rebelión contra el poder, siempre, la buena literatura. La literatura siempre está diciendo al poder ¡no! Hay un célebre aforismo filosófico de Antonio Machado en su obra "Juan de Meirena" que dice: "la verdad es la verdad, aunque la diga Agamenón o su porquero". Agamenón dice estar de acuerdo, porque impone su verdad, y Agamenón es la encarnación del poder, es el rey de Micenas; y el porquero dice habrá que discutirlo, y eso es lo que hace la literatura, y eso al poder no le gusta nada, que haya una verdad alternativa. Por eso los grandes lectores son grandes rebeldes: el Quijote, madame Bovary, que dicen voy a vivir como se me da la gana.

- T: En esta novela el poder está encarnado en Rafael Mattson, que recuerda a Jeffrey Epstein, personas con gran impunidad para someter a otras personas. ¿Por qué le interesó abordar este tema?

- J.C: Uno de los temas esenciales en estas novelas es el abuso de poder de los poderosos y la violencia contra las mujeres, que se da desde que el mundo es mundo, igual que la impunidad de los ricos y los poderosos, estas novelas se pueden leer como un alegato contra eso, contra el poder. Como dice un personaje que tiene gran integridad y paga un precio muy caro por eso, 'una democracia es mejor cuanto menos impunidad tolera', pero como no existen las democracias perfectas, la impunidad siempre va a existir. Epstein es un caso que se ha hecho muy notorio porque le pillaron, como a (Harvey) Weinstein, hombres que utilizaron su poder para abusar de mujeres débiles.

- T: Estos temas han salido a la luz en los últimos años con mayor fuerza.

- J.C: En el último tiempo nos hemos dado cuenta de que tenemos un problema, la mitad de la humanidad tiene un pie en el cuello de la otra mitad, que está sometida, sojuzgada, y siempre ha sido así, pero a los grandes problemas que tenemos no los vemos, no queremos verlos. En España no hace ni 20 años que se contabilizan las mujeres muertas por sus parejas, en México matan 10 mujeres por día; en España hay dos agresiones sexuales cada hora, eso ha existido siempre y ahora nos preguntamos cómo hemos vivido con esto. Qué estamos haciendo, lo hemos convertido en un problemón terrorífico con el que la humanidad ha vivido desde siempre. Por eso estos temas afloran en los libros, no los hemos ido a buscar, las novelas tienen que salir de lo irracional y ese problema me vino a buscar a mi porque no vivo en Marte, vivo en la Tierra. Un escritor es un termómetro hipersensible de lo que ocurre. Yo quería contar la historia de Melchor Marín que está lleno de furia y oscuridad y sobre todo porque su vida ha estado acechada por la violencia hacia su madre, su mujer y su hija y reacciona como reacciona.

- T: El protagonista decide hacer justicia por mano propia. ¿Esto responde a que la justicia llega en el momento adecuado o llega tarde?

- J.C: Es así, es el corazón del problema que plantean estas novelas. La novela consiste en formular un problema de la manera más compleja posible y la pregunta que formulan estas tres novelas tiene que ver con si es legítima la venganza cuando la justicia no nos hace justicia. La respuesta a eso en un lugar civilizado es no, porque eso sería la selva, la barbarie, pero la ficción funciona de otra manera. Por eso la literatura es un placer como el sexo, y una forma de conocimiento y por eso a la gente que no le gusta leer, le golpeo la espalda y doy el pésame.

Lo que hace la literatura es poner en cuestión nuestras creencias más arraigadas, sacarnos de nuestras casillas, provocarnos, obligarnos a empatizar con lo que no comulgamos, sacarnos de nosotros mismos, y así nos enriquece. La literatura busca meter en problemas al lector: qué harías tu si te ocurriera eso, hasta dónde serías capaz de llegar, qué serias capaz de hacer?.

- T: Con esta novela termina el ciclo "Terra alta"?

- J.C: El ciclo incluía cuatro novelas, hay partes escritas de una cuarta...ese es el problema cuando los personajes están vivos. Las novelas son como las guerras: se sabe como empiezan pero no como acaban, Cervantes no sabía que iba a escribir la segunda parte del Quijote.

- T: En una cuarta la centralidad la ocuparía una mujer...

- J.C: Eso podría ser, todo parece llevar hacia ahí, lo bueno de las novelas es que se impongan las cosas, que aparezcan como necesarias.

(Télam)